HISTORIA MARINERA

FALLA DE MATERIAL

Rolando Varas Rojas

Sargento 1° (Pl) en retiro

Después de muchos años, he decidido contar la real historia de lo acontecido a bordo de la barcaza LST 95 “Chacabuco”, no daré nombres, con el objeto de no herir susceptibilidades.

La verdad es que no recuerdo la fecha, pero sin duda era un hermoso día de verano, y después de la lista de vivieres en cubierta, toda la dotación pasó a sus puestos de aseo y posteriormente a trabajos por cargo, la mañana avanzaba sin contratiempos y disfrutábamos el estar amarrados a sitio FOXTROX, ya que era un verdadero lujo estar amarrados al inicio del molo.

Alrededor de las 10:30 de la mañana, comenzó a cambiar nuestra rutina, y sería en forma muy drástica. El teléfono de cubierta comenzó a sonar y fue atendido por nuestro Cabo de Guardia, al otro lado de la línea, una voz anónima nos anunciaba que en los próximo 10 minutos, seríamos visitados por el señor Comandante en Jefe de la Primera Zona Naval, y nos deseaba mucha suerte porque sin duda la necesitaríamos, ya que el distinguido Almirante se caracterizaba por ser muy muy muy estricto. Todos corrieron, algunos a ponerse una tenida más acorde para recibir a nuestro máximo jefe, otros a ordenar sus cargos y otros derechamente a fondearse.

En este ir y venir de gente que se movía con mucha rapidez, me tope con un joven Subteniente de Ingeniería, que traía una misión un tanto amarga, debía nombrar al operador de un equipo de extinción de incendios de la cubierta de vuelo. (PELUCA, PELUCA VEN, ¿Que pasa mi Teniente? PELUCA ¿TU SABES COMO SE OPERA EL EXTINTOR? ¿Cuál mi Teniente? EL QUE ESTA EN LA CUBIERTA DE VUELO PO WON, si mi Teniente respondí, QUE BUENO PELUCA POR QUE SI EL ALMIRANTE PREGUNTA POR EL OPERADOR TE LLAMAREMOS A TI, PERO NO CREO QUE PREGUNTE, EN TODO CASO QUEDATE ATENTO.

Yo seguí con los preparativos y era lo que hacía toda la dotación. El señor Almirante llegó antes de cumplirse los 10 minutos anunciados, se le rindieron los honores de ordenanza, se puso sus característicos guantes blancos, lo que nos indicaba que la revista sería al cayo, el Almirante subió las escalas que daban acceso a la cámara de oficiales, abrió la puerta y dos o tres pasos, se encontraba en el centro de nuestra cubierta de vuelo, y con voz fuerte y clara preguntó ¿QUIÉN ES EL ENCARGADO DEL EXTINTOR?, el Comandante miró al Segundo, el Segundo miró al Ingeniero, el Ingeniero miró al Subteniente, y este respondió !EL PELUCA MI ALMIRANTE!. QUE VENGA RESPONDIÓ, en forma casi inmediata en el circuito 1 MC se escuchó (CABO PELUQUERO V—S CUBIERTA DE VUELO SEÑOR ALMIRANTE), nunca había subido las escalas tan rápido y en menos de 10 segundos me encontraba en posición firme frente al señor Almirante, ¿ASÍ QUE USTED ES EL ENCARGADO DEL EXTINTOR?, SÍ MI ALMIRANTE RESPONDÍ EN FORMA MUY SEGURA. Mi Comandante, el Segundo, y todos los oficiales sacaban pecho, porque en los próximos minutos su peluca, daría una clase magistral del uso del extintor. El señor Almirante pregunta ¿CÓMO SE OPERA?. Yo respondí, SE DESENROLLA LA MANGUERA, SE ABRE LA VÁLVULA QUE PRESURIZA EL ESTANQUE, el señor Almirante pregunta ¿CÓMO LO CONTROLA? yo respondo con una seguridad y aplomo que hasta yo me sorprendía, CON LA PISTOLA QUE ESTÁ EN EL EXTREMO MI ALMIRANTE.

Sin mediar otro comentario me dijo !SE ESTÁ QUEMANDO EL HELICÓPTERO!, y ahí comenzó mi calvario, después de sacar el extintor del sector donde se encontraba trincado, lo llevé hasta un sector, donde podría extender la manguera que era bastante larga, acto seguido, me agarré de la válvula con la intención de girarla en contra del sentido de un reloj. Grande fue mi sorpresa, porque esta no se movía, y por más que lo intenté, no hubo caso. No me costó mucho entender que  esa no era la forma de abrirla y me jugué mi segunda carta, saque mi pañuelo blanco prístino que ocupaba solo para revistas y no dude en ocuparlo pensando que sería la solución de mi problema. Nada, la válvula no se movía, corrí escaleras abajo en busca de algo que me sirviera para solucionar mi problema, llegué hasta la sala de máquinas y me pasaron un W-40 y corrí escaleras arriba pensando que sería pan comido. Para que les cuento el griterío que había en la cubierta de vuelo, los picotazos volaban, pero mi subconsciente me decía que no eran para mi y yo continuaba echando W-40 por todos lados, ahora sí esta es la mía, volví a sacar mi pañuelo que ya no era tan blanco ni prístino e intenté nuevamente abrir esa maldita válvula, y nada, esta no se movía. Corrí escaleras abajo en busca de algo, no sabía que buscaba, pero hacerlo hacía sentirme más tranquilo. Llegué hasta la sala de máquinas y me pasaron un caimán, esta es la mía ahora sí, con esta la hago, Volví a cubierta y raudamente ajuste el caimán en la válvula y puse toda la fuerza para lograr mi objetivo, pero para mi decepción esta no se movía, más gritos, más picotazos corrían por doquier. Mi tercera carta jugada, tampoco había dado resultado, pero no me daría por vencido, a todo esto, el helicóptero ya llevaba más de 10 minutos quemándose, seguramente en ese tiempo ya sería chatarra pero no dejaría de cumplir mi misión y corrí nuevamente en dirección a la máquina, no sé qué cara llevaría. que cuando llegué a la máquina, el mecánico me paso una llave de grandes proporciones, yo creo de unos cinco kilos de puro fierro, que arrastre cuatro cubiertas hasta llegar al extinto.

Con las pocas fuerzas que me quedaban logre poner la boca de la llave en posición y me dispuse a girar, grande fue mi sorpresa cuando vi que esta giraba, y se podía sentir un suave ÑHIIIIIIIIIII que era un sonido que me indicaba que lo había logrado, por fin la válvula había cedido, por lo que corrí al extremo de la manguera para presionar la pistola y para sorpresa de todos los que participaban de mi clase magistral, pudieron comprobar que no salía ni polvo ni aire. Corrí nuevamente hasta la válvula y con la misma llave le di creo unas tres o cuatro vueltas completas a esa maldita. Corrí hasta la pistola para ver si pasaba algo, aprieto el gatillo y se sintió una fuerte explosión que me arrancó la pistola de las manos. Ustedes se imaginarán una manguera con mucha presión dando de chicotazos sobre la cubierta y saliendo cien kilos de polvo químico seco, que se multiplicaban millones de veces al contacto con el oxígeno. Algunos de los presentes habían logrado salir de la cubierta pero otros ya no sabían por donde, por que al buque lo cubrió una nube blanca por completo y no se veía mas allá de las manos.

Los que habían logrado llegar hasta el pasillo se dieron cuenta que faltaba alguien muy importante y no escatimaron esfuerzos por encontrarlo, !POR ACÁ MI ALMIRANTE, POR ACÁ, ALMIRANTE POR ACÁ!, todos buscaban al señor Almirante y después de un rato lograron sacarlo hasta llevarlo a un lugar seguro, que era su automóvil-

En cubierta la descarga continuaba sin control, sólo quedábamos el Comandante y yo, SALGA PELUCA SALGA, gritaba el Comandante, yo no lo haría hasta poder hacer algo, me arrastre por cubierta siguiendo la manguera hasta encontrar el extintor, pensando que esa era la solución, cerrar la válvula. Por fin lo encontré y la gire en el otro sentido, para sorpresa mía la válvula se había descogotado y caía de mis manos rodando por cubierta hasta perderla de vista. Como eso no funcionó, seguí la manguera hasta el chicote, y se me ocurrió una brillante idea, la enrolle como pude y la arroje por el costado de babor, con tan mala suerte, que el chicote cayó sobre el bote de goma, donde había un marinero pintando, que al ver el caos que generaba la manguera no halló mejor cosa que arrojarse al agua. Afortunadamente fue recogido por una de las embarcaciones que venían en nuestro auxilio.

En el Molo pasaba otro tanto, un gran número de personas se agolpaban tratando de ingresar a mi buque, con la intención de combatir la amenaza, los circuitos del 1-MC de los buques de guerra no dejaban de anunciar !EMERGENCIA, EMERGENCIA, EMERGENCIA, AUXILIO AL EXTERIOR INCENDIO,  EMERGENCIA. Al menos unas 10 partidas de auxilio, con trajes luminizados, equipos de respiración, mangueras, talegones, incluso algunos con aplicadores que no servirían de mucho, pero en fin todos con las ganas de poder ayudarnos en nuestra emergencia.

Por fin ese maldito extintor dejo de tirar polvo, y de vez en cuando tocía como si de mi se burlara. Una vez que todo se fue aclarando, alguien comenzó a despachar a las diferentes partidas a sus respectivos buques dando la emergencia por controlada y extinguida.

La ventanilla del auto del Prizona bajo lo justo y necesario para darnos su última orden COMANDANTE, USTED Y SU TRIPULACIÓN SE ENCUENTRAN ARRESTADOS HASTA NUEVA ORDEN, el Comandante acusó recibo, y el Almirante se retiró, seguramente a darse una buena ducha y un obligado cambio de ropa al igual que nosotros.

El resto del día pasó muy lento, y como a las 20:00 app, se me notifica presentarme en el camarote del señor Comandante. Me vestí con mi mejor tenida N°11 y subí las cubiertas, esta vez no necesitaba subirlas tan rápido. PERMISO MI COMANDANTE, Í!SI PASE PELUCA!, ¿CÓMO SE SIENTE?, que quiere que le diga mi Comandante, me siento muy preocupado y triste por lo que pasó. !NO SE PREOCUPE PELUCA¡, !YO ME REFIERO A SU ESTADO DE SALUD¡.

Mi respuesta fue: me cuesta respirar un poco, y me duele el pecho. POR LO MISMO LO HICE VENIR, YO ME SIENTO IGUAL QUE USTED Y ORDENÉ QUE VENGA UNA AMBULANCIA A BUSCARNOS. A las 20:30 app llegó la ambulancia por nosotros y nos fuimos al Hospital Naval de Playa Ancha, acompañados por una no muy agradable sirena, que anunciaba el traslado de estos dos pacientes para recibir atención de urgencia. Al llegar al Hospital, ya se había corrido la voz de lo acontecido a bordo y muchos se acercaban habidos de saber los pormenores de lo acontecido, Un grupo de médicos comenzó a llegar, seguramente alertados por el joven médico de turno, quien daba los detalles a cada médico que llegaba. Estos a su vez le preguntaban, ¿cuánto le pusiste?, se referían a un compuesto inyectable, 500 ml respondía el joven doctor!, ¡ponle 500 más¡ y así sucesivamente, cada cual consideraba poco y nos volvían a colocar esa maldita inyección que nunca supe lo que era, yo supongo que era un dilatador para las vías respiratorias. A esa altura ya no me interesaba que era, solo quería que no me siguieran poniendo inyecciones, Después de ser revisados por varios médicos, se decidió tomarnos radiografías y eso fue un alivio porque no quería ser inyectado otra vez y nos trasladamos en forma ambulatoria hasta el sector de radiología del hospital. Ustedes se imaginarán los pasillos obscuros y solitarios, sólo nos encontrábamos el Comandante y yo a la espera de quien nos tomaría las radiografías. Después de largos cinco minutos, se sintieron unos pasos, y una voz de ultratumba que decía: PELUUUUUUUCAAAAAA WON MATERIALLLLLLL, ¿ANDABAS COMIENDO POLVO?, yo hacía como que no escuchaba. Al no escuchar respuesta la voz insistía con lo mismo, PELUUUUUUUCAAAAAA WON MATERIALLLLLLL, ¿ANDABAS COMIENDO POLVO?. El Comandante ya un poco molesto pregunta ¿quién anda ahí?, después de preguntar varias veces, se asomó una cabeza, que poco se distinguía en los lúgubres pasillos del viejo hospital y respondió: SOY YO MI COMANDATE, EL CABO GONZÁLEZ, ENCARGADO DE RAYOS. El Comandante, que hasta ese momento se comportaba muy sereno, lo dio vueltas a lumazos, y le dijo: !MUY MALO QUE USTED HAGA RISAS DE UNA SITUACIÓN TAN SERIA¡, !PUDIMOS MORIR DURANTE LA EMERGENCIA, ASÍ QUE ESTO NO ES PARA LA RISA¡. El Cabo hizo pasar al Comandante para tomar las placas radiológicas y acto seguido entre yo, González cerró la puerta y la primero que dijo fue : !P… WON PENSÉ QUE ESTABAS SOLO, NUNCA IMAGINE QUE ESTABAS CON EL COMANDANTE¡. Yo reía muy bajito, de modo que no se escuchara y de alguna manera, era una situación tragicómica, que me servía de terapia, después de tener un día que cualquiera deseaba olvidar. Las dos primeras radiografías salieron malas, seguramente debido a los lumazos y la tercera fue la vencida. Con estos resultados el grupo de médicos tenía una imagen de cuan afectados se encontraban nuestros sistemas respiratorios y se determinó que debíamos quedar en categoría cinco, lo que obligaba a irnos a casa a cumplir dicha categoría. El comandante le dice al doctor ¡ES IMPOSIBLE QUE PUEDA CUMPLIR ESA CATEGORÍA, YA QUE MI BUQUE SE ENCUENTRA ARRESTADO Y ES MI DEBER ENCONTRARME ABORDO!, PERO USTED PELUCA PUEDE CUMPLIR ESA CATEGORÍA, ASÍ QUE SERÁ TRASLADADO A SU CASA PARA QUE LE DE ESTRICTO CUMPLIMENTO.

Para que les cuento como pasé esos días, pensando en mi futura carrera naval y después de cortos cinco días en casa, me aprestaba para regresar a mi unidad. Una vez que entre por el Molo, me sentía observado por todo aquel que pasaba, preguntándome si me identificarían como el Won del Extintor. Apenas subí a mi buque, mi carreta el Jaime, el escribiente del buque, me pasó una copia de un documento que estaba fresquito, y que era un informe detallado de la DIRECING, en relación a los acontecimientos ocurridos con el extintor en la cubierta de vuelo. Después de un largo análisis, esta comisión, había determinado que el incidente se había producido, debido a FALLA DEL MATERIAL.

Después de ser visto por el Comandante y notificado de la resolución, me volvió el alma al cuerpo. No faltaron algunas bromas, todas sin malas intenciones por supuesto, pero la mejor fue de mi carreta Jaime el escribiente, quien, coludido de su vieja máquina de escribir, puso en el tablero una copia de la resolución de la Direcing, con algunas alteraciones, donde se destacaba con mayúscula y negrilla: FALLA DEL MATERIAL QUE OPERÓ EL EXTINTOR.

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