HISTORIA MARINERA

PERUANOS VISITAN EL HUÁSCAR

Roberto Benavente Mercado

Contraalmirante

Aquel radiante domingo de septiembre de 1976 el Comandante del Crucero Prat y Comodoro chileno de la Operación UNITAS amaneció pleno de vigor y optimismo. Su buque -Insignia de la Escuadra- se encontraba en Talcahuano en espera de la iniciación de los ejercicios combinados programados.

Llamó al Jefe de Servicios del crucero ordenándole: -Disponga alistar la lancha insignia para las 09.30 horas. Iré a visitar el HUÁSCAR. Informe al Jefe de Servicios de la Segunda Zona Naval.

Vestido informalmente se embarcó a la hora prevista, ordenando al patrón que se dirigiera al histórico monitor.

El personal de guardia del Huáscar lo esperaba en el portalón. Después de saludarlos, el Comandante les indicó su intención: -He recorrido el Huáscar muchas veces, así que no es necesario que alguien me acompañe. Sigan amantillando el buque, de modo que esté en las mejores condiciones para recibir al numeroso público que lo visitará esta tarde …

Fue estimulante recorrer una vez más las antiguas dependencias, la cámara y los camarotes de Oficiales, el entrepuente de tripulación, el departamento de máquinas -recientemente reacondicionado con piezas y partes de madera que parecían ser las metálicas originales-sin omitir una silenciosa plegaria frente a los lugares donde cayeron inmolados Prat, Grau y Thomson.

Pese a que el buque había cumplido más de 100 años, todo aparecía reluciente. Las barniza-das, maderas y los bronces brillaban y las pinturas originales habían sido retocadas para las Fiestas Patrias. En el trinquete flameaba la insignia del Comandante en Jefe de la Zona Naval.

Poco antes de finalizar su visita, el Comandante se percató de que un grupo de 10 personas -adultos y niños- había abordado el antiguo monitor. Sin identificarse, se acercó a saludarlos, imponiéndose que se trataba de 3 familias peruanas que efectuaban un viaje de turismo por el cono sur de América. Habían visitado Bolivia y Argentina, cruzando a Chile por Puyehue. La noche anterior habían pernoctado en Los Ángeles y se habían desviado de la ruta a Santiago para visitar brevemente el que fuera durante la Guerra del Pacífico, el más poderoso buque de la Marina del Perú, consiguiendo un permiso especial de la Zona Naval para subir a bordo ese domingo en la mañana.

Como no hubiese ningún guía disponible, el Comandante -sin identificarse- se ofreció para acompañarlos, mostrándole los lugares de mayor interés, explicando con detalles los aspectos más históricos, más relevante de la antigua reliquia, transformada en un Museo Naval a principios de la década de los años 50.

Como es de imaginar los turistas peruanos tomaron numerosas fotografías -incluyendo al guía- especialmente en aquellos lugares señalizados donde perdieron la vida los héroes de Iquique, Angamos y Arica.

Antes de desembarcar, los comentarios fueron bastantes elocuentes: Valía la pena desviarse de la ruta para visitar el HUASCAR … dijo uno. – Que bien cuidado está el buque -comentó otro- La máquina se ve como nueva … impecable … Creo que podría navegar hasta El Callao … – A mí lo que más me ha impresionado -dijo un tercero- es la actitud de la Marina de Chile. Jamás pensé que en esta reliquia se rindiera homenaje al máximo héroe de la Marina del Perú … Si bien es cierto aquí hay numerosos testimonios de la vida y muerte del Capitán Prat. No es menos cierto de que también está latente, en todo instante, el respeto hacia el Almirante Grau…

Una de las damas presentes emitió su opinión: -Yo me quedo con la carta de Grau a la viuda de Prat.

– Lo que es yo -afirmó otra de las damas visitantes – prefiero la carta de Doña Carmela. ¿Se imaginan Uds. la angustia de esa joven esposa y madre al redactar su respuesta agradeciendo el caballeroso gesto de Grau al remitirle la espada y las prendas personales que llevaba su esposo al morir sobre la cubierta del HUÁSCAR?.

– Vamos dijo el que había iniciado este cambio de opiniones de lo contrario llegaremos de noche a Santiago. Despidámonos del guía… y andando. El Comandante y Comodoro chileno los despidió en el portalón.

– Adiós -dijo cordialmente el que dirigía el grupo- Agradecemos sus explicaciones y le deseamos suerte con las visitas de esta tarde. ¿No aceptaría una pequeña propina en señal de reconocimiento?.

– Lo lamento -dijo el incógnito Comandante- pero no he hecho sino cumplir con mi obligación. A cambio ¿pueden prometerme algo?.

– Prometido -dijo el peruano- Quiero pedirles que cuando regresen a su Patria reconozcan que los chilenos son tan patriotas como los peruanos … y que no son rencorosos… La historia de los pueblos la escriben sus hombres… y la historia naval la escriben sus marinos de guerra … Gloria a Prat y a Grau… y quiera Dios que aquella lucha fratricida que sucedió hace ya casi un siglo no vuelva a repetirse nunca… Chile y Perú, como hermanos, pueden recorrer juntos el camino que les depara el futuro… sin volver a mirar atrás…

–  Sabe que más, -dijo el líder peruano-  Ud. además de ser un buen guía parece que entiende algo de política… Adiós y buena suerte… Cumpliremos lo prometido…

Fuente: Revista de Marina N° 3/1994. Publicado el 1 de junio de 1994.

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