HISTORIA MARINERA

EL LEGADO DEL SEÑOR COMANDANTE, DON JORGE ARANCIBIA CLAVEL

Gastón LILLO Núñez

Capitán de Navío

2° Comandante B.E.E. año 1992

247. Concreta. —Que no sean tus propósitos luces

de bengala que brillan un instante para dejar como

realidad amarga un palitroque negro e inútil que se

tira con desprecio (Camino, san José María Escrivá

de Balaguer).

.

Quien escribe, fue el Segundo Comandante del Buque Escuela “Esmeralda” – La Dama Blanca – el año 1992, al mando del entonces Capitán de Navío, don Jorge ARANCIBIA Clavel. Ese año, el “pedazo de Chile”, como reza su himno, cumplió el XXXVII Crucero de Instrucción, marcado por la “Regata Colón 1992”.

Hay tratados respecto de lo que es el Mando; por lo que mi intención no es dar cátedra al respecto, si no que tan sólo hacer partícipe de quienes lean este escrito, de la experiencia vivida por la dotación de nuestro buque escuela, bajo el Mando del Vicealmirante don Jorge ARANCIBIA Clavel.

La primera señal que sería una experiencia distinta a lo vivido hasta ese momento en la Institución por el suscrito, fue la recepción a bordo que hizo al curso de Grumetes. Al cruzar el portalón, lo primero que recibió cada uno de esos jóvenes marinos, llenos de ilusiones y nerviosismo, fue su saludo personal, con un apretón de manos y un “Bienvenido a bordo”. Posteriormente, cuando se embarcó el curso de los Sres. Guardiamarinas – como él les decía – hizo lo mismo. Luego de esta segunda bienvenida, me llamó a su camarote y, con esas palabras llenas de sabiduría, me recordó que la mejor manera de mandar, es con el ejemplo; razón por la que me orientó para que los Gamas aprendieran lo que era la subida por alto, viendo a los oficiales hacerlo primero; razón por la que, posteriormente hice reunión en nuestra cámara y nos preparamos para aquello. Fue así como, a la cabeza de este Segundo Comandante, todos los oficiales que cubrían maniobra velera, más otros voluntarios, hicimos gala de nuestra pericia en esta actividad, tan propia de nuestro buque escuela, mientras el curso de Guardiamarinas, observaba cómo sus oficiales se perdían en la tabla de jarcia del Trinquete. Creo que esa actividad marcó nuestro crucero de instrucción, mandar con el ejemplo.

El trabajo a bordo, con toda la dotación ya embarcada durante reparaciones, también fue un arduo trabajo en equipo y colaborativo con el personal de la planta. Recuerdo que el último trabajo, que finalizó durante las pruebas en la mar y justo antes de zarpar a puerto base, fue el cambio de los Laureles que talló e instaló don Filemón González, artesano de Loncoche, quien había confeccionado el Cristo de la Iglesia Naval de Talcahuano. Dado que era un artesano, con poca práctica en la puntualidad, el comandante me recordaba, diariamente: “Segundo, a usted se le ocurrió esta magna obra y … ocúpese para que zarpemos desde Talcahuano con los laureles nuevos instalados”, imaginarán mi preocupación y de qué manera “los maniobras” y el soldador apoyaron esta tarea …

Ya en Valparaíso, los preparativos finales, fueron intensos, como suelen ser. La acostumbrada despedida protocolar, familiar y compañía de naves menores en las primeras millas de navegación quedaron en la blanca estela y comenzó nuestra aventura que estuvo acompañada, a la hora de las últimas luces, por un zafarrancho de hombre al agua, para de esta manera, conectarse con la vida de a bordo. En esa oportunidad, el ingeniero fue guardado en la cámara del comandante, para que nadie lo encontrara al pasar lista. De ahí en más, experiencia tras experiencia, acompañados incluso por un Loro al que bautizamos “Matías”, quien cayó al agua mientras navegábamos “en compañía” los grandes veleros, entre Lisboa y Cádiz; hubo que hacer “maniobra de loro al agua” y, gracias a que la fuerza del viento apenas nos desplazaba, el bote de rescate pudo regresar a bordo con este plumífero que salió a volar y cuya autonomía no le permitió regresar con sus propios medios.

Indudablemente que cada crucero es único, con experiencias particulares y que sus dotaciones atesoran en sus mentes y corazones, particularmente quienes se inician en la vida naval, Guardiamarinas y Grumetes, al ser su primera experiencia en la mar. Estas experiencias pasan a ser las líneas que marcan el rumbo en la carta de navegación de la vida.

Innumerables actividades realizamos con el fin que, cumpliendo los objetivos transversales de la educación naval, esta generación de nóveles marinos se empapara de la vida de a bordo, además de las propias actividades; tales como, maniobras generales, clases, cálculos astronómicos, prácticas de boga, visita del Rey Neptuno con su corte para cumplir con el bautizo de los neófitos, régimen de agua para templar el espíritu, que todos hemos vivido en carne propia; pero hubo otras también: Torta de cumpleaños a cada integrante para celebrarse; Misas diarias para alimentar el espíritu; trotes en cubierta para los que gustan de esa actividad; Operación de Apendicitis, para recuperar la salud a un integrante de la dotación; Rancho a cargo de los distintos departamentos, para dar descanso a los cocineros; Festivales de la canción para descubrir nuevos talentos artísticos; Instructores de Guardiamarinas IM, LT y AB, cubriendo como oficiales de guardia en el puente, para dar el ejemplo; Guardiamarinas virando por redondo, oficiales de dotación y el contramaestre, haciéndolo por avante; Rescate de una yatista que había sufrido quemaduras en su embarcación, para recordarnos la función ineludible y permanente de Salvaguarda de la Vida Humana en el Mar; Veladas por Departamento, para mantener vivo el espíritu de camaradería; Cartilla para los Guardiamarinas con varios “Tips” para su buen desempeño como oficial de guardia de puente, recepción a bordo para despedir el crucero de instrucción, en Valparaíso; y tantas otras; entre ellas, dos salidas a jugar golf. Recuerdo también el regalo de cumpleaños que recibió, ya que coincidió con nuestra estadía en Puerto Rico. Muchos de quienes lean estas letras, recordarán que, en las recaladas de buques de nuestra institución a esa Isla, parte de las actividades era reunión con la cantante Nidia Caro; pues bien, esta oportunidad no fue distinto y estuvo invitada a la recepción; como estaba de cumpleaños el comandante, ella le cantó el cumpleaños feliz. Finalmente, un recuerdo escrito del Comandante a cada integrante de la dotación con un trozo del Gallardete de Mando, para reconocer que lo realizado había sido obra de todos, como lo es cuando se trabaja en equipo. Dicho escrito en sus últimas letras dice “y mi gran satisfacción ha sido verlo desembarcar por el portalón, sano y salvo, a abrazar a sus amores. Felicitaciones y gracias. Si, muchas gracias por haber aprendido a querer a este viejo buque con sus manos, su mente y su corazón. Hasta Siempre”.

En las numerosas oportunidades de diálogo, era común escuchar sus dichos, tales como los siguientes: se planteaba un problema y posibles soluciones; luego, para incentivar la imaginación e iniciativas, escuchábamos “Que alguien haga algo”; si acaso en una conversación no había acuerdos de base, nos decía “Como decía Sócrates, definid y no discutiréis”; cuando preguntaba algo y no había respuesta, simplemente señalaba “Si no lo sabe, estúdielo, verifique e informe”; si acaso uno, dentro de su ámbito de acción, se encontraba con algo que no funcionaba, entregaba esta motivación “Un problema hay que tomarlo, morderlo como un bulldog y no soltarlo hasta solucionarlo”. Hasta el día de hoy, muchos de los integrantes de esa dotación reactiva estos dichos.

¿Por qué estoy escribiendo esto? Porque el día viernes 22 de enero de 2021, a las 14: 18 horas recibí una video llamada por WhatsApp de él y me dice: “Segundo, siéntese, voy a contarle lo que me pasa, quiero que lo sepa directamente de mi”, se encontraba hospitalizado en el Hospital Naval de Viña del Mar. Debo confesar que me puse helado y muy expectante de lo que me contaría. Su relato me llegó a lo más profundo del corazón, mi Comandante “Esmeralda” 1992, del cual fui su A-3 en la Tercera Zona Naval el año 1998, estaba enfrentando el mayor temporal que se vive cuando la salud se ve afectada. Fue una conversación profunda y llena de recuerdos de nuestra vida en común en la Marina. Al término me dice “Segundo le entrego el Mando del Buque, su Comandante está con licencia médica, reúna a la dotación”, nos despedimos ese día como siempre, con la convicción que entre ambos existe una lealtad y amistad recíproca, cimentada en largas conversaciones en alta mar, lejos del hogar; y desde allí, en diversas oportunidades que la institución nos reunió. Debo decirlo, desde ese día, han sido diarios nuestros encuentros vía WhatsApp, escritos o por voz.

De ahí en más, a cumplir la orden del Comandante. Empleando la tecnología telefónica, creé el grupo “BEE’92”. Tenía sólo algunos números de ex integrantes de la dotación’92 y, hoy por hoy, cuando termino estas líneas (27 de febrero 2021), somos 119 embarcados nuevamente en la “Dama Blanca”, incluido el Gama CAOR Yates Sr. Carlos OYARZÚN Hanke, quien fue un puente entre los de su grado y la edad de los más adultos del crucero y que hasta el día de hoy mantiene contacto con nosotros; en este WhatsApp hay órdenes diarias, se recuerdan diversos pasajes del crucero y fotografías; como también, historias personales y de la vida profesional (los Gamas ya son Capitanes de Navío y tenemos Grumetes’92 que son Suboficiales Mayores). Es impactante escuchar o leer las diversas experiencias de vida y palpar con la profundidad que caló su Comandante de ese viaje a quienes se han reembarcado. Quien fuera su mayordomo a bordo, con quien posteriormente cultivó una férrea amistad, diariamente nos mantiene al día de su condición de salud, ya que lo acompaña todos los días en sus visitas al hospital, demostrando esa lealtad tan deseable entre hombres de armas. Profundo impacto causó el audio que envió a la dotación, a través mío, agradeciendo las muestras de afecto y lealtad de cada uno de su tripulación.

Fueron 21.600 millas navegadas, donde minuto a minuto, las lecciones de vida personal y profesional, por parte del Sr. Comandante, se hicieron presentes y que, hasta el día de hoy, la dotación de la Dama Blanca 1992, mantiene en lo más profundo de su corazón.

El verano de 1992, bajo el liderazgo de su Comandante, la dotación del Buque Escuela “Esmeralda” preparaba el zarpe para cumplir el XXXVII Crucero de Instrucción. Este verano de 2021, la dotación nuevamente se reencuentra gracias a la tecnología y, junto con recordar las vivencias marineras, las experiencias de vida personal y profesional, tras 29 años, acompañamos al señor Almirante, dándole fuerzas y orando por su salud. Ese es el Legado de nuestro Comandante, el Señor del Mar, don Jorge ARANCIBIA Clavel.

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