A 42 años del conflicto del Beagle

MANANTIALES, DICIEMBRE 1978

Gral (R) Hernán Núñez Manríquez

Mayor Alumno de 1er.Año Academia de Guerra y Chacabucano

En un gimnasio abandonado en Manantiales, Isla Grande de Tierra del Fuego, frente a 1ª Angostura, donde esperábamos una fuerte ofensiva argentina, asistíamos a una emocionante celebración de la Santa Misa, en la cual el capellán Felipe Gutiérrez (QEPD) nos imponía el Escapulario de la Santísima Virgen del Carmen, esa expresión abreviada de su hábito que colgaba en nuestros cuellos. La convocábamos a ese humilde escenario, pero importante de nuestra Historia.

Éramos el Batallón Chacabuco, sabíamos cuál sería nuestro destino y nos juramentamos todos, de Comandante al último Soldado a “Que siempre en la lucha seriamos los mismos como fueron los nuestros en La Concepción y que la Bandera no habría de arriarse mientras viviera el último hombre”. Así reza nuestro himno.

Se respiraba la adrenalina.

¿Sabía alguien lo que estábamos viviendo? ¿Algún político? ¿Algún empresario? ¿La gente en las calles? Triste respuesta. Nadie.

Tarde en la noche, me llama el Teniente Coronel Jaime García Zamorano, Comandante de la Unidad, y me muestra un mensaje que decía algo así como: “Ante inminente ataque argentino dé cumplimiento inmediato a los documentos ejecutivos”.

Dispuestos a todo. Con un increíble optimismo generalizado.

Oficiales, algunos de ellos, fueron o son integrantes del Alto Mando, codo a codo con suboficiales, clases y soldados, comenzaron a perfeccionar sus posiciones y trincheras. Comenzaron a preparar cargadores y cintas de munición, y afilar sus corvos, otrora resortes de vehículos. Con lo que hubiera.

Nuestra sección de “misiles”, hacía su estreno argucioso, tubos de gas licuado, con aletas de latón soldadas y un soporte de fierro.  Estábamos vestidos de combate de verdad y la cosa era en serio.

Me detengo.

El Comandante del Batallón “Chacabuco”, Brigadier Jaime García Zamorano, actualmente es prisionero militar en Punta Peuco. Los soldados se prueban en la guerra, y el    Brigadier García se levantó como un líder, inspirando confianza, amabilidad y con especial empatía. Un soldado tremendamente cercano a sus subalternos, valiente, transparente, integro y motivador. Ingenioso, estoico y abierto a proposiciones.

Mi amigo, mi superior y un combatiente.

El Papa al fin mediaba en el conflicto y volvía la paz a los espíritus.

Y celebramos y bebimos y brindamos por nuestro regimiento, nuestras familias y por lo que habíamos pasado.

En esta fecha, rindo un homenaje emocionado a los hombres del Regimiento “Chacabuco”, de todos los grados, mi Regimiento por 6 meses; soldados que estuvieron ahí cuando las cosas se pusieron dificiles, sabiendo que sus tumbas sería. absolutamente desconocidas, jamás su sacrificio en las trincheras sería reconocido por un país ingrato, pero que la hazaña en la Isla Grande Tierra del Fuego sería inmortal.

“…  Y siempre en la lucha seremos los mismos

que fueron los nuestros en la Concepción”

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YO ESTUVE AHÍ

Jaime Chaparro

Hoy hace cuarenta y dos años atrás, me encontraba en el Puente del Almirante en el crucero CL 03 “Capitán Prat” rumbo al encuentro de la Flomar. Recuerdo que el día estaba nublado, con el mar de Drake picado y fuertes vientos.

¿Cómo llegar ahí?

Entre a la Armada el año 1973, y con 16 años ingrese a la Armada, a la Esgrum. Tuvimos o más bien fuimos la promoción especial de la Escuela, ya que fuimos testigos de muchos hechos que marcaron y cambiaron a nuestro país.

No me referiré al 11 de septiembre de 1973, ya que mucho se ha hablado y la historia juzgará lo que fue para el país y a sus promotores.

Bueno volviendo año que me convoca, la casi guerra del Beagle, yo el año 1974 estudié Afecto a Radiotelegrafía en la extinta Escuela de Operaciones en Las Salinas, posteriormente me fui embarcado al AO 53 Araucano (CCAR).

El año 1977 fui seleccionado para estudiar electrónica en la Esoper. El año 1978 a mediados de año se nos informa que nuestro curso se debe terminar el 1 de septiembre y debemos embarcarnos después del 18 de septiembre de ese año en las unidades de la Escuadra. Mi destinación fue el Crucero Prat, en el cual me presenté tal como se nos había indicado.

Lleve a la División Tango, nuestro jefe era el Teniente García, conocido como el pantera, de ayudante estaba el subteniente González y el SO Arias nuestro jefe. Compartimos muy buenos momentos con nuestros camaradas ya sea, sargentos, cabos y marineros. Recuerdo al sargento Espina, el Jetty Morales, el hocicón Contreras, el huaso Quiñones, el cochino Rojas, el cacuca Machuca, el Bonifacio. González, Eulices Castillo, el chico Aravena, el cubanito Luis Cancino, el loco Ulloa.

Sí se me olvida alguno lo siento.

Zarpamos la primera semana de octubre con rumbo al sur, abastecernos con            armas de guerra. Posteriormente navegamos hacia el sur, pasando por muchas partes del sur de chile. Al mando de la escuadra estaba el Vicealmirante Raúl López Silva, Jefe de Estado Mayor el CN Hernán Rivera Calderón, Comandante del buque el CN Eri Solís Oyarzun y de Segundo Comandante el CF Sergio O’ryan. Estuvimos navegando por casi 60 días y llegamos a Valparaíso app 30 de noviembre. A la semana siguiente, día viernes a mediodía nos informan que debemos ir a buscar ropa, despedirnos de la familia porque zarpamos a las 23 horas hacia el sur, previa pasada por Talcahuano. El crucero iba con dotación de guerra (1200). El espíritu en el buque era de ansiedad por enfrentarnos con nuestro destino que era el enfrentamiento con el invasor. El tanto el Segundo Comandante fue desembarcado y en su reemplazo llegó el CF Jorge Martínez Buch.

Recuerdo que por el día 14 o 15 de diciembre, navegando por los canales del sur rumbo a las islas. Cómo a las 23 hrs. Suena el gong de combate. Al zarpar se nos informó que cualquier zafarrancho es real. En pocos minutos todos estábamos en nuestros puestos de combate. Después de un tiempo se informa que es una falsa alarma producto de un vuelo comercial que sobrevoló por el área donde navegábamos. Al otro día se efectuó un simulacro de zafarrancho. Yo cubría en la partida de reparaciones en la C.I.C. de la Insignia. Era el encargado del repetidor de radar Spa-25. En el simulacro se detectó que en el Puente del Almirante había un repetidor de radar, el cual no tenía operador. Por lo que se debía nombrar a alguien que lo operará. Uds recordarán, los que conocieron el crucero que el Puente del Almirante estaba ubicado delante de la C.I.C. de la Insignia en la segunda sobrecubierta, era de vidrio amplia y sin puertas. Había un repetidor de radar por babor, al centro el sillón del Almirante y atrás una pequeña oficina, habilitada como oficina para los elementos que necesitaba el Almirante y además de una despensa.

Bueno, en ese momento el Jefe de Operaciones, CF Swett me preguntó cuál era mi puesto y función, le dije mi función y en ese momento me mandó a cubrir el puesto del repetidor de radar del Puente del Almirante. Desde ese momento hasta que llegamos de vuelta a Valparaíso.

Ese fue mi puesto de combate

Así fue como llegue a estar ese 19 de diciembre del Año1978, el año que fuimos a la guerra que nosotros no queríamos, pero no eludiríamos. Los que vivimos todo este proceso, sabemos que desde el Almirante hasta el último Soldado Conscripto embarcado en las diferentes unidades de la Escuadra teníamos claro cuál era nuestro destino y que haríamos cumplir el juramento que hicimos a nuestro pabellón patrio. Todos y cada uno de nosotros tuvimos un alto espíritu de cuerpo y nuestra mentalidad siempre fue a la victoria y hasta rendir la vida si fuese necesario.

Ese día cuando se ordenó volver a nuestros fondeaderos de guerra, todos estábamos satisfechos y a la vez contentos por con nuestra actitud firme se estaba evitando una guerra que a ninguno de los dos países le haría bien.

He visto reportajes en varios canales de TV. Y he escuchado personas que dicen que los llevaron casi obligados a defender a su país, que fueron torturados y que piden reconocimiento monetario y no sé qué más. Cuando a una persona se le prepara para la guerra debe ser una preparación realista, pues no iban a un campamento de scout, iban a la guerra, a defender su país y su vida.

Da rabia del aprovechamiento político y monetario de algunos

Después de la intervención del Papa, nos desplazamos a Punta Arenas. El día 30 de diciembre zarpamos en la noche rumbo al norte. Pasamos el año nuevo a la altura de las Guaitecas, se lanzaron salvas de colores.

El Crucero se quedó el Thno por un problema que se nos presentó en una desalinizadora de agua.

Llegamos un día 3 de enero de 1979

A nosotros, los marinos que participamos de este episodio no se nos dio ni medalla, ni bono, ni se nos subió el sueldo. No se nos entregó un galvano, ni un gorro o polera. Hasta el día de mi retiro de la Armada a fines del 1993, jamás nadie me dijo nada y yo tampoco mencioné ni pedí nada, reconocimiento, algo económico, nada.

Porque el mejor regalo fue haber contribuido con nuestra presencia, con nuestro sacrificio impedir una guerra, fue demostrar que estábamos dispuesto a todo no por algo material sino por algo que ya no existe en nuestro país: por nuestro país, por nuestro honor y principios inculcado en nuestra institución. Cumplimos con nuestro deber, sin esperar nada a cambio, solo la satisfacción del deber cumplido.

Vivimos El 11, vivimos el conflicto que casi nadie supo con Perú el 1975, en 1978 con Argentina y muchos episodios durante los años 80 y al comienzo de los 90. Y siempre cumplimos con nuestro deber. Estoy con mi conciencia tranquila que cumplí con mi labor, con lo que el país me pidió en el momento en que me necesito. No espero que me de nada solo quiero que se respete a todos y cada uno de los que con nuestro esfuerzo y sacrificio contribuimos para que esté país sea siempre libre grande y dónde caigan todos los chilenos de corazón que amamos a nuestro país.

Gracias a todos por dejar algo para nuestros hijos, nietos y a todos los chilenos de corazón.

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