Carta al Director

Viña del Mar, 18 de septiembre de 2020.

Principio de subsidiariedad

Señor Director:

            El contenido del principio de subsidiariedad viene del latín subsidium que significa “ayuda, apoyo o alivio”; no quiere decir suplantación, pero tampoco absorción o, como muchas personas piensan, la abstención de la intervención del Estado, especialmente en materias económicas.

            Este principio significa la no absorción de las sociedades menores por parte de las mayores y es definido también como de autonomía de los cuerpos intermedios entre el hombre y el Estado, el que está contemplado en el artículo 1º de nuestra Constitución: “El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para cumplir sus propios fines específicos”.

            Nuestra Carta Fundamental considera que los seres humanos se agrupan, en virtud de la libertad de la que gozan plenamente, con la finalidad de alcanzar determinadas metas u objetivos. El Estado debe permitir a los privados asociarse, actuar y desarrollarse libremente y favorecer y auxiliar a la iniciativa privada. El Estado debe actuar en su ámbito propio, sin invadir el campo de los cuerpos intermedios. Sin embargo, cuando a éstos no les interesa, no quieren o no pueden —ya sea por carecer de recursos u otras razones— desarrollar ciertas actividades que son necesarias para la comunidad nacional y que tienden a promover el bien común, el Estado debe actuar en subsidio.

El principio de subsidiariedad debe operar con otro que le es complementario: el de solidaridad.

                     Atentamente le saluda.

Adolfo Paúl Latorre

Abogado

Viña del Mar, 19 de septiembre de 2020.

Tener la voluntad de usarlas

Señor Director:

Don Quijote le decía a Sancho: “Para gobernar tanto son menester las armas como las letras, y las letras como las armas” y los gobernantes deben tener la voluntad de usarlas, cabría agregar.

Atentamente le saluda.

Adolfo Paúl Latorre

Abogado

Viña del Mar, 20 de septiembre de 2020.

Misión del Ejército

Señor Director:

     Hay quienes dicen, con razón, que la misión del Ejército —así como la de las otras ramas de las FF.AA.— es preservar la paz, garantizar la soberanía nacional, mantener la integridad territorial y proteger a la población frente a cualquier amenaza externa; y que, en gran medida, tenemos paz exterior porque el Ejército existe y está preparado.

          Al respecto es preciso decir que la misión del Ejército no se limita a la defensa de Chile frente a amenazas externas; también debe hacerlo frente a amenazas o agresiones internas que atenten contra su estabilidad política o que pongan en peligro intereses vitales de la patria. El Ejército constituye la garantía última del orden institucional de la República, cuando han fallado todos los demás mecanismos constitucionales.

            Lo antedicho, en relación con la crisis política actual, nos hace recordar las siguientes palabras de Alone: “Llega un momento en la existencia de los pueblos, como en la de los individuos, en que surge la tentación de morir. Y se suicidan. ¿Está Chile en ese momento?”.

                Atentamente le saluda.

Adolfo Paúl Latorre

Abogado

Viña del Mar, 21 de septiembre de 2020.

Transformación económica

Señor Director: ¿Veremos próximamente en librerías un nuevo libro de la saga “La transformación económica de Chile”, de Hernán Büchi, titulado “De la libertad económica al estatismo”, prologado por Axel Kaiser? 

                          Atentamente le saluda.

Adolfo Paúl Latorre

 Abogado

Viña del Mar, 22 de septiembre de 2020.

Fuerza disuasiva 

Señor Director:

El presidente Piñera, en el discurso que pronunció durante la ceremonia realizada el día 19 en la Escuela Militar, dijo: “la labor primordial de nuestras Fuerzas Armadas es garantizar la paz. Para esto requieren tener una fuerza disuasiva”.

Al respecto cabría comentar que no existen “fuerzas disuasivas”. Lo que existe son fuerzas militares débiles, sin capacidad disuasiva; y fuerzas militares potentes, convenientemente equipadas materialmente, con una gran capacidad ofensiva, y con su personal bien entrenado y con una elevada moral. Estas últimas producen un efecto disuasivo en potenciales enemigos que pretenden consumar una agresión. 

La disuasión es un efecto psicológico que se logra mediante la amenaza de un daño que el eventual agresor no está dispuesto a aceptar y que los beneficios que espera lograr si actúa no compensarían los daños que podría sufrir. La disuasión consiste en hacer temer al enemigo, incluso, su propia victoria. Para que el efecto disuasivo se produzca es esencial que el disuasor cuente con la capacidad material para cumplir su amenaza y con la voluntad o capacidad moral para llevarla a cabo. 

Evidentemente estos conceptos no solo se aplican ante enemigos externos; también son aplicables frente a agresores internos que atenten contra la estabilidad política y el orden institucional de la República o que pongan en peligro intereses vitales de la patria.

                        Atentamente le saluda. 

Adolfo Paúl Latorre

Abogado

Viña del Mar, 23 de septiembre de 2020.

Negacionismo

Señor Director:

         Antes que, eventualmente, entre en vigor en nuestra República una “ley mordaza” que condene a penas de presidio a quienes justificaren o negaren las violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado “durante la dictadura cívico-militar”, me permito transcribir el siguiente pensamiento de Jaime Guzmán Errázuriz: “la responsabilidad principal del grueso de las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la etapa posterior al 11 de septiembre del 73 corresponde a quienes desataron la situación de guerra civil, más que a aquellos militares que cometieron esos actos como parte de la difícil tarea de conjurar la guerra civil. No estoy señalando que esos uniformados que hayan transgredido los derechos humanos no tengan responsabilidad en los hechos. Lo que quiero decir es que los máximos dirigentes de la Unidad Popular tienen una responsabilidad todavía mucho mayor en los dolores que sufrieron sus seguidores, como resultado del cuadro de guerra civil al cual los arrastraron” (El Mercurio, Santiago, 10 marzo 1991).

                          Atentamente le saluda.

Adolfo Paúl Latorre

Abogado

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