HISTORIA MARINERA

Remoción del Casco del ex submarino «O’Brien» en Talcahuano

Christian de Bonnafos Gándara

Capitán de Navío

En el año 1959, la Armada dio de baja al submarino «O´Brien» construido en Inglaterra en 1929 y lo dejó en la dársena de la Base Naval de Talcahuano en espera de desguace. Sin embargo, a pocos días de estar sin personal a bordo, el submarino se hundió. Aparentemente porque alguien robó una de las válvulas de fondo de bronce, quedando solo la torrecilla aflorada en bajamar.

Se dejó pasar el tiempo y, cuando se decidió retirar el casco de ese lugar, porque impedía usar un sector importante del molo de la dársena, se descubrió que los estanques de lastre (los que al inundarse permiten al submarino sumergirse y al soplar con aire se expulsa el agua y el buque aflora) estaban destruidos y no era posible hacerlo flotar.

El año 1988, mientras quien suscribe, era Comandante del APD «Uribe», el Comandante en Jefe de la Segunda Zona Naval, Almirante, don Eduardo Alvayay me pidió que, como Buzo Táctico, aprovechara mis conocimientos y experiencias y le cooperara a retirar el submarino de ahí. Pedí que me diera la orden y el apoyo necesario y lo sacaríamos. Me respondió que me daba la orden y que me podía entregar solo los recursos que el tenía (entre otros, cadenas de fondeo dadas de baja y explosivos de bombas y conos de torpedos en desuso).

De esa reunión, volví a mi buque y con traje de buceo, acompañado por uno de los Buzos, bajamos a inspeccionar el casco del submarino de 81 metros de eslora. Faltaban 5 metros de la popa que se habían cortado con oxi-acetileno y quedaban en el fondo más de 1.000 toneladas del sumergible. Descubrí que la tarea no era nada de fácil porque estaba a 15 metros del molo (que se podía dañar si usaba explosivos) y enterrado en fango, estando la quilla a 10 metros de profundidad. El casco de acero remachado era de 7/8″ de espesor.

Comencé por leer los informes de intentos de remoción anteriores de distinguidos Ingenieros y con sesudos estudios con cálculos con integrales incluidas, en que se demostraba que era difícilmente factible su remoción y se requería adquirir equipos muy caros de corte de oxi-hidrógeno, por lo que era preferible construir un muelle encima. Los planos y manuales del submarino los conseguimos en el Museo de la Fuerza de Submarinos.

Llamé a mi amigo Fernando Landeta, Ingeniero Naval y Buzo de Salvataje, quien desde la Dirección de Ingeniería me contestó que a pesar de ser difícil el trabajo, era para él más un asunto de «cojones» (término usado por los futbolistas). Además, apreciando ambos que no habiendo buques o pontones de levante (para poner uno a cada lado y con cadenas bajo el casco y aprovechar una marea de sicígea para sacar el submarino flotando) la única forma era cortarlo con explosivos y levantar los trozos con la famosa grúa de 180 toneladas (que era de 1913, más antigua que el «O´Brien»). Me facilitó  textos de la Armada norteamericana sobre operaciones de limpieza de puertos, donde se indicaban experiencias con explosivos, aunque a 150 metros de construcciones portuarias y aquí estábamos a 15 metros.

Lo primero fue dragar alrededor del submarino para retirar todo el fango blando alrededor del casco, con la draga «Lira». El trabajo demoró un mes, porque este artefacto se movía con anclas y cables a bitas (como una verdadera araña) por lo que frecuentemente había que soltar los cables para dejar entrar o salir a un buque de la dársena. Se extrajeron 2.000 metros cúbicos de fango.

Con el Ingeniero del «Uribe» Teniente 1° Ing. Mauricio Vallejos, dirigimos el trabajo, junto a un equipo de doce Buzos Tácticos y de Salvataje que vivía a bordo del «Uribe» y trabajaba desde una lancha aguatera de 200 toneladas de capacidad, que tenía dos pequeños pañoles para guardar equipos, la que se amarró al submarino sumergido. La baja borda permitía entrar y salir del agua a los buzos con facilidad. El apoyo más importante lo daba el buque por medio de sus barcazas LCVP, enviando rancho más café y sandwiches muchas veces al día para los Buzos, a quienes comprendía por lo hambrientos.

Probamos una carga de 3 kilos de TNT en el casco para ver el efecto en el molo y todos los bloques de piedra se movieron como una ola, mostrando la necesidad de usar el sistema de la barrera de burbujas indicada por el manual norteamericano, pero probada a mucho mayor distancia de muelles o molos.

Instalamos un compresor de aire de 335 pies cúbicos por minuto y 120 libras de presión sobre la lancha aguatera, la que se alejaba para las explosiones. Con una larga manguera y el último trozo de 30 metros con agujeros, cerrado al final y lastrado en varias partes, se produjo una barrera de burbujas de aire entre el lugar de la explosión y el molo.

Así probamos una carga de 14 kilos de TNT, luego una de 50 kilos y nada pasó al molo, por lo que se decidió que usando 10 bombas antisubmarinas llamadas «Erizos», con 15 kilos de TNT cada una bajo el casco, se podía cortar éste de una vez. El agua es incompresible y la onda explosiva se transmite directamente, pero al pasar por una barrera de burbujas, éstas se comprimen y no dejan pasar la onda explosiva.

Para llegar a poner estos explosivos bajo la quilla había que, por medio de un Buzo con una manguera de incendio, lanzar el chorro de agua contra el fango y así ir cavando un túnel hasta llegar a la quilla. En la lancha aguatera teníamos una bomba de 100 galones por minuto y 150 libras por pulgada cuadrada de presión. La tarea era muy desagradable porque el Buzo no veía nada con el fango y se guiaba por el tacto; a veces se le volaba la máscara con un rebote del chorro de agua. Siempre llevando en un tobillo atado el extremo de un nivelay que sostenía desde la lancha aguatera otro Buzo equipado, listo a socorrerlo.

El problema que se presentó fue que el fango acumulado dentro de los estanques de lastre deteriorados (fango que exteriormente había sido removido por la draga) a veces caía bruscamente sobre el Buzo y lo dejaba sepultado dentro de este estrecho túnel. Tiraba de la cuerda atada a su tobillo y el Buzo en superficie daba la alarma, se lanzaba al agua y se sacaba tirando de los pies al Buzo atrapado, hasta volver con él a la superficie. Allí se le daba una taza de café, se le dejaba descansar un momento y ¡Abajo de nuevo! Ya que no quedaba fango que pudiera caerle encima.

Con la primera explosión de 150 kilos de TNT logramos cortar un trozo de la popa, la que fue levantada con dos vueltas de cadena de 1 3/8″ de destructor tipo Fletcher, después de previamente cortar un cable de 2″ de diámetro en el primer intento. Este primer trozo de submarino de 80 toneladas fue fácilmente levantado por la grúa movida por dos remolcadores y dejado sobre el molo, donde fue cortado con sopletes y vendido a la fundición de Huachipato.

El Almirante que no alcanzó a llegar a tiempo con su filmadora, pidió que le avisaran antes de depositar el siguiente trozo sobre el molo.

De acuerdo a Murphy, el segundo trozo nos salió bastante grande y calculamos que rondaba las 160 toneladas y usamos cuatro vueltas de cadena y lo llevamos colgando de la grúa de 180, movida por los dos remolcadores, sumergido para alivianar el peso, hasta llegar al molo. El Almirante nos esperaba con su cámara filmadora nueva (recién había sido Agregado Naval en Japón) y muchos periodistas también con cámaras, además de que los buques norteamericanos de Unitas estaban próximos, con expectación de sus tripulantes.

Al comenzar a levantar este gran trozo para dejarlo sobre el Molo 500, fue aumentando la inclinación de la grúa y al momento de llegar a 3 metros sobre el agua el trozo de submarino y mientras el Almirante filmaba y los periodistas tomaban fotos, se sintió un fuerte crujido y luego un ruido ensordecedor al romperse un eslabón y desenrollarse las 4 vueltas de cadena desde los 30 metros de altura del penol, cayendo eslabones, cadenas y todo tipo de cosas con gran estrépito, además del trozo de casco que al caer al agua levantó una inmensa ola. Hubo carreras de quienes estaban en la maniobra, incluido un Buzo que saltó de piquero al agua, mientras que la grúa se movía como un mono porfiado al quedar bruscamente sin este peso. Creo que fui el único que permaneció inmóvil en el centro de la maniobra y al mirar hacia tierra alcancé a ver al Almirante y periodistas que corrían a más no poder, alejándose después de ser empapados por la gran ola levantada por la brusca caída al agua del enorme trozo de submarino. Realmente se parecía al desastre de Zorba el Griego en una maniobra parecida, e igual que Zorba, con Mauricio Vallejos no pudimos contener la risa, agradeciendo que nadie saliera herido. Fue la última vez que tuvimos publicidad y decidimos que debíamos mejorar la maniobra, agradeciendo el buen sentido del humor del Almirante, que terminó riéndose con nosotros, después de cambiarse de ropa. Al día siguiente se destacó en  la prensa con grandes titulares “Intento fallido” y se veía una foto de la enorme ola producida al caer el trozo de submarino al agua.

Reemplazamos la cadena de Destructor Fletcher de 1 3/8” por otra más gruesa del ex Petrolero «Montt» de 2 1/2″. Así seguimos sacando trozos de este submarino hasta completar diez (todos vendidos a Huachipato).

Las señoras de la Base nos odiaban porque pese a que realizábamos las explosiones después de las 18 00 hrs. para que no estuviera la gente trabajando en las cercanías, cada explosión de 150 kilos de TNT remecía violentamente las casas.

El trabajo nos tomó 6 meses y 12 días, porque cada vez que el «Uribe» zarpaba se dejaba trabajos de preparación a los Buzos y el rendimiento disminuía notoriamente. Con Mauricio Vallejos pensamos que se debía a que en el Crucero «O´Higgins», que nos reemplazaba, no trataban con tanto cariño a los Buzos ni les tenían el flujo continuo de café y sándwiches durante sus actividades. Los trabajos de riesgo (demoliciones y levante de trozos de casco) siempre los hacíamos estando presentes el Teniente Vallejos y yo.

Se emplearon 1.522 horas/hombre de buceo, se realizaron 20 demoliciones submarinas con un total de 1.353 kilos de altos explosivos y se levantaron 1.027 toneladas del ex submarino «O´Brien», sin accidentes personales que lamentar y con muchas experiencias y anécdotas que contar.

Al término del trabajo pasamos con el «Uribe» sobre el lugar en que estuvo el Submarino y atracamos a ese sector del Molo, que ahora quedaba habilitado.

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