COLUMNA DE OPINIÓN

El Líbero

Patricio Navia: Gobierno agonizante

Publicado el 9 de abril de 2021

Como un paciente desahuciado que sabe que ya no se volverá a levantar de la cama, pero que también anticipa que le quedan varios meses de vida, el gobierno del Presidente Piñera ha entrado en una triste irrelevancia.

Si bien la Presidenta Bachelet ya nos enseñó que cada día se puede estar peor, el gobierno del Presidente Sebastián Piñera atraviesa por el que probablemente sea el peor momento desde que asumió en marzo de 2018. A diferencia de octubre de 2019, cuando tenía tiempo y espacio para reaccionar al estallido social, ahora cuenta con poco tiempo y menos margen para mejorar lo que parece ser una posición agónica. Sin capacidad de controlar la agenda, habiendo perdido la confianza de la gente y de los votantes de su propio sector, La Moneda aparece derrotada y rendida. Aunque todavía se aferra a que la exitosa campaña de vacunación logre controlar el avance de la pandemia, el Presidente Piñera sabe que los chilenos ya tienen sus sueños y esperanzas depositados en lo que hará la convención constitucional y el próximo gobierno. Como un paciente desahuciado que sabe que ya no se volverá a levantar de la cama, pero que también anticipa que le quedan varios meses de vida, el gobierno ha entrado en una triste irrelevancia.

El cambio de gabinete del miércoles será solo una nota al pie de página cuando se escriba la historia de este gobierno. Pero la salida de la Ministra del Trabajo María José Zaldívar y la llegada de Patricio Melero, un diputado que ha estado en el Congreso desde 1990 y que ya no podía buscar la reelección en noviembre de este año, subraya la triste y larga ceremonia del adiós que está protagonizando el Mandatario. A estas alturas de la crisis, ya no importa que haya una mujer menos en el gabinete. Tampoco importa que Melero tenga relaciones tan malas con la oposición en el Congreso que le haga imposible siquiera intentar avanzar con la reforma a las pensiones. Lo único que ahora parece importar es evitar que la situación siga empeorando. Melero, al menos, parece tener suficiente experiencia y trayectoria como para evitar sumarle más dolores de cabeza a un gobierno que ha sido derrotado por el peso de los hechos.

Es verdad que al gobierno le tocó un desafío particularmente difícil con la pandemia. Es más, la mayoría de los gobiernos de América Latina —la región con la que las comparaciones parecen más adecuadas dada nuestra realidad— lo están pasando mal. Da la impresión de que, independientemente de lo que hayan hecho —cuarentenas estrictas, cuarentenas menos estrictas o ninguna cuarentena—, todos los gobiernos han sido humillados por la fuerza del virus. Pero el gobierno del presidente Piñera ya estaba contra las cuerdas antes de que llegara el Covid-19. El estallido social de octubre de 2019 doblegó su voluntad e hizo que la coalición oficialista perdiera el norte. Al abandonar su plan inicial, el gobierno de Piñera se convirtió en el administrador de una hoja de ruta en la que no creía y que no sintoniza con los sueños y aspiraciones de la derecha. Aunque quiso convertir la derrota del 19 de octubre en una oportunidad, Piñera terminó por desdibujar de tal forma el norte de su gobierno que perdió el apoyo de la derecha y nunca logró satisfacer las siempre crecientes demandas de la izquierda.

Aunque quedan 7 meses para la elección presidencial y 11 meses para que Piñera entregue el poder —y comience su difícil vida como impopular expresidente—, su gobierno ya se acabó. Es cierto que el retraso de la elección para los miembros de la convención constituyente hasta mediados de mayo —si es que la pandemia da tregua— alarga la agonía de este gobierno. Pero es inevitable que, una vez que comience a deliberar la convención constitucional, el gobierno se convertirá en un mejor guardián del palacio cuya principal tarea será distribuir recursos para que la gente pueda enfrentar mejor la pandemia y avanzar con la campaña de vacunación. Si bien el gobierno ha anunciado su intención de ir al Tribunal Constitucional para evitar que se apruebe un tercer retiro de los fondos de pensiones, incluso una cada vez más improbable victoria en el tribunal constitucional será una victoria pírrica para el gobierno. Mientras más se esmere el gobierno en defender el modelo de las AFP, más ganas tendrá la convención constitucional de convertir el fin de las AFP en su primera medida de la que será una populista existencia.

Chile pasa por un complejo momento producto de la fuerza con que nos golpea la pandemia. Aunque nunca es bueno tener un gobierno débil e incapaz de liderar, este es probablemente uno de los peores momentos para tener un gobierno agonizante. Por eso, aunque el Presidente y su cada vez más agotado y diezmado equipo de gobierno se esmeren por demostrar que están en control, la percepción dominante en el ambiente es la misma que reina en esas salas de hospital donde yacen enfermos terminales. Aunque nadie lo diga abiertamente, todos quieren que el sufrimiento se termine pronto y podamos dar vuelta la página y cerrar el doloroso capítulo.

Fuente: Página web medio digital El Líbero

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