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GENÉTICA

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DESCUBREN QUE PÉRDIDA DEL CROMOSOMA MASCULINO EN LA VEJEZ DAÑA EL CORAZÓN Y ACELERA LA MUERTE

Publicado en El Mercurio de Valparaíso, el lunes 18 de julio de 2022

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Fuente: Diario El Mercurio de Valparaíso.

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ARTÍCULO

El Mostrador

Matilde Throup Sepúlveda: primera mujer abogada en Chile

4 de junio de 2022

por Arturo Prado Puga

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En 1893 , presidida por el coraje y el temple que le daba su profesión  se presentó para el concurso de Notario Público y Secretaria del Juzgado de Letras de Ancud , oposición que  fue objetada por el Fiscal de la  Corte Apelaciones de Concepción   por su condición de mujer y la “ incompatibilidad moral proveniente de la diferencia de sexo” , toda vez que  si de acuerdo al Código Civil , no podía ser testigo de un testamento solemne , menos podía desempeñarse  como  Ministro de Fe, lo cual fue resueltamente impugnado por la postulante.  Finalmente, la Corte Suprema en un histórico fallo que merece ser recordado (Gaceta N° 3.735, 20 de Oct de 1893), acogió su defensa, rechazando estas consideraciones y reconoció la igualdad entre hombre y mujer para acceder a cargos públicos.

El presente artículo, tiene la particularidad de poner de manifiesto los rasgos de una persona ejemplar, caracterizada por su determinación y valentía al convertirse en la primera abogada mujer que accedió en Chile a esta profesión, abriendo el camino al devenir de las generaciones que le siguieron.

En 1877 y siendo ministro de Instrucción Pública don Miguel Luis Amunátegui, se dicta un Decreto -visionario para su época- que permitió “estimular a las mujeres para que hagan estudios serios y sólidos», admitiéndolas a “rendir exámenes válidos para obtener títulos profesionales», sometiéndose “a las mismas disposiciones que están sujetos los hombres», “facilitándole los medios de que puedan ganar la subsistencia por sí mismas”.

Esta incorporación dio lugar a que se recibieran las primeras dos médicas en un área de acceso tradicional para la mujer, como era la obstetricia (parteras) y posteriormente la mujer pionera que hoy recordamos.

“Ser para otros” sirviendo como esposas y madres con destino radicado en “cocinar y coser”, son testimonio en el mundo social decimonónico, del papel de la mujer, recluida en su casa de acuerdo a lo que se estimaba era “su naturaleza” y a la estricta división de funciones, ajustada a las convenciones y costumbres existentes. Así las primeras estudiantes “señoritas” que, por excepción y merced al citado Decreto, saltaban esta condición, tenían que asistir a clases acompañadas de sus madres que servían de “respeto”, en notoria desventaja frente al alumnado predominantemente masculino en cualquier grado o carrera.

Toda esa carga no impidió que Matilde -nacida en la ciudad de Angol en 1876-, hija de un militar, ingresara a la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile en 1877 y concluyera su carrera con esa misma capacidad y superación, con la colación del grado de Licenciada y el título otorgado por la Corte Suprema el 6 de junio de 1892. Su ejemplo señero, sin duda, sirvió como referente a países como Bélgica en 1895, Argentina en 1910, que no permitían que las mujeres ejercieran como letradas. Significativo es el caso de España, que recién las autoriza a  colegiarse en 1922 (Valencia) y 1925 (Madrid), levantando el duro veto arrastrado desde el Ordenamiento de Alcalá de 1348, que prohibía a la mujer el ejercicio de la abogacía.

Como profesional liberal, le tocó enfrentarse a abogados de reconocido prestigio y versación, tanto en el foro como en el espacio público, logrando cimentar una abundante clientela entre las cuales se contaban personas de escasos recursos, convirtiendo, según se afirma, “su profesión en un verdadero apostolado”, al igual que muchas mujeres que han continuado su legado.

A pesar de los escasos datos biográficos, acerca de sus actividades o vida personal, existe un episodio notable y muy elocuente, similar al ocurrido con la primera abogada en Argentina, María Angélica Barreda, admitida al ejercicio tras una batalla judicial en su provincia de La Plata en 1910, y que sirven para reconstruir la mirada que la sociedad dispensaba a la mujer en aquella época tumultuosa en la que comenzaba su andadura profesional.

En 1893, presidida por el coraje y el temple que le daba su profesión, se presentó para el concurso de Notario Público y Secretaria del Juzgado de Letras de Ancud, oposición que fue objetada por el Fiscal de la Corte Apelaciones de Concepción por su condición de mujer y la “ incompatibilidad moral proveniente de la diferencia de sexo” , toda vez que, si de acuerdo al Código Civil, no podía ser testigo de un testamento solemne, menos podía desempeñarse como Ministro de Fe, lo cual fue resueltamente impugnado por la postulante. Finalmente, la Corte Suprema en un histórico fallo que merece ser recordado (Gaceta N° 3.735, 20 de octubre de 1893), acogió su defensa, rechazando estas consideraciones, y reconoció la igualdad entre hombre y mujer para acceder a cargos públicos.

Sin duda, el aporte de la mujer a esta profesión y sus habilidades empáticas en materia de orden y comunicación son una fortaleza reconocida en la práctica profesional, celebrando adicionalmente su capacidad de conciliar, con equilibrio, conciencia y abnegación, una vida laboral y una vida familiar.

Matilde Throup falleció a los 46 años, en 1922.

(Revista del Colegio de Abogados, N° 82)

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Fuente: Página medio digital El Mostrador.

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La Tercera

Un díscolo en la Armada: Carlos Condell, el héroe olvidado del 21 de mayo

Publicado en suplemento Culto

20 de mayo de 2022

Pablo Retamal N.

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El comandante de la «Covadonga» pasó a la historia por su triunfo resonante en Punta Gruesa. Testimonios e historiadores lo han retratado como un hombre díscolo, audaz e impulsivo, aunque con buenos dotes de liderazgo. En Culto revisamos la vida de uno de los personajes más interesantes de la historia de Chile.

En la hoja de vida de Arturo Prat hay sólo una observación negativa dentro de su impecable carrera en la Armada. Una trifulca a puñetes con otro compañero adolescente de la Escuela Naval, amén de las clásicas pullas que surgen al calor de la juventud y el encierro de un recinto de formación. ¿El otro púgil?: Carlos Condell de la Haza.

“Condell era díscolo, audaz e impulsivo”, explica el historiador Rafael Mellafe, especializado en historia militar. “Le tuvo que haber dicho algo muy fuerte para sacarlo de sus casillas, porque Prat era más bien retraído, reservado, muy poco dado a la cosa más física”.

Condell era un tipo más bien impulsivo y amigo de los riesgos. Esto según el testimonio del tripulante de la Covadonga, Arturo Olid, quien estaba embarcado con 14 años. “El comandante Condell tenía un carácter sumamente impetuoso, le agradaban las situaciones difíciles; buscaba el peligro y la lucha no solamente para caer combatiendo como un héroe, sino también para caer arrastrando en lo posible a su enemigo en la caída”.

Sin embargo, ese carácter especial, supo manejarlo a la hora de su servicio efectivo. Rafael Mellafe explica: “Era un oficial cuyas cualidades marineras, o de manejo de embarcaciones, estaba en el promedio de su generación. No era descollante como Juan José Latorre (a mi juicio, el mejor marino que ha producido nuestra Armada) ni un lerdo de capirote que no podía distinguir babor de estribor. Su habilidad como hombre de mar estaba a la par de un Arturo Prat, Aureliano Sánchez o un Manuel Orella. Esto por que el manejo de una embarcación pasa a ser casi una labor mecánica, salvo en condiciones extremas como es una tormenta”.

Nacido en Valparaíso en 1843, hijo de padre escocés y madre peruana, cursó sus primeros estudios en el Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso, luego, en 1858, pasó a la Escuela Naval, donde armaría su destino a bordo de los buques y el uniforme de oficial.

De la Esmeralda a la Covadonga

La primera vez que Carlos Condell tuvo acción en escenario de guerra, fue en el conflicto que disputó Chile contra España, en 1866. En la acción, el rubio marino descendiente de escocés se encontraba en uno de los barcos que tiempo después, entrarían en acción el 21 de mayo de 1879.

“Condell estuvo a bordo de la corbeta Esmeralda el 26 de noviembre de 1865, fecha en que se produjo el Combate Naval de Papudo cuyo resultado fue la captura de la goleta española Virjen de la Covadonga”, relata Rafael Mellafe. Sí, Condell participó en la captura del barco que posteriormente dirigiría bajo bandera chilena.

No sería lo único: “Luego del combate de Papudo, Condell fue destacado en la Covadonga y de esa manera llega al Golfo de Abato donde se produce un peculiar combate naval el 7 de febrero de 1866″, relata Mellafe.

Tras el conflicto, acaso en una muestra de su carácter algo arrebatado, Condell dejó la Armada dos veces para dedicarse al comercio en Valparaíso. Sin embargo, en ambas terminó de regreso. En 1877 era capitán de corbeta y en esa condición lo sorprendió la guerra del Pacífico.

Al iniciarse el conflicto, la Armada planificó un bloqueo al puerto peruano de Iquique, con la idea de enfrentar ahí a la flota de guerra del Perú en lugar de ir directamente al Callao. En ese bloqueo, Condell llegó al mando de la corbeta Abtao, y Arturo Prat, de la Covadonga. Sin embargo, los peruanos no daban muestra de querer bajar a Iquique, así que el comandante en jefe de la Armada, almirante Juan Williams Rebolledo, decidió ir a atacar El Callao.

Sin embargo, para la ocasión, Williams decidió reorganizar los mandos: Manuel Thomson pasó de la Esmeralda al Abtao; Condell, a la Covadonga, y Prat, a la Esmeralda. ¿Por qué Williams Rebolledo dejó a Condell en Iquique? Responde Mellafe: “Porque no se adecuaba bien a la disciplina naval que exigía Williams –señala Mellafe-. Tenía un carácter medio difuso, muy llevado a sus ideas, quizás un poquito descontrolado, un poco errático”.

En el caso de Prat, Mellafe indica: “No hay ningún documento que nos de a los historiadores una explicación concreta al respecto, hay mucha especulación. La única explicación que es más o menos lógica, es que Williams no le tenía confianza a Prat”.

Una maniobra clave

El resto es conocido, ese 21 de mayo, al tener frente a frente al Huáscar y a la Independencia, Condell ordenó el escape de su corbeta de madera hacia otro lugar. Aquí, mostró otra faceta como marino, lejos de la del díscolo, pero sí como hombre de acción y riesgo.

“Donde destaca Condell es en su capacidad de liderazgo -explica Mellafe-. Supo dirigir a sus hombres en momento extremadamente claves durante el combate de Punta Gruesa y su tripulación lo siguió sin más. Organizó equipos y reconoció el valor de sus subordinados”.

“En Punta Gruesa no actuó ni osada ni impulsivamente -dice Mellafe-. Sabía que su buque no era rival para al poderosa Independencia, por tanto planteó una táctica defensiva que fue la de utilizar el poco calado de su nave para navegar pegado a la costa. Quizás se podría decir que fue audaz en usar el bajo de Punta Gruesa como su única arma ofensiva contra la nave peruana. El relato que hace J.A. Olid nos habla que todos sintieron como la roca raspaba el quillote de la Covadonga y que al pasar el bajío, Condell dijo: ‘¡aquí se jodieron!’… y tuvo razón”.

Fue tan clave el triunfo de Condell en Punta Gruesa que de una sola vez le atestó un golpe profundo al Perú: “Fue un completo desastre para la marina de guerra peruana, ya que de un plumazo perdió el 38% de su poder naval”, señala Mellafe. “También hay que recalcar que a bordo de la Independencia iban el teniente 2° Alfredo de La Haza y el aspirante Arturo de La Haza, sus primos hermanos”.

“Me estoy yendo a pique”

Tras el combate de Punta Gruesa, Condell siguió sirviendo en la Armada. “Fue ascendido al capitán de fragata y se le dio el mando de la cañonera Magallanes, en reemplazo de Juan José Latorre -cuenta Mellafe-. Con ese buque estuvo presente en la acción sobre Pisagua (2/11/1979) y en el bloqueo de Arica (febrero 1880). Tomó accidentalmente el mando del Huáscar cuando, durante el combate con los fuertes de Arica, Manuel Thomson muere. Condell es ratificado como comandante del blindado Huáscar y con ese buque sigue sosteniendo el bloqueo del puerto y luego actúa durante el bloqueo al puerto del Callao”.

Fue durante el bloqueo al Callao, en 1880, en que Condell pronunció una frase memorable, amén de su carácter díscolo y algo bromista. “Durante el bloqueo al Callao, sostuvo un combate con los fuertes de dicho puerto el 22 de abril de 1880 -relata Mellafe-. Varios autores, entre ellos Virgilio Figueroa, indican que luego del combate, el Blanco Encalada, buque insignia chileno, le preguntó por señales, si todo estaba bien a lo que Condell respondió: ‘Sí, me estoy yendo a pique’”.

Pero el problema es que todo era falso. “No había recibido impacto alguno. Cuando fue llamado por el comandante Galvarino Riveros a que diera explicaciones por su frase poco afortunada, habría dicho: ‘Cuando estoy al frente del enemigo, poco me ocupo de los amigos’”.

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Fuente: Página web diario La Tercera.

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LA ARMADA DE CHILE, PERMANENTE CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO DE MAGALLANES

COMANDANTE EN JEFE DE LA ARMADA, ALMIRANTE DON JUAN ANDRÉS DE LA MAZA LARRAÍN

Publicado en El Mercurio de Valparaíso, el 21 de mayo de 2022

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LA PLEGARIA DEL BUQUE DE GUERRA

Pierre Chili

Pierre Chile: Seudónimo del Capitán de Navío Sr. (QEPD).

Tomada del libro “Mar y Tierra Nuestra, Cuentos y Crónicas”, (Imprenta de la Armada 1935).

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Tripulantes que servís a mi bordo:

¡Sed cuidadosos conmigo! Amo mis bronces relucientes, mis pinturas aseadas, mis cubiertas limpias y suaves como un raso, mi maniobra ordenada, mis cañones que se mueven fáciles y a un débil impulso, mis máquinas sin un quejido que las golpee, mis calderas resistentes y que sean sus departamentos el aseado salón donde brilla la llama del hogar en las estufas. Cuida mi casco que sumido en el agua siente el escozor de los moluscos que lo muerden y que tornan en fatigosas y lentas mis carreras.

¡Cuídame! Recuerda que soy un pedazo de tu patria a flote; un trozo de tu hogar distante. Si son fríos mis aceros, ellos te protegerán un día: ¡Cuídalos!

Coloca en mi toda tu confianza, todos los bríos y todas tus ternuras. Soy tu corcel del mar, capaz de conducirte a los más apartados rincones del mundo, sin una queja mía. Pero para esto es preciso que me cuides solícitamente.

Puede ser también tu pedestal de glorias. Calcula el regocijo tuyo y el regocijo mío si desde nuestra tumba submarina presenciamos detenerse a toda la Escuadra de tu patria y vemos abatirse nuestra bandera y escuchamos los clarines que nos rinden honores y que alguien dice:

“Marinos de Chile!… Descubrirse! – Aquí se hundió un buque chileno con su bandera al tope. Lleguen hasta esta gloriosa sepultura los hurras nuestros!”.

Hacedme, si el caso llega, acreedor a estos homenajes que a una hermana mía, hundida en Iquique, se le tributan, y cuyo nombre es el de una piedra preciosa engarzada en laureles! Quiero también para mi tales honores, si el destino así lo exige.

Recuerda que obedezco pasivamente tus órdenes, Si eres cobarde, huyo; si eres valiente, tus energías se comunican a mis aceros y arrastrado por tus impulsos te sigo adonde me lleves: sea a la muerte o al triunfo. En tus manos está mi baldón o mi honra.

En la paz conviérteme en un templo del orden y del respeto a las leyes que nos gobiernan. No admitas a mi bordeo a los que conducen el fuego de sus odios sociales. ¡Te ultimarán, tripulante mío! Buscarán tu apoyo para después lanzarte a la miseria o a la esclavitud de ellos mismos! Recházalos! No los quiero a mi bordo!

Y óyeme ahora bien: quiero que en el combate sepas conducirme al triunfo: No te arredren los fuegos enemigos. Pídeme cuanto quieras y te obedeceré al momento. No te compadezca mi casco acribillado; no te intimiden mis fierros que se trituran y que se derrumban con estallidos. Pídeme que siga adelante a toda fuerza y te obedeceré en seguida. Si las metrallas barren mi cubierta y mis blancos rasos se han transformado en púrpura con la sangre que los riega, pídeme siempre adelante a toda fuerza, aunque vaya hundiéndome!!…

Si agonizo, clava en mis topes la bandera de Chile. No me abandones en esta agonía. No me entregues! Recuerda que fui tu más leal compañero y amigo. ¡Húndete conmigo!

Y al morir, quiero tener el final de un paladín de leyenda que al caer derribado y agónico, agita en alto el oriflama de la dama de sus amores… ¡Al más alto mástil mi bandera, esta oriflama de mis amores!… ¡Que al hundirme semeje este alto mástil un abrazo mío que se alarga desde las profundidades y que agita, desde su tumba, en despedida, su bandera!

Para esto cuídame en la paz tripulante mío! Y cuídate a ti mismo, y busca en la ciencia el mejor modo de conducirme sin peligros, y busca en la historia de tu patria la resuelta decisión de morir conmigo!.

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Fuente: Aporte del Capitán de Navío Sr. Sergio Ostornol V.

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