HISTORIA MARINERA

HONORES A LA «ESMERALDA»

Extracto del artículo «Reminiscencia patriótica», publicado en el diario La Unión del domingo 1 de abril de 1928.

Su autor, don J. Arturo Olid Araya estuvo, como Aprendiz de Mecánico, en las acciones del 21 de mayo. Su participación en el Combate de Punta Gruesa fue publicado en Revista de Marina 2/1990.

Hace más o menos tres años el autor desempeñaba el cargo de Capitán de Puerto de Caleta Buena, cuando un buen día arribó a él el crucero Chacabuco, que al mando del Capitán de Navío don Olegario Reyes del Río llevaba a su bordo, en viaje de instrucción, un Curso de jóvenes Guardiamarinas.

Después de permanecer tres días en el puerto nombrado, que fueron empleados en hacer una gira de estudios y conocimiento objetivo de varias importantes oficinas salitreras de esa industriosa zona, el Chacabuco zarpó para Iquique, viaje de sólo dos horas, que el autor aprovechó para trasladarse a ese puerto por asuntos particulares.

La exquisita amabilidad del comandante y oficiales me aconsejaron aceptar el ofrecimiento de tan corto pasaje.

A las 9:30 de la mañana se avistó Iquique y momentos después un toque de corneta llamaba a «repetido».

Simple pasajero de ocasión, extraño al servicio militar y a las maniobras de fondeo, permanecí en la cámara de oficiales esperando que la nave echara anclas, para dirigirme a tierra, cuando un teniente ayudante del comandante me indicó que tuviera a bien subir al puente para presenciar un acto que seguramente sería de mi agrado.

Fui conducido a dicho lugar, pudiendo ver entonces un espectáculo que no podré olvidar mientras viva.

La nave, con su pabellón izado, sus cañones para hacer salvas en batería, la tripulación formada a proa con la oficialidad en sus puestos respectivos y los jóvenes Guardiamarinas en colocación visible y conveniente ; el jefe de ella, severo y grave en su puesto de mando, con sus respectivos ayudantes.

La población de Iquique al frente y el histórico y legendario cerro del Colorado por la proa; el azul purísimo del cielo y el tranquilo y diáfano mar sobre el cual se balanceaba airosamente tan gentil como hermoso y fuerte barco de guerra; todo ese conjunto, guardando un perfecto y religioso silencio, hizo que mi mente y mis recuerdos retrocedieran 46 años y me pareciera ver reflejadas sobre las mansas aguas de tan apacible mar la sublime e inmortal escena que en época ya tan lejana me tocara en suerte presenciar, siendo aún niño, cuando Prat, el héroe mártir, paseándose, modesto y sin alardes ni bravatas, preguntaba a Condell, de la Covadonga, desde el puente de mando de la vieja y carcomida corbeta : ¿Almorzó la gente?.

Y me pareció ver como a través de una cortina transparente que se elevaba desde el sitio en que la boya que marca el lugar donde se hundió la nave gloriosa con su pabellón al tope, a cuyo costado se encontraba sobre sus máquinas el Chacabuco, surgían del seno de las aguas las sombras de los héroes y mártires que prefirieron hundirse y sacrificar sus vidas antes que arriar la santa enseña de la querida patria.

En esos momentos, en que del fondo del corazón de todos los jefes, oficiales y tripulantes del crucero se elevaba indudablemente una oración patriótica y muda en homenaje a la memoria de aquellos héroes, la grave y austera voz del jefe de la nave se hizo oír en la siguiente forma:

«Señores jefes, oficiales, cadetes y tripulantes del crucero Chacabuco: Antes de tomar fondeadero he creído mi deber detener la marcha de nuestro buque frente a la boya que marca el lugar en que la vieja corbeta Esmeralda se hundió con su tricolor al tope y en que el Capitán Prat con sus demás compañeros de sacrifico encontraron la más gloriosa de las muertes abordando la cubierta del buque enemigo, para rendir a su memoria el merecido homenaje de nuestra admiración y respeto.

Ha tocado, por rara y casual coincidencia, que se encuentra a bordo en estos momentos el Capitán de Puerto de Caleta Buena, don Arturo Olid, que, muy niño aún, tuvo la suerte de encontrarse como Aprendiz Mecánico de la Covadonga en tan memorable acción. Hagamos extensivo nuestro homenaje a los héroes de la Esmeralda al señor O lid, que tiene la felicidad de saludar 46 años después la memoria de sus compañeros sobre este mismo y memorable sitio, y sirva esto al mismo tiempo de ejemplo y enseñanza a los jóvenes cadetes y Guardiamarinas, a quienes toca presenciar este solemne acto.»

Terminada la patriótica alocución del comandante señor Reyes del Río, los cañones del Chacabuco dispararon una salva de 21 cañonazos, dirigiéndose enseguida a tomar su fondeadero.

Fuente: Revista de Marina N° 3/1990. Publicado el 1 de junio de 1990.

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