HISTORIA MARINERA

HEROISMO NAVAL FRANCES

Ismael Huerta Díaz

Vicealmirante

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En diciembre de 1935 el crucero-escuela francés Jeanne d’Arc hizo una escala de seis días en Valparaíso. En este corto lapso su comandante y oficiales se formaron una óptima impresión de la eficiencia y disciplina de nuestra Armada; a raíz del informe pertinente, el Gobierno de ese país decidió invitar a dos Guardiamarinas chilenos para que, al igual que otros jóvenes oficiales europeos, efectuaran a su bordo el viaje de instrucción del próximo año. Como consecuencia fuimos designados para el efecto los Guardiamarinas de segunda clase Aureliano Villegas e Ismael Huerta. La sin igual experiencia la he relatado en mis memorias.

El brusco cambio de medio, idioma y costumbres, el desarraigo del terruño, la familia y los amigos y la inserción en un grupo humano de distinta idiosincrasia puede resultar traumático. En el Jeanne d’Arc había recuerdos de casos ocurridos con otras armadas. No lo fue en el nuestro gracias a la formación recibida en la Escuela Naval y, también, al trato amable y deferente que nos dispensaron los oficiales franceses, en especial nuestros instructores directores, los Tenientes de Navío Birot y De Préneuf.

Por un sentimiento natural de amistad y gratitud nos preocupamos por saber de la suerte corrida por compañeros e instructores en el curso de la Segunda Guerra Mundial. Por la correspondencia con camaradas sobrevivientes no tardamos en conocer que catorce miembros de la dotación de Guardiamarinas habían perecido durante la contienda, once de ellos en acción de guerra y tres en actos de servicio. Ambos oficiales instructores habían caído en combate; Birot desapareció en el Atlántico norte y De Préneuf había muerto en Africa, al parecer en el bombardeo de la flota francesa por los británicos en Mers-el Kébir.

Esta última información resultó errónea. Según la costumbre de muchos medios de prensa franceses de rememorar los hechos bélicos al cumplirse medio siglo de acaecidos, acaba de aparecer un relato detallado del desembarco aliado en Casablanca en 1942. Por él me impuse que fue en realidad frente a este puerto marroquí donde De Préneuf encontró la muerte. Intentaré un relato resumido.

Los buques franceses que después del armisticio de 1940 se encontraban de estación en Casablanca fueron sorprendidos por un intenso bombardeo naval a las 8 horas del 8 de noviembre y debieron zarpar de prisa con dotaciones incompletas. Esta fuerza se componía de nueve torpederos, once submarinos y algunos buques auxiliares. El acorazado Jean Bartestaba inmovilizado en el puerto y el crucero Prímauguet, buque almirante, se encontraba en mantenimiento y sólo logró zarpar a las 10 horas.

El bombardeo provenía de una fuerza estadounidense de invasión que, compuesta de varios acorazados y cruceros, por lo menos un portaaviones y una numerosa escolta, se había aproximado con gran discreción.

Es necesario recordar que los marinos franceses enfrentaban un serio dilema: la lealtad les imponía acatamiento al Gobierno de Vichy, encabezado por el legendario Mariscal Pétain, pero sus corazones vibraban con el llamado del General De Gaulle a luchar contra el invasor alemán. Con este caso de conciencia latente en sus almas debían enfrentar a un adversario que, en estricta justicia, era un aliado que luchaba por la liberación de Francia. ¡Menudo problema!

A las 9:20 horas un violento ataque aéreo de cazas Wildcat causó serias bajas y averías en las unidades francesas, resultando herido el propio Almirante, que había izado su insignia en un contratorpedero, y a las 10:18 los buques recibieron los primeros impactos de artillería. Como es fácil de presumir, sus efectos fueron desastrosos dada la desproporción de fuerzas; sobre un torpedero cayó una salva completa de 8″ (se hundió en 15 minutos) y sobre otro un proyectil de 16″.

Me limitaré a describir lo sucedido en el Boulonnais (1.500 toneladas, 4 cañones de 130 mm y 6 tubos lanzatorpedos), que comandaba el capitán De Préneuf, pero los demás buques franceses sufrieron una suerte similar.

De Préneuf fue herido mortalmente en el primer ataque aéreo, siendo reemplazado por el Teniente de Navío segundo en el mando. A las 11 horas se le ordenó al buque prepararse para atacar con torpedos -un verdadero ataque suicida- y logró aumentar su andar a 28 nudos a pesar de sus averías, pero -casi en el mismo instante- recibió dos proyectiles en las máquinas que, aparte de provocar daños materiales, dieron muerte al ingeniero de cargo. Sin embargo, continuó dando avante y, en el momento preciso en que iba a lanzar, cayeron sobre él cinco granadas de 6″ de una misma salva disparada por el crucero Brooklyn. Tras este golpe letal, el Boulonnais siguió con la viada hasta hundirse debido a las vías de agua causadas por los siete impactos recibidos.

Sin esperanza alguna de salvar el buque, el Teniente que subrogaba a De Préneuf ordenó la evacuación y -dice el artículo que comentamos- «en un gesto conmovedor da cuenta al comandante que yace en el púlpito, quien encuentra aún un soplo de vida para pedir que se le mantenga a bordo». Su último deseo fue hundirse con su torpedero y lo cumplió.

La evacuación fue llevada a cabo con absoluta calma empezando por los heridos, mientras el Boulonnais se escoraba y hundía. Fueron contados doce muertos y una veintena de sobrevivientes, muchos de ellos graves.

Así murió De Préneuf, víctima del fuego estadounidense y no del británico, como habíamos creído hasta el presente; en todo caso, inmolado dando cara a un adversario que no era el que habría deseado. Con él pasaron a mejor vida 50 oficiales, 79 suboficiales y 328 marinos de grados inferiores. Los aliados atacaron simultáneamente en Oran y Argel, donde las pérdidas francesas en buques y hombres fueron también elevadas. En el primero de estos puertos murió nuestro compañero de promoción, el Guardiamarina de primera clase Jean-Guy de Vandiere de Vitrac; desapareció con su buque, la Surprise.

El autor de la crónica que comentamos, el Capitán de Navío en retiro Jean Besancon, vivió la acción a bordo del Boulonnais como Guardia marina y resultó también gravemente herido, al punto de que perdió un brazo y quedó con la mano restante mutilada, inhabilitación suficiente para no ser destinado a bordo cuando dejó el hospital. Insistió, no obstante, en embarcarse y participó activamente en operaciones en el Mediterráneo en 1943, 1944 y 1945. Otro valiente.

La guerra dejó también heridas más dolorosas que las corporales. Un político reprochó a De Gaulle en 1946 haber regularizado las citaciones individuales otorgadas a los combatientes de las jornadas de noviembre de 1942 en Africa del Norte. El General, molesto, respondió: «-No es cuestión de arrancar de los féretros de los pobres muertos y del pecho de los desgraciados mutilados las cruces que les han sido concedidas tres años antes por haber combatido obedeciendo órdenes de sus jefes, aunque estas órdenes hayan sido desacertadas».

He creído de interés dar a conocer esta acción de guerra tanto por la participación del Brooklyn, nuestro O’Higgins durante casi cuatro décadas, como por el admirable ejemplo de coraje y cumplimiento del deber que ha pasado semi ignorado por la historia en la vasta maraña de las operaciones bélicas de la contienda. Mal que bien, el heroísmo no tiene fronteras.

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Fuente: Revista de Marina N° 2/1993. Publicado el 1 de abril de 1993.

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