HISTORIA MARINERA

ESPEJISMO

Roberto Benavente Mercado

Contraalmirante

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Sucedió al amanecer del 2 de abril de 1951. El antiguo transporte Angamos navegaba desde Punta Arenas hacia Ahoni, un pequeño puertecito de Chiloé insular, donde debía recibir un cargamento de madera con destino a Valparaíso.

Las condiciones de tiempo eran excelentes, lo que justificaba la decisión del comandante de proseguir por ruta oceánica desde Ráper al norte. El barómetro se había mantenido alto, indicando 1021 milibares; la mar estaba llana y se percibía apenas una leve brisa del sur. La temperatura era ligeramente inferior a 7° y la humedad relativa alcanzaba al 90%. La visibilidad era excelente y la luna menguante iluminaba la noche otoñal.

A las cuatro de la mañana el subteniente Eduardo Reyes E. entregó la guardia al segundo comandante, Capitán de Corbeta Francisco Suárez V., jefe de reconocido prestigio, meticuloso y ordenado. De acuerdo a la estima, el buque se encontraba en las proximidades de la boca del Guafo, navegando con rumbo 070° a una velocidad de 10 nudos.

El joven Oficial se retiró del puente y bajó a su camarote a descansar por algunas horas antes de iniciar la jornada matinal de ese día lunes. Necesitaba dormir un rato, pues se sentía cansado por la tensión inevitable que lo embargaba después de cumplir exitosamente su primera guardia nocturna. Recordó los consejos que su comandante le había dado la tarde anterior.

-Joven -Je dijo- Creo que ya está Ud. capacitado para desempeñarse como Oficial de Guardia en la noche. Navegaremos por ruta oceánica hasta la boca del Guafo. Mantenga permanente vigilancia al exterior. Compare compases cada media hora y sitúese exactamente cada vez que le sea posible. Como no tenemos radar, recalaremos con ayuda del faro isla Guafo, de modo que cuando lo aviste demárquelo para obtener la posición del buque con dos observaciones e intervalo navegado …

Eso era lo que él había hecho. Al parecer, todo había resultado perfecto, pues entregó su guardia sin objeción alguna al segundo comandante. Pensó que la navegación costera era más simple de lo que él había imaginado y, contento, sin darse cuenta, se quedó profundamente dormido.

A las 5.30 horas el Oficial de Guardia cambió el rumbo al 090° para ingresar al golfo Corcovado, dejando constancia de la caída por estima en el bitácora del buque. Pocos minutos más tarde observó, con preocupación, que la costa oriental del golfo se veía cerca por la proa, en circunstancias que estaba -según la posición estimada- a no menos de 30 millas de distancia. En la duda, consultó a los demás integrantes de la guardia que se encontraban en el puente, quienes le confirmaron su apreciación: la costa se veía próxima y cada vez más cerca …

A las 5.40 horas el Oficial de Guardia estimó que la distancia a la costa por la proa no era superior a una milla. Si no actuaba de inmediato, la varada era inminente. Con decisión accionó personalmente el telégrafo de órdenes a las máquinas: «Para la máquina » e inmediatamente después, «Repetido atrás».

El efecto que se produce al cambiar de toda fuerza adelante al máximo de potencia atrás es increíble. El buque comienza a vibrar y estremecerse con inusitada violencia. Los mástiles dan la impresión de que van a quebrarse y los alambres y antenas se estiran y encogen desincronizadamente. Es algo así como un terremoto a flote …

El Subteniente despertó bruscamente y se afirmó a la angosta litera para no caer. El buque se estremecía entero, se escuchaba insistentemente el estridente sonido del telégrafo de órdenes a las máquinas y en el pasillo de los camarotes de Oficiales se percibía gran agitación. Sin lugar a dudas, algo muy anormal sucedía a bordo.

Semidormido trató de ubicarse. ¿Dónde estaba? Su primer pensamiento fue para una hermosa jovencita que había conocido durante su última recalada a Punta Arenas. Pero no … las vibraciones eran consecuencia de algo muy extraño … una sensación que nunca había percibido antes …

Un esfuerzo mental lo trajo al terreno de las realidades. Recordó que se encontraba a bordo del Angamos, navegando hacia el norte y recién había entregado su guardia al segundo comandante. ¿Qué había sucedido? ¿Se habrían varado?.

Saltó de la cama, se puso una bata y subió corriendo las escaleras que lo conducían al puente. Miró su reloj. Eran las 5.45 horas. Amanecía. El puente estaba lleno de gente que opinaba sobre lo que había que hacer para evitar que el buque se varara en los roqueríos próximos. Miró hacia proa y hacia las bandas y comprobó que la nave estaba rodeada de rocas, rompientes e islas. El comandante -Capitán de Fragata Raúl Rudolphy S.- se había hecho cargo personalmente de la situación y, al parecer, la emergencia había sido controlada oportunamente, ya que pudo comprobar que el buque se encontraba detenido. Sin perjuicio de lo anterior, el comandante había ordenado cubrir el cabrestante y alistar las anclas para fondear.

Para el joven Oficial la situación era inexplicable. Había entregado su guardia hacía menos de dos horas y ahora el buque se encontraba a punto de vararse. ¿Habría cometido algún error al situarse cuando recalaba a la boca del Guafo? Estaba casi seguro de haber aplicado correctamente el método de situación por recta transportada, empleando demarcaciones sucesivas al faro isla Guafo, el que se había avistado nítidamente.¿ O se habría equivocado corrigiendo erróneamente el abatimiento de 5° a babor? Tal vez el girocompás tenía un error variable, o desconocido, o simplemente había fallado recientemente dando informaciones incorrectas … Cualquiera de estas posibilidades lo involucraba directamente en el asunto, sintiéndose responsable -en alguna medida- de lo acontecido.

El Capitán Suárez explicaba al comandante cómo sucedieron los hechos: Había recibido la guardia en las proximidades de la isla Guafo, cayendo hacia el golfo Corcovado por estima. Francamente, no podía explicar cómo, de pronto, avistó la costa por la proa, a tan corta distancia que no tuvo tiempo siquiera para informar al comandante, procediendo a ordenar «Repetido atrás», orden de emergencia reservada para casos absolutamente imprevistos y de gran riesgo para el buque.

Mientras esto sucedía, el Oficial de Navegación -Teniente 1° William Neilson W.- no podía resignarse a aceptar que las situaciones por demarcaciones a la costa le daban irremediablemente sobre las islas Guaitecas. Reiteraba sus observaciones cambiando los puntos a demarcar y sucedía lo mismo … Eran las 6.15 horas cuando el dantesco espectáculo empezó gradualmente a cambiar. Poco a poco la costa se fue retirando y, a medida que aclaraba, el Angamos se fue distanciando de la costa

hasta quedar aislado entre las Guaitecas y Chiloé. La voz del «piloto» tranquilizó a todos los presentes: el buque se encontraba exactamente en medio de la boca del Guafo, a 10 millas de la costa más cercana y a 32 millas de la costa oriental del golfo. El volcán Corcovado y los montes Yanteles y Melimoyu se destacaban nítidamente al aproximarse el orto del sol, calculado para las 7.13 horas de ese extraño amanecer.

El segundo comandante insistía en sus explicaciones acerca de las razones fundadas que tuvo para detener el buque … El comandante lo interrumpió diciéndole: -No se disculpe más, segundo. Usted no tiene ninguna culpa en esto. Todos hemos sido testigos de un extraordinario espejismo, fenómeno óptico que se presenta ocasionalmente en Chiloé por enrarecimiento o estratificación de las masas de aire. Recuerde usted el Caleuche … Deje constancia en el bitácora de lo sucedido y prosigamos nuestro viaje-. Enseguida ordenó -«Adelante despacio la máquina» …

-Comandante -dijo el segundo- de todas maneras tengo que disculparme … Con el apremio no tuve tiempo de levantar la corredera remolcada y esta se ha perdido irremediablemente …

-No se preocupe, mi Capitán- intervino el maestre de navegación-yo tengo un «carreta» que trabaja en la IV Sección del Arsenal de Talcahuano. Estoy seguro que me fabricará un flotador «hechizo» mejor que los de patente. La línea me la conseguiré en el almacén de excluidos, donde tengo un compadre «paleteado» ..

-Toda fuerza adelante la máquina … Rumbo 090° … -ordenó, sonriendo, el comandante.

Gracias a Dios que pasé claro, pensó el joven Subteniente y, sin perder más tiempo, bajó corriendo a fondearse en su litera.

Nota: El fenómeno que se ha relatado consta en el bitácora de navegación del AP Angamos, que se conserva en el Instituto Hidrográfico de la Armada. El espejismo fue tan extraordinario que de su ocurrencia se dejó constancia, además, en el Historial del Buque, también bajo custodia en el instituto ya mencionado.

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Fuente: Revista de Marina N° 4/1989. Publicado el 1 de agosto de 1989.

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