Perón y la legendaria cañonera paraguaya

Fue botada en Génova en 1930 y tuvo relevante participación en la guerra de Paraguay con Bolivia (1932-1935). Mitos y realidad de su rol en la Libertadora.

El 20 de septiembre de 1955 fue derrocado el presidente Juan Domingo Perón. Ese día, el líder justicialista solicitó asilo político a la embajada paraguaya. En un contexto complejo, las autoridades diplomáticas del país vecino lo trasladaron a a un sitio muy particular hasta concretar su asilo político en el país vecino.

El 20 de septiembre de 1955, el general Juan Domingo Perón se presentó en la embajada de Paraguay en Buenos Aires para solicitar asilo político. Tras permanecer unas horas en esa sede diplomática y en la residencia del embajador, aquel mismo día se alojó a Perón en un lugar especial, más seguro y menos expuesto a la violencia de aquellos inciertos momentos, en medio de las gestiones para cumplir con su pedido. Así entra en escena la legendaria y famosa “cañonera paraguaya”.

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Nos referimos a la cañonera “Paraguay” -que ese era su nombre más allá de su bandera-, uno de los principales buques de guerra de la Armada de ese país, que, desde ese día, se convirtió en inusual refugio para el presidente depuesto. Durante los enfrentamientos que provocaron su caída, esa cañonera se encontraba fondeada en Puerto Nuevo, en la ciudad de Buenos Aires. Pero, ¿por qué se hallaba allí?

La construcción de ese buque (y de su gemela, la “Humaitá”) fue autorizada por el gobierno paraguayo en 1927 para enfrentar un probable conflicto bélico con Bolivia por la disputa del Chaco Boreal. Construida en el astillero Odero-Terni-Orlando, de Génova, Italia, se botó al agua el 22 de junio de 1930. Tenía 70 metros de largo, 10,50 metros de eslora y un calado de 2,50 metros. Desplazaba mil toneladas, alcanzaba una velocidad máxima de 17 nudos y contaba con 150 tripulantes. Su armamento consistía en dos torres dobles con cañones de 120 mm.; tres montajes simples con cañones de 76 mm.; y cuatro ametralladoras antiaéreas (dos de 40 mm. y dos de 20 mm.). Zarpó de Génova el 14 de febrero de 1931 y llegó a Asunción el 5 de mayo de ese año, lo que fue todo un acontecimiento. Multitudes de distintos puntos del país recibieron a la flamante nave y su incorporación, efectivamente, se produjo durante la creciente tensión con Bolivia y significó un cambio de época para la Armada paraguaya.

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La cañonera tuvo una destacada actuación en la guerra del Chaco contra las fuerzas bolivianas (1932-1935). Dominó el río Paraguay, aseguró las comunicaciones navales, cumplió una intensa labor logística y apoyó las operaciones del Ejército guaraní. Realizó numerosos viajes entre Asunción, Concepción, Puerto Casado, Fuerte Olimpo y Bahía Negra para transportar tropas, armamentos, pertrechos, autoridades políticas y militares, prisioneros, etc. Fue condecorada con la “Cruz del Chaco” y la “Cruz del Defensor”.

 En 1942 se estableció en Asunción la misión naval argentina de Instrucción en Paraguay para apoyar y asesorar a su Armada. La cooperación con esa misión permitió que las cañoneras “Paraguay” y “Humaitá” bajaran cada dos años a la Capital argentina para reparaciones y mantenimiento en los talleres navales del Estado. El suboficial mayor de nuestra Armada José Bamio, quien trabajó con las cañoneras, recordó que al establecer comunicación telefónica con esos buques la respuesta clásica era: “¡Aquí, acorazado Paraguay!”

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Entre marzo y agosto de 1947 se produjo una tremenda guerra civil entre el gobierno paraguayo y una alianza de distintos partidos políticos. Cuando se inició el conflicto, la cañonera “Paraguay” y su gemela “Humaitá” se encontraban desarmadas y en reparación en el puerto de Buenos Aires, en cumplimiento de los acuerdos de cooperación señalados. Iniciada la guerra, ambas cañoneras se sublevaron en el puerto porteño para dirigirse al Paraguay e intervenir en la lucha con el objetivo de apoyar desde el Sur a los rebeldes, atacar la retaguardia de las fuerzas gubernamentales, dominar los ríos y colaborar en la toma de Asunción.

Los planes de los conductores de las cañoneras se complicaron por distintos motivos. En el viaje para su reparación y mantenimiento, desembarcaron en el Arsenal de Marina de Zárate sus depósitos de pólvora, por lo cual no contaban, al comenzar la lucha, con el necesario poder de combate (según un jefe militar rebelde, “el pronunciamiento efectuado sin tomar la precaución de cargar la santabárbara dejada en Zárate, tuvo funestas consecuencias para la revolución”); por otra parte, el presidente Perón, que apoyaba al gobierno paraguayo, ordenó que retuviera en Buenos Aires a las cañoneras sublevadas y demoró su partida.

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Cuando zarparon de nuestra Capital, cruzaron el Río de la Plata, fondearon frente a Carmelo (Uruguay) y luego navegaron por el Paraná hacia Paraguay. Finalmente, los rebeldes fueron derrotados y las dos cañoneras, sin chances de intervenir en la guerra, se entregaron en la localidad correntina de Ituzaingó.

La lucha que culminó con la deposición de Perón en septiembre de 1955, volvió a encontrar a la cañonera “Paraguay” en el ojo de la tormenta. En esas críticas jornadas estaba desmantelada, carecía de combustible, electricidad y suficiente poder de fuego, y le faltaban elementos de máquinas y calderas. Era su comandante el teniente de navío César Cortese, quien se había formado en la Escuela Naval Militar argentina.

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El 20 de septiembre de 1955 las autoridades de la embajada paraguaya, en función del pedido de asilo político, trasladaron a Perón al buque, donde permaneció alojado hasta el 2 de octubre del mismo año. Numerosas, dramáticas y pintorescas fueron las alternativas en torno a la cañonera mientras Perón se halló a bordo: amenazas de asalto y hundimiento; rumores de ataques aéreos y submarinos; nutrida vigilancia del Puerto Nuevo con fuerzas de Infantería de Marina, Policía y Prefectura; buques de la Armada Argentina controlando el Río de la Plata; y guitarreadas y romerías a bordo de la cañonera para entretener a Perón. Toda la atención de un país estaba concentrada sobre el barco que albergaba al veterano conductor del Justicialismo.

Para evitar ataques, el 25 de septiembre se remolcó a la cañonera a unos 10 kilómetros del puerto. Ese día llegó a la ciudad de Buenos Aires la cañonera “Humaitá” con el fin, eventualmente, de embarcar a Perón y a la vez apoyar a la “Paraguay”. Pero Perón no viajó a Asunción por vía fluvial en uno de esos buques, sino que recién el 2 de octubre desde la cañonera se lo trasladó a un avión militar anfibio paraguayo “Catalina”, que lo transportó para poder cumplir con el asilo político que le daba el gobierno de general Alfredo Stroessner, su amigo. Así concluyó la difícil misión que se le asignó a la cañonera.

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El buque se transformó en un sitio emblemático y digno de leyenda para la historia del peronismo. Durante décadas, constituyó uno de los puntales del poder naval de la República del Paraguay. Hoy, a sus 90 años, la histórica cañonera se mantiene en servicio activo y continúa contribuyendo con la defensa y la custodia de la soberanía del patrimonio fluvial de su país.

* Magíster en Defensa Nacional. licenciado y profesor en Historia. Docente de la Armada Argentina, de la Fuerza Aérea Argentina y de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).

Por Luis Fernando Furlan 

Fuente: La Gazeta

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