RELATO HISTÓRICO

Combate Naval de Punta Gruesa – 21 de mayo de 1879

La “Independencia” acertó sobre la “Covadonga” una serie de tiros que dañaron los palos, jarcias, botes y carboneras. Habiendo tomado la nave peruana la estela de la goleta, las únicas piezas de artillería realmente peligrosas de los peruanos eran el cañón de proa y las ametralladoras instaladas en la cofa del palo trinquete.

El 21 de mayo de 1879 se produjo el Combate Naval de Iquique en la rada de ese puerto, donde inicialmente combatieron los buques peruanos blindado «Huáscar» y fragata blindada «Independencia», contra los buques chilenos corbeta «Esmeralda» y goleta cañonera “Covadonga», que se encontraban manteniendo el bloqueo de ese puerto. Transcurrida una hora de combate, el «Huáscar» se dedicó a combatir con la «Esmeralda» y la «Independencia» se dirigió sobre la “Covadonga”.

En ese momento, aprovechando el cambio de posición de las naves peruanas, el Comandante de la “Covadonga”, Carlos Condell, decidió salir de la bahía, bordeando los arrecifes de la costa, con rumbo al sur. Cuando pasaba a la altura de la isla de Iquique, posteriormente llamada isla Serrano y hoy unida a tierra, al doblar la punta norte de ésta recibió un proyectil del “Huáscar” que la atravesó de banda a banda, ocasionando la muerte del Cirujano Pedro Segundo Regalado Videla y matando instantáneamente al Grumete Blas Segundo Tellez y al Mozo Felipe Ojeda. A partir de ese momento el Combate Naval de Iquique se dividía en dos.

Continuando con su marcha al sur, a la altura de la playa de Cavancha, la “Covadonga” fue atacada por una gran cantidad de botes armados, con la intención de abordarla. Rechazado este intento por los fusileros de la goleta que hicieron gran cantidad de disparos sobre los botes, continuó su travesía, sorteando la costa, en fondo muy bajo para evitar de esta manera el espolón de la “Independencia”, la que gracias a su mayor velocidad la perseguía a su gusto, adelantándose y atrasándose, pero sin dejar de mantenerla bajo los fuegos de su artillería.

La situación del Comandante Condell en estas circunstancias era difícil, ya que para usar su artillería debía detenerse para presentar su costado y disparar, para luego continuar con su recorrido, con lo cual la distancia entre ambas naves se acortaba, lo que aprovechaba la «Independencia» para dispararle con el cañón de proa de 150 libras.

Frente a la caleta Molle, la “Covadonga” que marchaba muy apegada a la costa, recibió los fuegos de tierra y además, la primera carga al espolón de la fragata peruana, a las 10:00 horas. Al sur de Chucumata, el Comandante Moore, intenta por segunda vez espolonear a la goleta chilena, siendo nuevamente evitado por ésta al esquivarlo cayendo hacia la costa.

En esta marcha paralela entre Molle y Punta Gruesa, la “Independencia” acertó sobre la “Covadonga” una serie de tiros que dañaron los palos, jarcias, botes y carboneras. Habiendo tomado la nave peruana la estela de la goleta, las únicas piezas de artillería realmente peligrosas de los peruanos eran el cañón de proa y las ametralladoras instaladas en la cofa del palo trinquete.

Dándose cuenta de la situación, el Segundo Comandante de la “Covadonga”, Teniente 1° Manuel Orella, dispuso que el Jefe de la Guarnición de la Artillería de Marina, Sargento Ramón Olave, se encargara de impedir que estas piezas fueran utilizadas, ubicándose con cuatro rifleros seleccionados en el castillo de popa de la goleta, disparando desde una distancia de 200 a 300 metros, principalmente sobre los sirvientes del cañón de proa de la nave peruana, que era de avancarga, es decir, se tenía que cargar por adelante, por lo que cada vez que se cargaba, sus sirvientes quedaban expuestos a los tiros de los fusileros chilenos. La puntería de éstos fue tan buena que al poco tiempo el cañón dejó de disparar. En esta acción, además del Teniente Orella y el Sargento Olave, destacó el grumete de ascendencia mapuche Juan Villacura, que había cambiado su nombre por el de Juan Bravo al enrolarse en la Armada, quienes con una extraordinaria puntería causaron la baja a numerosos artilleros peruanos.

El no poder utilizar su cañón de proa, exasperó al Comandante Moore, por lo que decidió atacar por tercera vez al espolón, a las 11:45 horas, en los arrecifes ubicados un poco al norte de Punta Gruesa, donde la “Independencia” a una distancia de 250 metros forzó la maquina y se lanzó sobre la “Covadonga”.

Ante esta situación, el Comandante Condell decidió pasar sobre los bajos, tocando ligeramente con la quilla de su nave, rechinando el casco y estremeciéndose, a pesar de su poco calado. Inmediatamente el comandante chileno comprendió que su enemigo, de mucho mayor calado, no pasaría por las rocas y que indefectiblemente se vararía, exclamando festivamente “¡Aquí se fregaron!”, ordenando instantáneamente caer a estribor y virar hacia atrás.

La «Independencia», sin comprender ese movimiento que la acercaba más al enemigo, siguió exactamente el peligroso derrotero que la “Covadonga” acababa de salvar, y al hacerlo, chocó con gran violencia en las rocas sumergidas, montándose sobre éstas, quedando tendida de costado con su quilla destrozada, con grandes vías de agua en el casco que la inundaron rápidamente.

Al sentir el violento impacto, la tripulación de la fragata peruana que iba tendida sobre el estómago, en espera de acertar el espolonazo sobre la goleta chilena, se puso rápidamente de pie y gritó “¡Viva el Perú!”, creyendo que era la “Covadonga” la que había sufrido el golpe del ariete.

Sucedido esto, la “Covadonga” inmediatamente giro en 180° y pasando por la banda de su rival, tomó posición a popa de ella iniciando un intenso fuego, donde no podía recibir los disparos de los peruanos, acertándole seis cañonazos que destrozaron la cubierta y el casco de la varada fragata, además de un incendio y numerosos heridos.

La marinería peruana gritaba que estaba rendida. Al poco rato arrió la bandera y la cambió por la de parlamento. Al momento el Comandante Condell ordenó cesar el fuego y a viva voz conversó con el Comandante Moore, el cual le ratificó su rendición y a la vez le pidió un bote. El combate terminó a las 12:35 horas.

En un primer momento, Condell había decidido enviar el bote y auxiliar a los náufragos, pero posteriormente cambió de parecer y prefirió poner proa al norte para acudir en ayuda de la “Esmeralda”, de la cual no sabía nada. Esto sucedió casi a las 14:00 horas.

Cuando la “Covadonga” había navegado apenas una milla al norte, divisó al “Huáscar”, ante lo cual viró rápidamente y puso rumbo al sur.

El Comandante del “Huáscar”, Miguel Grau podría haber alcanzado rápidamente a la “Covadonga”, pero impresionado por la magnitud del desastre para la Armada del Perú ocurrido en Punta Gruesa, optó por socorrer a los náufragos de la «Independencia» y no continuar con su persecución.

Por tratarse de una fuente histórica de primer orden, a continuación se citará el Parte Oficial del Combate Naval de Punta Gruesa, presentado por el Comandante de la goleta cañonera “Covadonga”, Capitán de Fragata Carlos Condell de la Haza, al Comandante en Jefe de la Escuadra.

“Comandancia de la cañonera “Covadonga»

Antofagasta, junio 6 de 1879

Tengo el honor de dar cuenta a U.S. del combate ocurrido el día 21 próximo pasado en las aguas de Iquique, entre el buque de mi mando i la «Esmeralda», contra los blindados peruanos «Huáscar» e «Independencia».

Cumpliendo las órdenes de U.S. nuestros dos buques continuaban desde el 17 sosteniendo el bloqueo del puerto de Iquique. Al amanecer del citado día 21, nos encontrábamos haciendo la guardia a la entrada del puerto, mientras la «Esmeralda» vigilaba el interior. A las 6 hs. 30 ms. se avistaron dos humos a 6 millas al N., pudiendo reconocer al blindado «Huáscar» i momentos después al «Independencia». Para mayor seguridad, avancé dos millas en su dirección i reconocidos los buques enemigos, volví al puerto poniendo señales a la «Esmeralda» de dos vapores a la vista disparando un cañonazo de aviso. Comprendida la señal por la «Esmeralda», preguntó: ¿almorzó la gente? i contestado afirmativamente, puso nuevas señales ordenándonos reforzar las cargas i en seguida de seguir sus aguas. Nuestros buques avanzaron tres millas al N. en dirección al enemigo, enfrentando a la quebrada de Iquique i en disposición de batirnos. En este lugar i estando al habla nuestros dos buques a distancia de 100 metros, el comandante Prat nos dijo al habla: Cada uno cumplir con su deber.

A distancia de 100 metros cayó el primer disparo del «Huáscar» en el claro que nos separaba. Ambas tripulaciones saludaron esta primera demostración del enemigo con un ¡Viva Chile! i ordenándonos la «Esmeralda» abrigarnos con la población, volvimos al puerto, tomando aquel buque su primera posición, colocándome con el mío en los bajos de la isla. Colocados así, rompimos nuestros fuegos sobre el «Huáscar», que nos atacaba rudamente.

La «Esmeralda» dirigía también sus proyectiles al mismo buque, haciendo por nuestra parte abstracción de la «Independencia», que nos hacía fuego por batería, pero cuyas punterías eran poco certeras. Una hora había pasado en este desigual combate, cuando observé que el «Huáscar» gobernaba sobre la «Esmeralda», dejando pasar por su proa a la «Independencia», que se dirigió resueltamente a atacarnos. En ese momento estábamos a cincuenta metros de las rompientes de los bajos, corriendo el peligro de ser arrastrados a la playa; de tierra se nos hacía fuego de fusilería i la «Independencia» se acercaba para atacarnos con su espolón. Comprendí entonces que mi posición no era conveniente; desde ese punto no podíamos favorecer a la «Esmeralda» que se batía desesperadamente. Una bala de a 300 del «Huáscar» había atravesado mi buque de parte a parte, destrozando en su base al palo trinquete. Goberné para salir del puerto, dirigiendo todos mis fuegos sobre la «Independencia», que a distancia de 200 metros enviaba sus proyectiles.

Al salir de los bajos de la isla, fui sorprendido por una cantidad de botes que intentaron abordarnos; rechazado este ataque con metralla de a 6 i fusilería, continué rumbo al S. seguido por la «Independencia», que intentó tres veces alcanzarnos con su espolón. Nuestra marcha en retirada era difícil; para utilizar nuestros tiros teníamos que desviarnos de la línea de la costa, aprovechándose la «Independencia», para acercarse i hacernos algunos certeros tiros por baterías, i con su colisa de proa i las ametralladoras de sus cofas. El tercer ataque parecía ser decisivo; nos hallábamos a doscientos cincuenta metros del enemigo que, sin disminuir sus fuegos, se lanzó a toda fuerza de máquina sobre nuestro buque. En ese instante teníamos por la proa el bajo de Punta Gruesa.

No trepidé en aventurarme pasando sobre ella rozando las rocas; el buque enemigo no tuvo la misma suerte: al llegar al bajo se varó, dejando su popa levantada. Inmediatamente viré i colocándome en posición de no ser ofendido por sus cañones, que seguían haciéndonos fuego, le dirigí dos balas de a 70 que perforaron su blindaje. Fue en este instante cuando el enemigo arrió su bandera junto con el estandarte que izaba al palo mayor, reemplazando estas dos insignias con la señal de parlamento. Ordené la suspensión del fuego y púseme al habla con el comandante rendido, quien de viva voz me repitió lo que ya me había indicado al arriar su bandera, pidiéndome al mismo tiempo enviase un bote a su bordo. Esto no fue posible verificar, no obstante mis deseos, porque en ese momento el «Huáscar» se aproximaba. Además nuestra máquina solo podía trabajar con cinco libras de presión i el buque hacía mucha agua a causa de los balazos recibidos; por todo esto creía aventurado pasar a bordo del buque rendido. Intertanto, la tripulación de la «Independencia» se refugiaba en tierra, parte en botes y parte a nado abandonando el buque, que quedaba completamente perdido.

El desigual combate anterior había durado hasta las 12 hs. 35 ms., es decir, cuatro horas. Durante él se dispararon.

38 balas sólidas de a 70

27 granadas de a 70

30 id. comunes de a 9

4 id. de segmento de a 9

17 tarros de metralla i 34 balas de a 9

3.400 tiros a bala i 500 de revólver

Las pérdidas de vidas son las siguientes.

Muertos

Cirujano 1º don Pedro R. 2º Videla, que una bala le destrozó los pies i murió a las 7 de la noche.

Grumete Blas 2º Tellez

Mozo, Felipe Ojeda

Heridos

Don M. Enrique Reynolds Ids, en un brazo, en circunstancia de hallarse en el puente, de ayudante del que suscribe.

Contramaestre 2º, Serapio Vargas

Guardian 2º, Federico Osorio

Fogonero 2º, Ramón Orellana

Marinero 2º, José Salazar

Soldado, Domingo Salazar

Los daños causados por las balas enemigas son:

Una bala de cañón de a 300 que atravesó el buque de babor a estribor, rompiendo el palo de trinquete en el entrepuente, i salió a flor de agua.

El 2º bote destrozado i la chalupa perdida totalmente con uno de sus pescantes.

La jarcia del palo mayor i trinquetes cortados de banda a banda, i la del segundo a estribor.

A popa en la bovedilla una bala dejó su forma sin penetrar, e innumerables tiros de rifle como de ametralladora, en todo el buque.

Según he expuesto, al dejar el costado de la «Independencia», avistamos el «Huáscar» que se nos acercaba a toda fuerza de máquina. La presencia de este buque nos hizo temer la pérdida de la «Esmeralda», incapaz de resistir por mucho tiempo los ataques de tan poderoso enemigo.

Sin embargo de lo desventajoso de nuestra situación, pues estábamos casi destrozados, las municiones agotadas, sobre todo las balas sólidas, i la tripulación rendida con cinco horas de trabajo constante, tomé todas las precauciones para emprender un segundo combate.

Poco después i cuando el enemigo estaba a cinco millas de nuestra popa, i por la cuadra del vencido, vi dirigir su proa en su auxilio. Este retraso nos permitió avanzar, distinguiéndolos nuevamente a diez millas i siempre en nuestra persecución.

En la oscuridad de la noche perdimos de vista al enemigo, i aprovechando la brisa que soplaba, hice rumbo al 0. Proseguí en esa dirección hasta las 12 M. hora en que, creyendo que el ‘Huáscar» hubiese cesado su propósito, me dirigí hacia tierra.

Antes de terminar la narración de los sucesos de este día, me permitiré manifestar a U.S. que los oficiales tanto de guerra como mayores se condujeron, valientemente, cada uno a la altura de las circunstancias, cumpliendo como oficiales i como chilenos.

La tripulación toda sin excepción, ha hecho cuanto podía exigirse, estando en el ánimo de todos la resolución de morir sin arriar nuestra bandera.

Hago una recomendación especial del teniente 1º don Manuel J. Orella, cuyo valor, resolución i serenidad en su puesto, son dignos de elogio. A la vez hago mención especial del buen desempeño del ingeniero 2º don Emilio Cuevas, bajo cuya dirección está la máquina.

Al amanecer el día siguiente 22, recalamos al río Loa, fondeando en Tocopilla a las 8.30 P.M. En este punto fuimos auxiliados por gente de tierra que ayudó a achicar el buque, i por carpinteros que hicieron las reparaciones más urgentes i necesarias para continuar el viaje.

Antes de salir, cumplimos con el penoso deber de enviar a tierra i depositar solemnemente en la iglesia del pueblo, los cadáveres de las tres personas fallecidas en el combate, acompañando a este acto una comisión compuesta del teniente Lynch í del contador señor Reynolds i parte de la tripulación.

En la tarde del día 23 salimos de Tocopilla con rumbo al sur hasta las 11 de la noche en que, a causa del fuerte viento i no avanzando sino una milla por hora, resolví volver al puerto indicado i esperar mejor circunstancia. A las 5 A.M. del 24 zarpé nuevamente al sur, aprovechando la calma de la mañana.

Una floja brisa del norte me permitió largar velas, fondeando en Cobija a las 12 P.M. En este puerto nos pusimos al habla con el vapor «Santa Rosa», que venía del norte, embarcando en él con destino a Antofagasta a los heridos i al contador que debía solicitar del general en jefe el envío de algún vapor que nos diera remolque.

Salí de Cobija a las 3 P.M. i navegando muy cerca de la costa, pasamos mui a la vista de Mejillones, i aprovechando la brisa terral seguimos rumbo a Antofagasta hasta la mañana del día siguiente, día en que a 20 millas de este puerto recibimos remolque del vapor «Rimac» que nos condujo al fondeadero, largando el ancla a las 3 P.M. del 25. A las 6 A.M. un fuerte temporal del Este rompió el ancla i tres espías que amarraban el buque, i a pesar de fondear la segunda ancla con 90 brazas de cadena fuimos arrastrados cinco millas a fuera. A las 8 A.M. fuimos tomados a remolque por dos vaporcitos del puerto i conducidos a la dársena, donde fuimos amarrados convenientemente con un ancla i varias espías.

A la una de este mismo día, cuando creíamos estar en seguridad, nuestro vigía anuncia la aparición del “Huáscar» por el S.O. i a poca distancia del puerto. Tomé inmediatamente una posición que me permitiera defenderme; i percibiendo al buque enemigo que se dirijía a apresar el transporte «Rimac» que huía al N., le dirijí dos tiros con el fin de distraerlo i dar tiempo para la salvación del transporte. Esto se consiguió, porque el «Huáscar» paralizó un momento su marcha, siguiendo momentos después su propósito, pero inútilmente. A las 4 P.M. el «Huáscar» volvió al puerto i después de un prolijo estudio de la costa, lanzó su primer tiro a nuestro buque. Inmediatamente fue contestado por nuestros cañones i los fuertes o baterías de tierra, siguiéndose un tiroteo de dos horas sin resultado notable, habiéndose consumido por nuestra parte 35 tiros de bala sólida.

La tripulación de la «Covadonga», a pesar de solo haber recibido tres o cuatro instrucciones sobre el manejo de la artillería, estaba ya en aptitud de desempeñar su puesto de combate. No obstante, los oficiales que comandaron las colisas de a 70 solicitaron de mí como un honor el ocupar los puestos de cabos de cañón.

Así, el teniente Orella en la colisa de proa y el teniente Lynch en el de popa, apuntaron i dieron fuego durante todo el tiempo, obteniendo el manejo mejor que pudiera desearse.

Al presente me hallo con el buque de mi mando fondeado en la dársena del puerto, que solamente tiene 2 o 3 brazas de agua, i por consiguiente, al descomponerse la barra con la marejada, la quilla toca el fondo i hace sufrir al buque, circunstancia que le hago notar para que U.S. se sirva tomar a la mayor brevedad la resolución más conveniente.

El departamento de la máquina que, como ya he dicho a U.S., ha sido atendida por el ingeniero Cuevas i sus subordinados, se halla a la fecha listo con un solo caldero (pues el otro está inutilizado) i después de haber cambiado un émbolo que oportunamente recibimos de Valparaíso.

No omitiré la circunstancia de hacer presente a U.S., que el mayor andar conseguido durante el combate del 21, nunca fue más de cuatro millas.

Es cuanto tengo el honor de dar cuenta a U.S.

Dios guarde a U.S.

CARLOS A. CONDELL

Al Señor Almirante i Comandante en Jefe de la Escuadra”

El brillante triunfo obtenido por la vieja y débil goleta cañonera “Covadonga”, fue un golpe que la Marina del Perú no pudo superar jamás en el transcurso de la Guerra del Pacífico.

La poderosa fragata blindada “Independencia” era la mejor y más moderna nave de la Escuadra peruana, superior en todo aspecto al blindado “Huáscar”, tanto así que por sí sola representaba la tercera parte del poder naval peruano.

A partir del 21 de mayo de 1879 la Escuadra peruana tuvo que depender solo del “Huáscar”, el que debió realizar una guerra de corso, ya que no estaba en condiciones de enfrentar de igual a igual a los blindados chilenos “Almirante Cochrane” y “Almirante Blanco Encalada”, quedando la Escuadra chilena con la superioridad en el Pacifico, lo que le abrió las puertas a la invasión del territorio peruano una vez capturado el “Huáscar” en la Batalla Naval de Angamos el 08 de octubre de 1879.

En el corto plazo, tanto la resistencia de la “Esmeralda”, como la pérdida de la “Independencia”, significó para el Perú, el no poder ejecutar su plan de capturar el convoy con tropas, destruir las máquinas resacadoras de agua de Antofagasta, de importancia fundamental para suministrar el vital elemento a las tropas que se estaban concentrando en ese puerto y por último atacar a los puertos del litoral norte de Chile.

Los Combates Navales de Iquique y Punta Gruesa crearon una mística que acompañó a las fuerzas chilenas durante toda la guerra, que permitió lograr la victoria final a pesar de los inmensos sacrificios y penurias soportadas por nuestro Ejército y Armada. Lo más importante de este combate, es que inflamó el espíritu patriota de los chilenos y reforzó la tradición iniciada por el Almirante Lord Thomas Alexander Cochrane, durante la Guerra de la Independencia, y cumplida hasta la fecha, que es luchar contra el enemigo para «Vencer o Morir», lema grabado en bronce en todas las unidades de la Escuadra Nacional, la que al igual que en el pasado es la garante de la soberanía nacional.

Fuente:     Página web Armada de Chile

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