HISTORIA MARINERA

TIEMPOS DE CRISIS

Miguel Vásquez Muñoz

Capitán de Navío

Los marinos, siempre nos estamos preparando para la guerra, y a bordo de un petrolero, el peligro de estar en una, es por decir lo menos, … el doble, en relación a estar embarcado en un Crucero, Destructor o Fragata. Por lo menos así lo pensábamos los Oficiales embarcados en el AO Araucano, en diciembre del año 1978 durante la crisis con Argentina, cuando bajo el prisma de jóvenes tenientes, analizábamos nuestra situación en el contexto general. Al no contar con armamento significativo de ataque o defensa, sin duda seríamos los más buscados por la exploración aeromarítima, y constituiríamos el mejor blanco para un submarino o aviones de combate. No siempre íbamos a estar bajo la protección de los otros buques de la Escuadra, que seguramente tendrían tareas más importantes que desarrollar. Ello significó que la mayoría de nuestros desplazamientos, fueran independientes, sumamente alejados de costa y en esta oportunidad pintados de forma especial, que visto desde otras unidades, no era fácil reconocer al petrolero principal (y único) de nuestra flota. Además, si alguien nos interrogaba por canal de comunicaciones internacional, iba a recibir una respuesta en correcto idioma alemán, hablado perfectamente por nuestro “criollo” Oficial dentista.

Pero dentro de la situación general de crisis que se vivía, ocurrieron ciertos eventos menores o “pequeñas crisis” que matizaron nuestra forzada estadía en la zona sur. La primera ocurrió en uno de esos días que se nos ordenó entrar a canales para reabastecer a los buques. Temprano en la mañana, con un poco de bruma, en silencio de radar, nos acercábamos a la costa, situándonos en visual para entrar correctamente, pero debido a la baja visibilidad costera, el Oficial de Guardia, solicitó al Comandante autorización para encender el radar. En la pantalla, por babor, apareció aproximadamente a cuatro millas navegando hacia nosotros, un contacto grande que a simple vista no se podía distinguir, con ayuda de prismáticos se comenzó a buscar en la demarcación del contacto, que de pronto fue visible y pudo ser definitivamente identificado …¡Qué alegría!, … era el CL Latorre.

Este buque, que estaba en reparaciones en Talcahuano, no se había desplazado al sur junto con la Escuadra, seguramente ahora ya estaba listo e iba raudo a integrarse a las operaciones. Como iba a pasar por nuestra proa, nos preparamos en los alerones del puente para los honores y saludos correspondientes; en eso estábamos, cuando una señal de destello, emitida desde el crucero, nos pide “identificación” mediante bigrama del día. Debo hacer presente que el personal de operadores de señales y radio del petrolero, estaba muy bien entrenado en los procedimientos ,m de comunicaciones de la Escuadra, por lo que fue fácil y rápido

dar la respuesta. Grande fue la sorpresa, cuando en vez del acuse de recibo correspondiente, se nos solicita repetición del bigrama del día. Ahora ya no sólo fueron los operadores los que verificaron el bigrama,… el Oficial de telecomunicaciones, el Oficial de guardia, el Oficial navegante buscaban en el código,… estaba correcto, por lo que se repitió el que se había enviado anteriormente,… nada, el Crucero nuevamente pidió repetición. A todo esto, los nervios comenzaron a tensarse, sobre todo cuando se observó que toda la artillería

del crucero ronzaba hacia nosotros. Nuestro Comandante, con toda razón, no quiso exponer el buque a ningún riesgo, y tomando el micrófono del equipo VHF y en forma clara informó quienes éramos, no hubo respuesta, el Latorre siempre apuntándonos, se acercó, nos rodeó, seguramente nos reconoció y siguió su navegación al sur, siempre en total silencio. Tiempo después, conversando con un Oficial artillero del crucero, me manifestó que a bordo de éste la tensión era tal, que hubiese bastado un estornudo o que alguien hubiese pedido “fuego” para encender un cigarrillo, para que la artillería descargara sus andanadas sobre el petrolero. Nunca supimos que pasó realmente con los bigramas, de hecho fuimos interrogados otras veces por distintos buques navales y nunca tuvimos un problema. En todo caso, el incidente nos sirvió para comprobar que gracias al aspecto exterior que habíamos adoptado, no era fácil reconocer al noble AO Araucano,… y que en la confianza está el peligro.

Tuvimos otra pequeña crisis, pero esta vez la sufrimos sin ninguna compañía. Sucedió que estando fondeados, solos, en algún lugar de la zona austral, pasando los días y resistiendo fuertes vientos con rachas de hasta 100 nudos, preocupados principalmente que no garreara el ancla y de vigilar el cielo, cubriendo armamento antiaéreo, fui llamado a la sala de radio, pues se había recibido un mensaje secreto Prioridad. Los medios criptográficos de la época no eran tan eficientes como los de

ahora, había que confiar en la destreza del Oficial clave para hacer funcionar la máquina CX 52, la cual letra a letra, haciendo girar las ruedas del artefacto mediante una palanca, iba descifrando el contenido del mensaje, el que iba quedando impreso en una cinta de papel, que después se engomaba y pegaba sobre la hoja formulario de mensaje.

Extrañeza, sorpresa, fueron los sentimientos al leer el contenido total del mensaje, éste no estaba redactado en lenguaje y terminología naval,… decía en su comienzo algo así: “Esta noche, todos iremos al festival a ver a Florcita Motuda que está cantando mejor que nunca… etc., etc.”, todo el resto era texto legible pero incoherente en su totalidad. Intrigado, pensando que quizás venía en una clave especial, que sólo el mando conocía, llevé el mensaje al Comandante, quien pausadamente lo leyó, releyó, respiró profundo y con voz pausada dijo: – Dígame Ud. OFTEL

– ¿qué significa esto?, (con lo cual de inmediato se cayó la teoría de la clave especial), – No sé mi Comandante, pensé que Ud lo entendería -, fue la rápida respuesta, agregando,

– ¿No posee Ud. algún código secreto que le hayan entregado personalmente?

– la mirada del Comandante me dejó claro que ¡NO!. En resumen, se formó un comité de Oficiales para analizar el mensaje; se borró palabra por medio, se invirtió, se tomaron sólo las primeras letras, las últimas, etc, pero con nada se lograba un texto coherente, y no había en las cercanías ningún otro buque como para intercambiar opiniones. El problema era que el mensaje decía “Esta noche…”. Hubo intenciones de zarpar, el problema era ¿hacia donde? Y dado el estricto radio silencio, tampoco se podía preguntar, pero primó la cordura de quedarnos en el lugar en que estábamos, ya que si efectivamente había que reunirse en algún lugar y no llegábamos, seguramente recibiríamos un mensaje con alguna instrucción específica o,… llamada de atención. Nada sucedió, pasaron los días, siguió la monotonía, hasta que realmente nos llegó un mensaje, bien redactado, ordenándonos reunirnos con la Escuadra en otro fondeadero.

Una vez fondeados en el nuevo lugar asignado y esta vez acompañados por otros buques, se pudo dilucidar lo sucedido con el mensaje de “Florcita Motuda”. Se trataba de un mensaje de “decepción”, cuya falla radicó en que el que lo originó, no ocupó el trigrama (sistema que se ocupaba en esos años) indicativo de ese tipo de mensajes y que permitía desecharlo sin necesidad de seguir el procedimiento de descifrado. Los otros buques, que operaban en conjunto no tuvieron problemas para

aclarar la situación oportunamente, pero nosotros,… solos en el mundo, hasta casi zarpamos con destino desconocido producto del error de un ser humano y que nos hizo vivir nuestra propia crisis, pero que sirvió para apartarnos por un cierto tiempo de la monotonía. Errar es humano, perdonar… es divino.

Finalmente, otra crisis que recuerdo, fue una que lamentablemente trajo consecuencias en la persona del Segundo Comandante. Fue en una de nuestras navegaciones en mar abierto, con mar brava, en que algo se destrincó en la “manchuria” (lugar o bodega donde se guardan los elementos para las maniobras logos, entre otros), con cada bandazo, se escuchaba un ruido como de un tambor que rodaba por la cubierta del mencionado departamento, chocaba en los mamparos y seguía rodando con el otro bandazo. El Segundo, junto al Contramaestre y otros marinos, formó una partida de seguridad para verificar que estaba pasando y tratar de solucionar la trinca del elemento. El primero en entrar al lugar fue el Segundo, quién inmediatamente percibió que había peligro en el ambiente, impidiendo que otros ingresaran. En su cara y frente, después de sentir que algo le salpicó, sintió una irritación, igual que en sus pies, los que fueron mojados por un líquido que escurría en la cubierta. Ordenó cerrar el lugar, para volver una vez el buque tomara un rumbo más adecuado, que aminorara los fuertes movimientos.

Mientras tanto fue a su camarote, a lavarse la cara porque le ardía, observando que donde había sentido las salpicaduras tenía heridas, como rasguños. Lo peor, fue cuando se sacó los calcetines, los cuales salieron junto con la piel del empeine del pie, dejando profundas y graves heridas que a la postre obligaron a su evacuación para ser llevado a tierra y recibir atención sanitaria de superior nivel (debió recibir injertos en las partes afectadas), con lo cual debí asumir la Segunda Comandancia, en mi calidad de más antiguo de los Oficiales y Jefe del Departamento de Cubierta, en los días de incertidumbre que aún faltaban por transcurrir. La investigación posterior determinó que el líquido era un ácido para limpieza de calderas, almacenado en un tambor de 200 litros, que había estado por años en ese departamento, sin uso. Aquí, evidentemente falló la trinca para la mar, que es un aspecto que no se debe descuidar ni relajar, sus consecuencias pueden significar deterioro del material y en su peor caso al personal, como desgraciadamente ocurrió en esta oportunidad.

La Crisis vecinal aún no se solucionaba, todavía estábamos en alerta, preparados para la guerra,… ¡hasta rendir la vida si fuese necesario!, mientras en el resto del país, en ese mes de diciembre, ajeno a lo que sucedía en el sur, se escuchaba un jingle comercial en las radios, como también lo escuchábamos nosotros cuando conectábamos alguna radioemisora a los altoparlantes del buque: Jo, Jo, Jo, Jo ¡Pascua feliz para todos! ¡Pascua feliz para todos! en todas las tiendas de (casa comercial), ¡Pascua feliz para todos!.

Fuente: Revista de Marina Nº 6/2005. Publicado el 1 de diciembre de 2005.

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