HISTORIA MARINERA

COMIDA DE CÁMARA

Jorge Chubretovich Soffia

Contraalmirante (Capitán de Corbeta al momento de la publicación)

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Leyendo la «Página marina» del número 6/1985 de nuestra Revista de Marina, en la que el Contraalmirante Sr. Francisco Johow Heinz hace recuerdos de gratos momentos vividos durante una visita que efectúo al Britannia Royal Naval College en 1969, se me vino a la memoria un episodio que confirma los por él denominados «más que centenarios vínculos de amistad, mutuo afecto y especial consideración recíproca que existen entre los miembros de las armadas británica y chilena».

Transcurría el mes de marzo de 1983 cuando cuatro jóvenes Tenientes de nuestra Armada bajamos del tren que nos había transportado desde Londres hasta Portsmouth y Southsea. Con esa comunicación espontánea no difícil de encontrar entre miembros militares, nos fue sencillo reconocer a nuestro anfitrión, el director del Instituto de Idiomas donde trascurrirían las cinco primeras semanas de nuestra permanencia en Inglaterra. De hecho, se trataba de un Coronel de Ejército, antiguo comandante del célebre regimiento de los gurkhas, quien en su retiro desempeñaba funciones como pedagogo.

El curso de inglés obligaba a vivir en casas de familias seleccionadas por el instituto, en un esfuerzo por asegurarse que sus alumnos practicasen el idioma shakesperiano aun en las horas de retirada y franco.

Ya en el vehículo que nos transportaba a las que serían nuestras respectivas residencias durante estas semanas, el veterano Coronel preguntó que cuál era el menos antiguo del grupo. Por supuesto, resultó ser el autor de este relato. A continuación nos explicó que de las cuatro familias que nos recibirían una no podría hacerlo sino hasta una fecha posterior, lo que obligaba a uno de nosotros -el más mote- a vivir en la casa de una familia durante una semana y en la de otra las cuatro semanas restantes.

Mi relativo dominio del idioma me permitió sobrellevar sin mayores inconvenientes la primera semana en casa de quien resultó ser un estricto Oficial de Policía del condado, un «Bobby». Sin embargo, tal como estaba previsto, el domingo siguiente me dirigí -acompañado del Coronel- al que sería mi hogar «definitivo». La indudable mejor calidad de la habitación que me fue asignada y un aire de familiaridad no inmediatamente definible por mí me hicieron sentir de inmediato muy a gusto en esta nueva casa . A los pocos minutos de conversar con mi «madre adoptiva» todo me quedó perfectamente claro; su marido era un Teniente de la Armada que prestaba servicios como Oficial Ingeniero de Armamentos a bordo de un buque.

El «Lieutenant» y su señora resultaron excelentes anfitriones, muy amistosos e inmensamente orgullosos de su pequeño hijo David. Por intermedio de ellos, a quienes prácticamente acompañé a todos sus paseos y actividades sociales, como uno más de la familia, tomé contacto con otros oficiales británicos y sus señoras, todos igualmente amistosos y especialmente deferentes con este marino chileno.

Terminado el tiempo asignado al curso de inglés, los cuatro Tenientes nos presentamos en el HMS Dryad para dar inicio a nuestro largo curso de PWO (Principal Warfare Officer). A los pocos días una llamada de mi amigo inglés me advierte que me llegará una invitación de su comandante para asistir al mess dinnero comida de gala de la cámara de oficiales, la primera desde que el buque había retornado -levemente herido, pero muy orgulloso- de la Operación Corporate o Guerra de las Falkland o Malvinas. El buque era el HMS Glamorgan, nuestro actual destructor Almirante Latorre. A los pocos días, dos de los oficiales chilenos recibimos la invitación. El día de la cena, puntualmente y en tenida de gala, nos presentamos en el portalón del buque, donde el comandante nos recibió con honores.

Esa noche, la cámara de oficiales contaba con cuatro invitados: El ex capitán del Uganda, buque hospital de la Task Force Británica durante las operaciones de 1982; el ex médico de a bordo y los dos Tenientes chilenos. Desde ya, un gran orgullo llenaba nuestros corazones, pero las cosas irían más allá; tras los aperitivos de rigor pasamos a la mesa, donde el comandante del buque -quien sólo para estas ocasiones es invitado a presidir la cámara- rompe el silencio solemne que sigue al acto de tomar asiento en una comida formal británica, con un sencillo y emotivo brindis: «To the President of Chile, General Pinochet», al que el más antiguo de los oficiales chilenos responde con un sonoro: «To the queen». Difícil es describir la emoción que sentimos en ese momento. Una de las armadas más prestigiosas del mundo, cuna de las más antiguas y nobles tradiciones navales, vencedora incontestable de los mares, a través de uno de sus buques que simbolizaba la más

reciente de sus victorias, nos distinguía no sólo con una invitación a una celebración muy privada y significativa para ellos, sino que además su comandante daba inicio a ésta con un brindis por nuestro Presidente.

Las muestras de afecto y respeto mutuo entre los oficiales de las dos armadas fueron constantes durante la grata velada. A continuación, en la parte menos formal de la celebración -pero no por ello menos tradicional- los invitados chilenos participamos activamente de los mess games, con brillantes resultados deportivos que ocasionaron cerradas ovaciones de parte de nuestros anfitriones, llegando incluso uno de nosotros a convertir un try en el obligado partido de mess rugby.

Nuestros agradecimientos al comandante y a los oficiales del buque se unieron al profundo sentido de gratitud para con nuestros instructores y compañeros del curso de PWO que desarrollamos ese año.

Pero el contacto de la Armada de Chile con este Teniente británico no terminaría ahí. A los pocos meses el mismo oficial, ahora profesor en la escuela de su especialidad, se desempeñaba como instructor del sistema «Seaslug» en los cursos que efectuó la dotación que trajo a Chile a nuestro actual destructor Almirante Cochrane. En esta actividad también ganó grandes amigos entre sus alumnos chilenos. Muchos lo recuerdan con especial afecto.

Cuando en años recientes me embarqué, en forma esporádica pero repetida, en distintos buques de la escuadra, cada vez que tuve la posibilidad lo hice en el Almirante Latorre, no dejando nunca de recordar la especial forma de mi primer encuentro con ese buque. Tampoco he olvidado que, encontrándome como Oficial de Operaciones de uno de sus buques gemelos, el Almirante Cochrane, tuve la oportunidad de recibirlo en altamar el día en que recalaba por primera vez a Valparaíso y se incorporaba orgulloso a nuestra escuadra.

Recientemente tuve la oportunidad de regresar a Portsmouth a visitar a este oficial británico amigo de la Armada de Chile, ahora Capitán de Corbeta en una flamante fragata tipo 23. Fui recibido en su casa de Fareham con el invariable afecto de él y de su mujer. Una de sus primeras preocupaciones fue saber qué era de «su Glamorgan». Se mostró feliz de saber que «nuestro Almirante Latorre» seguía siendo un buque eficiente.

Al igual que quienes me han antecedido en estas páginas con relatos de otras experiencias parecidas, creo que actitudes francamente amistosas como la descrita no son hechos aislados, sino que responden a lo que ha sido una invariable línea de conducta, cuyos comienzos se confunden con los orígenes de nuestra República. Son las estelas dejadas en la Armada de Chile por el Almirante Cochrane, que perduran inmutables hasta nuestros días.

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Fuente: Revista de Marina N° 4/1993. Publicado el 1 de agosto de 1993.

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