Crónica

ENSAYOS ASUNTOS PÚBLICOS

El Líbero

Pablo Errázuriz y Teresita Jordán: A 188 años: Una mirada a la Constitución de 1833

Publicado el 25 mayo de 2021

El 25 de mayo se cumple un año más de la promulgación de la Constitución Política de 1833, considerada por algunos como el inicio de la República chilena y la de mayor duración en nuestra historia.

La abdicación de Bernardo O’Higgins en 1823 prologó un periodo de inestabilidad institucional durante el cual se ensayaron una serie de modelos constitucionales con distintos niveles de éxito. En 1828 se promulgó una constitución de corte liberal, pero sus falencias en materia de elección del vicepresidente generaron una crisis política que devino en guerra civil, enfrentando a los conservadores –o pelucones– con el gobierno liberal. La contienda quedó zanjada el 17 de abril de 1830 en la Batalla de Lircay, triunfando los conservadores liderados por Joaquín Prieto.

Las grandes figuras detrás del texto constitucional

A partir de entonces, Diego Portales (1793-1837) –líder indiscutido del bando pelucón– logró que sus ideas tuvieran un rol protagónico en el devenir nacional. La genialidad de este hombre, profundamente pragmático, consistió en insertar en el debate público, como expresa Alberto Edwards, “una idea nueva de puro vieja”: la restauración de la imagen del poder impersonal y abstracto al cual estaban tradicionalmente acostumbrados los chilenos. Para alejarse del militarismo y el caudillismo era necesario tener un mínimo de orden institucional, a cargo de personas que fuesen “verdaderos modelos de virtud y patriotismo”, que permitiese el desarrollo de un gobierno plenamente republicano. Estos ideales impulsaron una renovación de la Constitución de 1828, pese a que ésta contenía expresamente la prohibición de ser reformada antes de 1836, y que su atropello, por parte de los liberales, había constituido ni más ni menos que uno de los principales argumentos de los propios conservadores antes de la guerra civil.

Se convocó, pues, en 1831, la Gran Convención que estuvo integrada por 36 personas: 16 debían ser del Congreso y los restantes electos entre personas con probidad e ilustración. Ésta, a su vez, encargó la elaboración del proyecto a una comisión compuesta por siete de sus miembros, entre los cuales se encontraba el fiscal de la Corte Suprema, Mariano Egaña (1793-1846). Este destacado jurista puso al servicio de la nación la experiencia que había adquirido durante su estadía en Europa. Así, en medio de la discusión, presentó un nuevo proyecto que, pese a generar oposición por el retraso en el proceso que su evaluación implicaría, terminó siendo la base de una Constitución prácticamente nueva.

Transcurridos seis meses de redacción, el texto pasó a ser revisado por la Convención, y finalmente fue jurada solemnemente y promulgada en mayo de 1833, tras lo cual se produjeron días de goce en el país, acompañado de fiestas y desfile de las tropas. ¿La razón? Por primera vez en Chile se trabajó en un texto constitucional en un contexto donde la autoridad era capaz de mantener la paz, sin improvisaciones, sin apuros y con un propósito muy distante al que habían tenido las anteriores: en lugar de establecer un gobierno ideal para el futuro, pretendieron consolidar el gobierno ya establecido desde 1830. Como expresa la prensa del momento: “su principal empeño ha sido combinar un gobierno vigoroso con el goce completo de una libertad arreglada”, lo que significa, en términos actuales, la consolidación de un Estado de Derecho.

Lo anterior se tradujo en un texto político completo, claro y estructurado, que consagró sus disposiciones “en el nombre de Dios Todo-poderoso, criador y supremo legislador del universo”. Declaraba, en primer lugar, cuál era el territorio nacional, quiénes eran chilenos y afirmaba que la soberanía residía esencialmente en la nación, la que delega su ejercicio en las autoridades que la Constitución establece. Con gran innovación, dedicó el capítulo quinto completo al resguardo de los derechos individuales (el tátara abuelo del actual artículo 19). Por otro lado, en materia judicial y religiosa, no se introdujo cambio alguno, quedando dichas materias remitidas a la ley.

En materia de régimen de gobierno, si bien se mantuvo la dualidad presidente-congreso, se reconoció y reforzó la preeminencia adquirida por el presidente, quien junto con recibir el apoyo de un Consejo de Estado,  obtuvo amplias facultades, entre las que destacan el ser considerado como Jefe Supremo de la Nación, cabeza de la administración y del gobierno; ejercer el cargo durante cinco años con posibilidad de reelección inmediata, no tener responsabilidad política (a la manera de los monarcas) y, finalmente, su rol como colegislador, en virtud del cual, debía prestar su sanción para la promulgación de las leyes, y podía, además, vetar su aprobación. Así, en palabras de Bravo Lira, antes que gobernante era el guardián del orden instituido. Sin embargo, contra lo que suele pensarse, el Congreso no quedó completamente subordinado al poder ejecutivo puesto que la Carta le concedió facultades no menores que permitían el establecimiento de un equilibrio y balance entre los órganos del Estado. Entre dichos instrumentos cabe destacar las leyes periódicas a través de las cuales se aprobaba el presupuesto anual del Estado, la rendición de cuentas del mismo, las contribuciones y el establecimiento de las fuerzas de mar y tierra. Sin el consentimiento del Congreso en estas materias, el presidente quedaba con las manos atadas.

Interpretación constitucional a lo largo del siglo XIX

La presencia de estos mecanismos complementarios, presidenciales y parlamentarios, generaron un texto constitucional funcional como herramienta de organización del Estado, pero flexible, adaptable a los cambios que la realidad social y política exigiera. Esto, señalan historiadores como Edwards y Góngora, significó que existieran diversas interpretaciones constitucionales según el ethos imperante en las clases dirigentes, sin que fuera necesario cambiar la letra de la Constitución mayormente. Convivieron entonces durante el siglo XIX dos grandes interpretaciones de la Constitución.

La primera de estas, denominada portaliana o autoritaria, acentuaba el poder del presidente como cabeza del Estado, con la facultad de hacer y deshacer, contando con diversas herramientas constitucionales para asegurar su primacía, como lo eran sus atribuciones electorales y las llamadas “influencias morales” sobre los funcionarios públicos. Esta interpretación existía en la práctica cuando el presidente tenía el celo de hacer valer su autoridad, desapareciendo con los presidentes de personalidad más débil, como Pérez o Pinto. Cabe destacar que el sustrato político era irrelevante; pelucones y liberales rotaron en la máxima magistratura manteniendo consistentemente la impronta portaliana. Tanto es así que Alberto Edwards señala, en “El Gobierno de don Manuel Montt”, que el nuevo liberalismo –el de Errázuriz Zañartu, Santa María y Balmaceda– se constituyó como el pleno heredero del peluconismo autoritario.

Por otro lado, los cambios en la aristocracia chilena durante el siglo XIX, debidos a los nuevos elementos sociales e ideas que se fueron incorporando a ella, generaron un fortalecimiento del sentimiento de independencia de los grupos oligárquicos, aparejado con un creciente poder económico, político y social frente al presidente. Este cambio en el balance de poderes se expresaba a través de estallidos parlamentarios, especialmente respecto al uso y abuso de las facultades constitucionales del Congreso como medidas de presión política. Frente a presidentes complacientes primaba sin problemas el poder Legislativo, pero existían conflictos serios cuando el presidente era de un talante autoritario. Se configuró entonces una interpretación constitucional parlamentaria, en pugna constante con el presidencialismo. Lo anterior tuvo un sustento material en el texto mismo de la Constitución, toda vez que en ella existían disposiciones que le otorgaban al Congreso facultades –como las leyes periódicas– a partir de las cuales el poder legislativo representó un efectivo contrapeso al Ejecutivo.

Este choque de interpretaciones llevaría a la Guerra Civil de 1891, luego de la cual primó sin oposición la interpretación parlamentaria, hasta el surgimiento de la figura de Arturo Alessandri. Frente a esta polémica, la propia Constitución no daba una respuesta clara; eran los elementos subyacentes, sociales y espirituales, los que definieron en una etapa u otra la naturaleza de la Constitución. No existía una interpretación textual “correcta”.

Las proyecciones de 1833

La Constitución de 1925 pretendió zanjar definitivamente el conflicto entre los poderes del Estado, consagrando definitivamente un régimen presidencial. Sin embargo, en ella quedaron abiertas ciertas disposiciones que permitieron que, en el transcurso del siglo XX, se desarrollaran una serie de vicios entre los cuales se puede mencionar el fuerte estatismo, la escasa referencia a los partidos políticos –que trajo consigo una fuerza politización de la sociedad–, el debilitamiento del Ejecutivo frente al Congreso, y la poca independencia del poder Judicial.

En respuesta a ello es que surge finalmente la Constitución de 1980, la cual buscó solucionar dichos vicios. Para ello vigorizó la figura del Presidente; fortaleció las facultades fiscalizadoras de la Cámara Baja y la independencia del poder Judicial; consagró el Orden Público Económico; y estableció una protección más robusta de los derechos individuales. Pero todas estas modificaciones fueron hechas sobre la experiencia de las constituciones anteriores, lo que significa que las bases sentadas por Portales y Egaña en la primera mitad del siglo XIX no fueron eliminadas de nuestro sistema, sino que las constituciones posteriores se fueron construyendo sobre una rica y fructífera tradición, que se adapta a las necesidades de cada tiempo, sin innovar innecesariamente, manteniendo un delicado balance entre continuidades y cambios.

Esta forma de pensar una constitución, unida a la experiencia y tradición, al sufragio universal de los siglos, para usar la expresión de Juan Vásquez de Mella, es una que se ordena no a quimeras e ilusiones, sino que al verdadero hombre en su realidad y contingencia. Nuestra historia nos revela saberes y lecciones de generaciones pasadas, soluciones efectivas para problemas de ayer y hoy. Es por esto que en nuestro actual proceso constituyente es relevante recordar que no somos una sociedad aislada, sino que formamos parte de una cadena que une pasado y futuro, una sociedad que trasciende a la mera temporalidad. Una constitución que se desprende y olvida el pasado se expone casi seguramente a repetir errores que nuestros padres supieron en su momento solucionar. Como escribió Jaime Eyzaguirre, sólo en la fidelidad se cuaja la esperanza.

Fuente:  Página web medio digital El Líbero

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CRÓNICA

CELEBRACIÓN DEL 21 DE MAYO EN VALPARAÍSO – LLAMA ETERNA A ARTURO PRAT

21 de mayo de 1978

Así como en todo el país se celebró el nuevo aniversario del célebre combate naval de Iquique, en Valparaíso, donde reposan la mayoría de los sobrevivientes de la acción, el acto celebratorio cobró especiales relevancias, pues concurrieron a él el Presidente de la República y los Miembros de la Junta de Gobierno.

Como es en la cripta del monumento donde se hallan las cenizas de Prat mirando al mar, la ciudadanía del puerto no quiso que la tumba del héroe fuera un monumento inerte, inadvertido por muchos que a diario pasan a su vera y por eso se ideó que allí se encendiera una llama permanente, para que el transeúnte vea que en ese lugar están no sólo los despojos mortales del Gran Capitán, sino también su espíritu. De allí que los jóvenes de Chile llevaron una tea ardiente desde Ninhue, corriendo a pie y relevándose en todas las ciudades a su paso. El relevo principal se hizo en Santiago, junto al monumento de los héroes de Iquique el 20 de mayo, desde donde los atletas seguirían posteriormente a Llay-Llay y Quillota. En Valparaíso frente al Arco Británico, la tomó un cadete de la Escuela Naval, un tataranieto de Arturo Prat, el joven Arturo Undurraga Díaz, quien, escoltado por escolares y atletas, entregó la antorcha al Comandante en Jefe de la I Zona Naval, vicealmirante Arturo Troncoso Daroch, quien, a su vez, la pasó al almirante Merino, Comandante en Jefe de la Armada, encargado de encender la llama eterna. Así corrió la antorcha desde el 17 al 21 de mayo en un trayecto de aproximadamente 400 kilómetros, recibiendo la bienvenida de centenares de personas por cuanto pueblo o ciudad pasó.

En el monumento, el vicealmirante Arturo Troncoso Daroch pronunció la siguiente alocución patriótica.-

NUEVO ANIVERSARIO

21 de mayo de 1879 – fecha sublime de nuestra historia patria- que hoy, una vez más Chile entero recuerda con unción. Hace noventa y nueve años subieron al altar de la gloria, Prat y los tripulantes de la nave excelsa, la «Esmeralda», y se ciñeron el laurel de la victoria, Condell y los aguerridos combatientes de la frágil «Covadonga». Iquique y Punta Gruesa, he ahí dos lugares y dos nombres que representan la majestad del heroísmo, y el triunfo del ingenio y de la audacia. Dos nombres que atestiguan la decisión, la voluntad, la valentía y el amor a la Patria.

21 de mayo de 1879, fecha de recordación, de veneración y también de meditación.

Recordamos las gestas de Iquique y Punta Gruesa, para rendir el tributo de admiración y gratitud de un Chile agradecido, a quienes -ante la adversidad de una lucha desigual- no vacilaron en hacer cumplido honor a su estirpe de chilenos, nacida de la hidalga sangre española y la viril sangre araucana.

Recordamos que en Iquique y en Punta Gruesa se escribió la lección más maravillosa de lo que significa el cumplimiento del deber y se renovó la tradición de «vivir con honor o morir con gloria» que nos legara el Padre de la Patria.

Veneramos las virtudes heroicas y las cualidades humanas de sus protagonistas: la valentía, la serenidad y el sacrificio de un Prat ante los intereses superiores de la nación; la lealtad y el desprendimiento de un Serrano y un Aldea; la voluntad de lucha y la decisión de un Uribe y de un Riquelme; la habilidad, la osadía y la destreza de un Condell, como asimismo la caballerosidad y la hidalguía de un Grau, el inteligente y tenaz adversario.

Veneramos la memoria de todos los marinos que en aquella fecha lucharon con denuedo por las causas que creyeron justas.

Meditemos, ante el ejemplo que nos dieron quienes forjaron la más pura tradición de la Marina de Chile, para hacernos dignos del legado que recibimos y ser genuinos representantes de las glorias de nuestra Armada.

Meditemos todos los chilenos, para que este ejemplo del pasado sea fuente inspiradora de nuestras acciones presentes y futuras.

Hoy, al revivir la Magna Epopeya de Iquique, vuelven a nuestra memoria las facetas más relevantes de Prat. Su existencia terrenal, breve pero fecunda en virtudes ciudadanas, estuvo enmarcada en los cánones más severos y sensibles de la personalidad humana; su niñez dolorida, pero a la vez con la alegría de la edad, le formó sobrio y austero en sus costumbres; su adolescencia y juventud se dignificaron en el estudio tesonero y en el sólido sentido de la responsabilidad; su vida de adulto -como marino, abogado y profesor- se cimentó en los moldes más preciados del cumplimiento del deber, de la justicia, la moral y la generosidad para con sus semejantes; como esposo y padre su devoción hacia la compañera de su vida y el desvelo para con sus hijos, le hicieron constituir una familia ejemplar, donde su amor y dedicación a ella se conjugaba con el amor a Dios y a su Bandera. Fue un hombre de selección para gloria de Chile y emulación de las generaciones venideras.

Es por ello que el resultado de tan desigual combate no podía tener otra consecuencia que la admiración hacia quienes allí cayeron y la exaltación de un pueblo que luchó unido y estimulado en pos de la victoria que se iniciara el 21 de mayo de 1879.

CHILE, NACIÓN MARÍTIMA

La hazaña de Iquique, el triunfo definitivo de Angamos en la guerra en el mar, y el resultado final de la Guerra del Pacífico, nos mostraron una vez más el significado del poder naval para la vida y seguridad de la República. Se confirmaba la constante histórica de que la existencia de Chile, como nación, estaba íntimamente ligada a la capacidad que tuviéramos para dominar en el mar. Se repetía el efecto del poder naval en las luchas de la Independencia, en la guerra contra la Confederación, en la integración de nuestro territorio y consolidación de nuestra soberanía, pero su significación no sólo tiene resonancia en la guerra, sino que su existencia y aplicación oportunas son solvencia de capacidad y voluntad política y estratégica. Pero más aún, es también en gran medida garantía de paz y progreso. Chile, nación marítima por excelencia, por imperativo geográfico, ha despertado en nuestros conciudadanos la evidencia de este aserto, puesto que por el mar nos vinculamos internacionalmente, por el mar nos desarrollamos económica y socialmente, y en fin, por el mar vivimos, crecemos y allí está el futuro de nuestro bienestar y la solidez de nuestra prosperidad.

Es por ello que al promulgar nuestro gobierno la política oceánica de Chile, expresa claramente que su objetivo es: »Establecer su condición esencial de país marítimo y como tal, su voluntad y esfuerzo prioritario de mantener, usar y desarrollar los medios y recursos que le imponen y ofrecen sus dominios marítimos y los extrajurisdiccionales relacionados. Todo lo anterior, con el propósito de coadyuvar a asegurar la supervivencia, el desarrollo y el bienestar de la nación, y facilitar el positivo aporte e integración de Chile a las actividades marítimas regionales y mundiales, de acuerdo a las leyes chilenas y al derecho internacional».

De aquí que, en estos últimos 4 años, se haya dado el impulso más trascendental al desarrollo de los intereses marítimos de la nación. Es particularmente halagador recordar en esta fecha el significativo crecimiento de la Marina Mercante Nacional. Efectivamente, hace cuatro años, en este día, el Comandante en Jefe de la Armada y Miembro de la Honorable Junta de Gobierno, almirante José Toribio Merino Castro, planteó el desafío de aumentar, como primera etapa, la flota mercante chilena hasta alcanzar un millón de toneladas en capacidad de transporte. Este desafío será cumplido el presente año y el almirante Merino, al dar inicio oficial al Mes del Mar, destinado a promover y afianzar, en la mente y corazón de los chilenos, las actividades marítimas, señaló su justa satisfacción por esta circunstancia, e indicó que, cumplida esta primera etapa, debe procederse a lograr que el 50% de nuestra capacidad de carga debe poder ser transportado por buques donde ondee el pabellón nacional.

Esta nueva prueba que se plantea a los tripulantes y empresarios navieros chilenos, no sólo tiene su fundamento en normas de seguridad nacional, sino que arranca de las raíces mismas de la Patria, porque el destino marítimo de Chile lo comprendieron O’Higgins y Portales que, aún con la incipiente capacidad económica de Chile de esa época, impulsaron la Marina Mercante Nacional hasta el punto que llegó a ser la primera de América Latina.

Pero también han sido los puertos y los trabajadores del mar y portuarios los que han respondido con creces a alcanzar el rendimiento debido en los terminales marítimos de nuestro país, y hoy podemos exhibir con orgullo que los puertos de la República están entre los más eficientes del mundo, y su espíritu de superación nos permite asegurar cada día mejores resultados.

La investigación, la prospección y la explotación racional de los recursos renovables y no renovables que nos ofrece el mar, el suelo y el subsuelo marino, son garantía de nuevas fuentes de riquezas para el desarrollo y bienestar de los chilenos. Allí están los productos del mar y los recursos mineros que nos auguran un futuro lleno de promisorias esperanzas, para alcanzar mejores niveles de vida. Sepamos aprovecharlos para beneficio de todos y cada uno de nosotros.

Es por ello que hoy, en este puerto, capital marítima de Chile, S.E., el Presidente de la República, firmará el Decreto Ley que establece la nueva Ley de Navegación, instrumento jurídico de grandes proyecciones para el futuro de nuestro quehacer y responsabilidad en las actividades relacionadas con el inmenso mar que nos baña.

GENTE EN LA RECONSTRUCCIÓN DE LA PATRIA

Señoras y señores:

Vivimos, tal vez, la etapa más bella y desafiante de nuestra historia, después del caos político, económico, social y moral en que estuvimos sumidos en los tres primeros años de esta década, en que se nos quiso imponer doctrinas y dogmas foráneos reñidos con nuestro ser nacional y soberano. Hemos emergido victoriosos, merced a la pujanza y sacrificio de todos los chilenos, pese a la incomprensión de gran parte de los países del Universo. Y lo hemos hecho solos. Lo hemos hecho venciendo la adversidad, porque los que nos legaron independencia, amor a la Patria, respeto a la justicia, nos legaron también la consigna de que los intereses superiores de la Patria están por encima de toda consideración, y que los valores esenciales de la persona humana se fundamentan en la libertad, la justicia, la verdad, el respeto y el amor a nuestros semejantes. Es por ello que nuestro horizonte se nos presenta amplio y venturoso, si sabemos asumir plena y férreamente unidos la trascendente y hermosa responsabilidad de hacer de Chile esa copia feliz del edén que nos señala nuestro Himno Nacional.

Hemos superado la etapa más difícil de la descomposición moral en que estábamos sumergidos. Hemos fortalecido el vínculo familiar como el fundamento más sólido de la grandeza de la Patria. Hemos comprendido que el individualismo y el egoísmo deben ser reemplazados por la integración y la solidaridad. Y hemos fortalecido la fe en nosotros mismos, en que unidos y respetándonos, unos y otros, somos capaces de obtener la felicidad y el progreso de todos los hijos de esta tierra que Dios nos diera como bendición.

Emprendamos esta gran tarea con vigor y con tesón, a lo largo y ancho de nuestro hermoso Chile; inspiremos nuestros actos en la herencia y tradición que nos dejaron quienes, como los héroes de Iquique y Punta Gruesa, señalaron una ruta que es ejemplo del sentido del deber, de abnegación y de entrega en aras de la Patria a la que amaron tanto, como a Dios y a su familia.

LA LLAMA ETERNA Y SU SIGNIFICADO

Estamos viviendo el año de la víspera del centenario del 21 de mayo de 1879, y la Armada de Chile rinde esta vez su homenaje a los héroes de Iquique realzando sus memorias con una llama eterna que, en breves momentos más, será encendida por el señor Comandante en Jefe de la Armada, almirante don José Toribio Merino Castro, y junto a ella, una placa cuya inscripción dice:

ESTA LLAMA

SIMBOLIZA EL ESPÍRITU

DE PRAT Y DE LOS HÉROES

QUE OFRENDARON

SUS VIDAS POR LA

GRANDEZA DE CHILE

QUE SU RESPLANDOR

TE HAGA MEDITAR Y SENTIR

ORGULLO DE SER CHILENO

21 Mayo 1978.

Desde la hacienda de San Agustín de Puñual, lugar de nacimiento de Prat, en el pueblo de Ninhue, donde se levanta el Santuario «Cuna de Prat», ideado y promovido por un grupo de beneméritos porteños, viaja desde hace cuatro días, en brazos de jóvenes, por cientos de kilómetros, la antorcha que encenderá esta llama: jóvenes y trabajadores de todos los sectores y de todos los pueblos que jalonan la ruta desde la cuna hasta el altar del héroe, significando con ello la unión y solidaridad de todos los chilenos. Esta llama representa también el faro que ilumina la senda de la gloria y los ideales más nobles de amistad y fraternidad entre las naciones.

Es por ello que me parece oportuno recordar aquí las palabras con que, en el día de la traslación de los restos del héroe y de sus camaradas, desde Iquique a Valparaíso, el 13 de mayo de 1888, pronunciara el general don José Velásquez, a nombre del Ejército:

«Soldados americanos-.

El último de ellos levanta su voz en presencia de estos restos queridos e implora al Dios de los Ejércitos mantenga siempre la paz en estas Repúblicas, hermanas queridas y caras por tantos motivos».

Esa voz chilena refleja un sentir que siempre tuvo nuestra Patria: colaborar con otros pueblos, ayudarlos, relacionarse en un plano de igualdad y de respeto mutuo.

Por algo también dijo, en esa ocasión, un ilustre patriota, don Julio Zegers:

«Hay algo inmensamente superior en el 21 de mayo: el imperio creciente del alma humana sobre la fuerza con que a veces lucha, sobre la fuerza que a veces la oprime. Cuando ese imperio llegue a su apogeo, todos los hombres serán iguales y hermanos, y no habrá sobre la redondez de la Tierra otra jerarquía que la basada en la verdad, en la ciencia, en la justicia y en el derecho».

El derecho. Esa norma de conducta entre los humanos y entre las naciones, destinada a servirles y a guiarles, hecha para ser cumplida antes que pisoteada o desconocida, hecha para ser amada antes que repudiada. Por su derecho luchó Chile entonces, por su derecho lucha hoy, por su derecho tiende una mano amiga y leal a todos los pueblos, en especial a los hermanos de historia o de sangre, para que, olvidado y depuesto lo secundario, se ponga el acento en lo principal, en la unión que consolida y que exalta, que engrandece y que salva.

Y para ello es menester que existan patriotas que amen y sirvan a su Patria hasta el sacrificio de sus propias vidas. Por ello pudo decir, en este mismo sitio, y a esta misma hora, el almirante don Luis Uribe, el 21 de mayo de 1888, al recibir los restos de los héroes de Iquique: «Si, Prat, Condell, Serrano, Riquelme, Aldea, vuestros nombres serán siempre seguro talismán en la hora del peligro y este monumento que alberga vuestras veneradas cenizas, el faro sagrado que alumbrará eternamente a los marinos de Chile, la senda de la victoria o del sacrificio».

Y nada más bello que el homenaje que; un peruano escribiera sobre la tumba de Prat en Iquique: «Vine a visitarte porque te vi sucumbir en el Combate del 21 de mayo».

La visita de la admiración que no reconoce fronteras, sino que tiende una mano de verdad sobre los conflictos, para decirle al otro: tú y yo podemos y debemos marchar unidos.

Que esta llama eterna sea reflejo de pureza en el pensamiento y de amor de todos los hombres de hoy y de siempre.

INVOCACIÓN

Chilenas y chilenos:

En esta solemne ceremonia y ante el recuerdo imperecedero de los héroes de Iquique y Punta Gruesa, invoquemos la protección divina, reiterando nuestra fe en Chile, en la responsabilidad y sentido del cumplimiento del deber, en la generosidad, nobleza y patriotismo de sus hijos, que guiados hacia destinos superiores, representan el porvenir de la Patria y la esperanza de Chile, que como hoy abrigará en su seno las virtudes ciudadanas más caras a la tradición nacional: la libertad, la justicia y el amor a esta tierra, mar y cielo, que nos llena de orgullo al pronunciar su nombre: CHILE.

Fuente: Revista de Marina N° 3/1978. Publicado el 1 de junio de 1978.

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RELATO HISTÓRICO

Combate Naval de Punta Gruesa – 21 de mayo de 1879

La “Independencia” acertó sobre la “Covadonga” una serie de tiros que dañaron los palos, jarcias, botes y carboneras. Habiendo tomado la nave peruana la estela de la goleta, las únicas piezas de artillería realmente peligrosas de los peruanos eran el cañón de proa y las ametralladoras instaladas en la cofa del palo trinquete.

El 21 de mayo de 1879 se produjo el Combate Naval de Iquique en la rada de ese puerto, donde inicialmente combatieron los buques peruanos blindado «Huáscar» y fragata blindada «Independencia», contra los buques chilenos corbeta «Esmeralda» y goleta cañonera “Covadonga», que se encontraban manteniendo el bloqueo de ese puerto. Transcurrida una hora de combate, el «Huáscar» se dedicó a combatir con la «Esmeralda» y la «Independencia» se dirigió sobre la “Covadonga”.

En ese momento, aprovechando el cambio de posición de las naves peruanas, el Comandante de la “Covadonga”, Carlos Condell, decidió salir de la bahía, bordeando los arrecifes de la costa, con rumbo al sur. Cuando pasaba a la altura de la isla de Iquique, posteriormente llamada isla Serrano y hoy unida a tierra, al doblar la punta norte de ésta recibió un proyectil del “Huáscar” que la atravesó de banda a banda, ocasionando la muerte del Cirujano Pedro Segundo Regalado Videla y matando instantáneamente al Grumete Blas Segundo Tellez y al Mozo Felipe Ojeda. A partir de ese momento el Combate Naval de Iquique se dividía en dos.

Continuando con su marcha al sur, a la altura de la playa de Cavancha, la “Covadonga” fue atacada por una gran cantidad de botes armados, con la intención de abordarla. Rechazado este intento por los fusileros de la goleta que hicieron gran cantidad de disparos sobre los botes, continuó su travesía, sorteando la costa, en fondo muy bajo para evitar de esta manera el espolón de la “Independencia”, la que gracias a su mayor velocidad la perseguía a su gusto, adelantándose y atrasándose, pero sin dejar de mantenerla bajo los fuegos de su artillería.

La situación del Comandante Condell en estas circunstancias era difícil, ya que para usar su artillería debía detenerse para presentar su costado y disparar, para luego continuar con su recorrido, con lo cual la distancia entre ambas naves se acortaba, lo que aprovechaba la «Independencia» para dispararle con el cañón de proa de 150 libras.

Frente a la caleta Molle, la “Covadonga” que marchaba muy apegada a la costa, recibió los fuegos de tierra y además, la primera carga al espolón de la fragata peruana, a las 10:00 horas. Al sur de Chucumata, el Comandante Moore, intenta por segunda vez espolonear a la goleta chilena, siendo nuevamente evitado por ésta al esquivarlo cayendo hacia la costa.

En esta marcha paralela entre Molle y Punta Gruesa, la “Independencia” acertó sobre la “Covadonga” una serie de tiros que dañaron los palos, jarcias, botes y carboneras. Habiendo tomado la nave peruana la estela de la goleta, las únicas piezas de artillería realmente peligrosas de los peruanos eran el cañón de proa y las ametralladoras instaladas en la cofa del palo trinquete.

Dándose cuenta de la situación, el Segundo Comandante de la “Covadonga”, Teniente 1° Manuel Orella, dispuso que el Jefe de la Guarnición de la Artillería de Marina, Sargento Ramón Olave, se encargara de impedir que estas piezas fueran utilizadas, ubicándose con cuatro rifleros seleccionados en el castillo de popa de la goleta, disparando desde una distancia de 200 a 300 metros, principalmente sobre los sirvientes del cañón de proa de la nave peruana, que era de avancarga, es decir, se tenía que cargar por adelante, por lo que cada vez que se cargaba, sus sirvientes quedaban expuestos a los tiros de los fusileros chilenos. La puntería de éstos fue tan buena que al poco tiempo el cañón dejó de disparar. En esta acción, además del Teniente Orella y el Sargento Olave, destacó el grumete de ascendencia mapuche Juan Villacura, que había cambiado su nombre por el de Juan Bravo al enrolarse en la Armada, quienes con una extraordinaria puntería causaron la baja a numerosos artilleros peruanos.

El no poder utilizar su cañón de proa, exasperó al Comandante Moore, por lo que decidió atacar por tercera vez al espolón, a las 11:45 horas, en los arrecifes ubicados un poco al norte de Punta Gruesa, donde la “Independencia” a una distancia de 250 metros forzó la maquina y se lanzó sobre la “Covadonga”.

Ante esta situación, el Comandante Condell decidió pasar sobre los bajos, tocando ligeramente con la quilla de su nave, rechinando el casco y estremeciéndose, a pesar de su poco calado. Inmediatamente el comandante chileno comprendió que su enemigo, de mucho mayor calado, no pasaría por las rocas y que indefectiblemente se vararía, exclamando festivamente “¡Aquí se fregaron!”, ordenando instantáneamente caer a estribor y virar hacia atrás.

La «Independencia», sin comprender ese movimiento que la acercaba más al enemigo, siguió exactamente el peligroso derrotero que la “Covadonga” acababa de salvar, y al hacerlo, chocó con gran violencia en las rocas sumergidas, montándose sobre éstas, quedando tendida de costado con su quilla destrozada, con grandes vías de agua en el casco que la inundaron rápidamente.

Al sentir el violento impacto, la tripulación de la fragata peruana que iba tendida sobre el estómago, en espera de acertar el espolonazo sobre la goleta chilena, se puso rápidamente de pie y gritó “¡Viva el Perú!”, creyendo que era la “Covadonga” la que había sufrido el golpe del ariete.

Sucedido esto, la “Covadonga” inmediatamente giro en 180° y pasando por la banda de su rival, tomó posición a popa de ella iniciando un intenso fuego, donde no podía recibir los disparos de los peruanos, acertándole seis cañonazos que destrozaron la cubierta y el casco de la varada fragata, además de un incendio y numerosos heridos.

La marinería peruana gritaba que estaba rendida. Al poco rato arrió la bandera y la cambió por la de parlamento. Al momento el Comandante Condell ordenó cesar el fuego y a viva voz conversó con el Comandante Moore, el cual le ratificó su rendición y a la vez le pidió un bote. El combate terminó a las 12:35 horas.

En un primer momento, Condell había decidido enviar el bote y auxiliar a los náufragos, pero posteriormente cambió de parecer y prefirió poner proa al norte para acudir en ayuda de la “Esmeralda”, de la cual no sabía nada. Esto sucedió casi a las 14:00 horas.

Cuando la “Covadonga” había navegado apenas una milla al norte, divisó al “Huáscar”, ante lo cual viró rápidamente y puso rumbo al sur.

El Comandante del “Huáscar”, Miguel Grau podría haber alcanzado rápidamente a la “Covadonga”, pero impresionado por la magnitud del desastre para la Armada del Perú ocurrido en Punta Gruesa, optó por socorrer a los náufragos de la «Independencia» y no continuar con su persecución.

Por tratarse de una fuente histórica de primer orden, a continuación se citará el Parte Oficial del Combate Naval de Punta Gruesa, presentado por el Comandante de la goleta cañonera “Covadonga”, Capitán de Fragata Carlos Condell de la Haza, al Comandante en Jefe de la Escuadra.

“Comandancia de la cañonera “Covadonga»

Antofagasta, junio 6 de 1879

Tengo el honor de dar cuenta a U.S. del combate ocurrido el día 21 próximo pasado en las aguas de Iquique, entre el buque de mi mando i la «Esmeralda», contra los blindados peruanos «Huáscar» e «Independencia».

Cumpliendo las órdenes de U.S. nuestros dos buques continuaban desde el 17 sosteniendo el bloqueo del puerto de Iquique. Al amanecer del citado día 21, nos encontrábamos haciendo la guardia a la entrada del puerto, mientras la «Esmeralda» vigilaba el interior. A las 6 hs. 30 ms. se avistaron dos humos a 6 millas al N., pudiendo reconocer al blindado «Huáscar» i momentos después al «Independencia». Para mayor seguridad, avancé dos millas en su dirección i reconocidos los buques enemigos, volví al puerto poniendo señales a la «Esmeralda» de dos vapores a la vista disparando un cañonazo de aviso. Comprendida la señal por la «Esmeralda», preguntó: ¿almorzó la gente? i contestado afirmativamente, puso nuevas señales ordenándonos reforzar las cargas i en seguida de seguir sus aguas. Nuestros buques avanzaron tres millas al N. en dirección al enemigo, enfrentando a la quebrada de Iquique i en disposición de batirnos. En este lugar i estando al habla nuestros dos buques a distancia de 100 metros, el comandante Prat nos dijo al habla: Cada uno cumplir con su deber.

A distancia de 100 metros cayó el primer disparo del «Huáscar» en el claro que nos separaba. Ambas tripulaciones saludaron esta primera demostración del enemigo con un ¡Viva Chile! i ordenándonos la «Esmeralda» abrigarnos con la población, volvimos al puerto, tomando aquel buque su primera posición, colocándome con el mío en los bajos de la isla. Colocados así, rompimos nuestros fuegos sobre el «Huáscar», que nos atacaba rudamente.

La «Esmeralda» dirigía también sus proyectiles al mismo buque, haciendo por nuestra parte abstracción de la «Independencia», que nos hacía fuego por batería, pero cuyas punterías eran poco certeras. Una hora había pasado en este desigual combate, cuando observé que el «Huáscar» gobernaba sobre la «Esmeralda», dejando pasar por su proa a la «Independencia», que se dirigió resueltamente a atacarnos. En ese momento estábamos a cincuenta metros de las rompientes de los bajos, corriendo el peligro de ser arrastrados a la playa; de tierra se nos hacía fuego de fusilería i la «Independencia» se acercaba para atacarnos con su espolón. Comprendí entonces que mi posición no era conveniente; desde ese punto no podíamos favorecer a la «Esmeralda» que se batía desesperadamente. Una bala de a 300 del «Huáscar» había atravesado mi buque de parte a parte, destrozando en su base al palo trinquete. Goberné para salir del puerto, dirigiendo todos mis fuegos sobre la «Independencia», que a distancia de 200 metros enviaba sus proyectiles.

Al salir de los bajos de la isla, fui sorprendido por una cantidad de botes que intentaron abordarnos; rechazado este ataque con metralla de a 6 i fusilería, continué rumbo al S. seguido por la «Independencia», que intentó tres veces alcanzarnos con su espolón. Nuestra marcha en retirada era difícil; para utilizar nuestros tiros teníamos que desviarnos de la línea de la costa, aprovechándose la «Independencia», para acercarse i hacernos algunos certeros tiros por baterías, i con su colisa de proa i las ametralladoras de sus cofas. El tercer ataque parecía ser decisivo; nos hallábamos a doscientos cincuenta metros del enemigo que, sin disminuir sus fuegos, se lanzó a toda fuerza de máquina sobre nuestro buque. En ese instante teníamos por la proa el bajo de Punta Gruesa.

No trepidé en aventurarme pasando sobre ella rozando las rocas; el buque enemigo no tuvo la misma suerte: al llegar al bajo se varó, dejando su popa levantada. Inmediatamente viré i colocándome en posición de no ser ofendido por sus cañones, que seguían haciéndonos fuego, le dirigí dos balas de a 70 que perforaron su blindaje. Fue en este instante cuando el enemigo arrió su bandera junto con el estandarte que izaba al palo mayor, reemplazando estas dos insignias con la señal de parlamento. Ordené la suspensión del fuego y púseme al habla con el comandante rendido, quien de viva voz me repitió lo que ya me había indicado al arriar su bandera, pidiéndome al mismo tiempo enviase un bote a su bordo. Esto no fue posible verificar, no obstante mis deseos, porque en ese momento el «Huáscar» se aproximaba. Además nuestra máquina solo podía trabajar con cinco libras de presión i el buque hacía mucha agua a causa de los balazos recibidos; por todo esto creía aventurado pasar a bordo del buque rendido. Intertanto, la tripulación de la «Independencia» se refugiaba en tierra, parte en botes y parte a nado abandonando el buque, que quedaba completamente perdido.

El desigual combate anterior había durado hasta las 12 hs. 35 ms., es decir, cuatro horas. Durante él se dispararon.

38 balas sólidas de a 70

27 granadas de a 70

30 id. comunes de a 9

4 id. de segmento de a 9

17 tarros de metralla i 34 balas de a 9

3.400 tiros a bala i 500 de revólver

Las pérdidas de vidas son las siguientes.

Muertos

Cirujano 1º don Pedro R. 2º Videla, que una bala le destrozó los pies i murió a las 7 de la noche.

Grumete Blas 2º Tellez

Mozo, Felipe Ojeda

Heridos

Don M. Enrique Reynolds Ids, en un brazo, en circunstancia de hallarse en el puente, de ayudante del que suscribe.

Contramaestre 2º, Serapio Vargas

Guardian 2º, Federico Osorio

Fogonero 2º, Ramón Orellana

Marinero 2º, José Salazar

Soldado, Domingo Salazar

Los daños causados por las balas enemigas son:

Una bala de cañón de a 300 que atravesó el buque de babor a estribor, rompiendo el palo de trinquete en el entrepuente, i salió a flor de agua.

El 2º bote destrozado i la chalupa perdida totalmente con uno de sus pescantes.

La jarcia del palo mayor i trinquetes cortados de banda a banda, i la del segundo a estribor.

A popa en la bovedilla una bala dejó su forma sin penetrar, e innumerables tiros de rifle como de ametralladora, en todo el buque.

Según he expuesto, al dejar el costado de la «Independencia», avistamos el «Huáscar» que se nos acercaba a toda fuerza de máquina. La presencia de este buque nos hizo temer la pérdida de la «Esmeralda», incapaz de resistir por mucho tiempo los ataques de tan poderoso enemigo.

Sin embargo de lo desventajoso de nuestra situación, pues estábamos casi destrozados, las municiones agotadas, sobre todo las balas sólidas, i la tripulación rendida con cinco horas de trabajo constante, tomé todas las precauciones para emprender un segundo combate.

Poco después i cuando el enemigo estaba a cinco millas de nuestra popa, i por la cuadra del vencido, vi dirigir su proa en su auxilio. Este retraso nos permitió avanzar, distinguiéndolos nuevamente a diez millas i siempre en nuestra persecución.

En la oscuridad de la noche perdimos de vista al enemigo, i aprovechando la brisa que soplaba, hice rumbo al 0. Proseguí en esa dirección hasta las 12 M. hora en que, creyendo que el ‘Huáscar» hubiese cesado su propósito, me dirigí hacia tierra.

Antes de terminar la narración de los sucesos de este día, me permitiré manifestar a U.S. que los oficiales tanto de guerra como mayores se condujeron, valientemente, cada uno a la altura de las circunstancias, cumpliendo como oficiales i como chilenos.

La tripulación toda sin excepción, ha hecho cuanto podía exigirse, estando en el ánimo de todos la resolución de morir sin arriar nuestra bandera.

Hago una recomendación especial del teniente 1º don Manuel J. Orella, cuyo valor, resolución i serenidad en su puesto, son dignos de elogio. A la vez hago mención especial del buen desempeño del ingeniero 2º don Emilio Cuevas, bajo cuya dirección está la máquina.

Al amanecer el día siguiente 22, recalamos al río Loa, fondeando en Tocopilla a las 8.30 P.M. En este punto fuimos auxiliados por gente de tierra que ayudó a achicar el buque, i por carpinteros que hicieron las reparaciones más urgentes i necesarias para continuar el viaje.

Antes de salir, cumplimos con el penoso deber de enviar a tierra i depositar solemnemente en la iglesia del pueblo, los cadáveres de las tres personas fallecidas en el combate, acompañando a este acto una comisión compuesta del teniente Lynch í del contador señor Reynolds i parte de la tripulación.

En la tarde del día 23 salimos de Tocopilla con rumbo al sur hasta las 11 de la noche en que, a causa del fuerte viento i no avanzando sino una milla por hora, resolví volver al puerto indicado i esperar mejor circunstancia. A las 5 A.M. del 24 zarpé nuevamente al sur, aprovechando la calma de la mañana.

Una floja brisa del norte me permitió largar velas, fondeando en Cobija a las 12 P.M. En este puerto nos pusimos al habla con el vapor «Santa Rosa», que venía del norte, embarcando en él con destino a Antofagasta a los heridos i al contador que debía solicitar del general en jefe el envío de algún vapor que nos diera remolque.

Salí de Cobija a las 3 P.M. i navegando muy cerca de la costa, pasamos mui a la vista de Mejillones, i aprovechando la brisa terral seguimos rumbo a Antofagasta hasta la mañana del día siguiente, día en que a 20 millas de este puerto recibimos remolque del vapor «Rimac» que nos condujo al fondeadero, largando el ancla a las 3 P.M. del 25. A las 6 A.M. un fuerte temporal del Este rompió el ancla i tres espías que amarraban el buque, i a pesar de fondear la segunda ancla con 90 brazas de cadena fuimos arrastrados cinco millas a fuera. A las 8 A.M. fuimos tomados a remolque por dos vaporcitos del puerto i conducidos a la dársena, donde fuimos amarrados convenientemente con un ancla i varias espías.

A la una de este mismo día, cuando creíamos estar en seguridad, nuestro vigía anuncia la aparición del “Huáscar» por el S.O. i a poca distancia del puerto. Tomé inmediatamente una posición que me permitiera defenderme; i percibiendo al buque enemigo que se dirijía a apresar el transporte «Rimac» que huía al N., le dirijí dos tiros con el fin de distraerlo i dar tiempo para la salvación del transporte. Esto se consiguió, porque el «Huáscar» paralizó un momento su marcha, siguiendo momentos después su propósito, pero inútilmente. A las 4 P.M. el «Huáscar» volvió al puerto i después de un prolijo estudio de la costa, lanzó su primer tiro a nuestro buque. Inmediatamente fue contestado por nuestros cañones i los fuertes o baterías de tierra, siguiéndose un tiroteo de dos horas sin resultado notable, habiéndose consumido por nuestra parte 35 tiros de bala sólida.

La tripulación de la «Covadonga», a pesar de solo haber recibido tres o cuatro instrucciones sobre el manejo de la artillería, estaba ya en aptitud de desempeñar su puesto de combate. No obstante, los oficiales que comandaron las colisas de a 70 solicitaron de mí como un honor el ocupar los puestos de cabos de cañón.

Así, el teniente Orella en la colisa de proa y el teniente Lynch en el de popa, apuntaron i dieron fuego durante todo el tiempo, obteniendo el manejo mejor que pudiera desearse.

Al presente me hallo con el buque de mi mando fondeado en la dársena del puerto, que solamente tiene 2 o 3 brazas de agua, i por consiguiente, al descomponerse la barra con la marejada, la quilla toca el fondo i hace sufrir al buque, circunstancia que le hago notar para que U.S. se sirva tomar a la mayor brevedad la resolución más conveniente.

El departamento de la máquina que, como ya he dicho a U.S., ha sido atendida por el ingeniero Cuevas i sus subordinados, se halla a la fecha listo con un solo caldero (pues el otro está inutilizado) i después de haber cambiado un émbolo que oportunamente recibimos de Valparaíso.

No omitiré la circunstancia de hacer presente a U.S., que el mayor andar conseguido durante el combate del 21, nunca fue más de cuatro millas.

Es cuanto tengo el honor de dar cuenta a U.S.

Dios guarde a U.S.

CARLOS A. CONDELL

Al Señor Almirante i Comandante en Jefe de la Escuadra”

El brillante triunfo obtenido por la vieja y débil goleta cañonera “Covadonga”, fue un golpe que la Marina del Perú no pudo superar jamás en el transcurso de la Guerra del Pacífico.

La poderosa fragata blindada “Independencia” era la mejor y más moderna nave de la Escuadra peruana, superior en todo aspecto al blindado “Huáscar”, tanto así que por sí sola representaba la tercera parte del poder naval peruano.

A partir del 21 de mayo de 1879 la Escuadra peruana tuvo que depender solo del “Huáscar”, el que debió realizar una guerra de corso, ya que no estaba en condiciones de enfrentar de igual a igual a los blindados chilenos “Almirante Cochrane” y “Almirante Blanco Encalada”, quedando la Escuadra chilena con la superioridad en el Pacifico, lo que le abrió las puertas a la invasión del territorio peruano una vez capturado el “Huáscar” en la Batalla Naval de Angamos el 08 de octubre de 1879.

En el corto plazo, tanto la resistencia de la “Esmeralda”, como la pérdida de la “Independencia”, significó para el Perú, el no poder ejecutar su plan de capturar el convoy con tropas, destruir las máquinas resacadoras de agua de Antofagasta, de importancia fundamental para suministrar el vital elemento a las tropas que se estaban concentrando en ese puerto y por último atacar a los puertos del litoral norte de Chile.

Los Combates Navales de Iquique y Punta Gruesa crearon una mística que acompañó a las fuerzas chilenas durante toda la guerra, que permitió lograr la victoria final a pesar de los inmensos sacrificios y penurias soportadas por nuestro Ejército y Armada. Lo más importante de este combate, es que inflamó el espíritu patriota de los chilenos y reforzó la tradición iniciada por el Almirante Lord Thomas Alexander Cochrane, durante la Guerra de la Independencia, y cumplida hasta la fecha, que es luchar contra el enemigo para «Vencer o Morir», lema grabado en bronce en todas las unidades de la Escuadra Nacional, la que al igual que en el pasado es la garante de la soberanía nacional.

Fuente:     Página web Armada de Chile

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CARABINEROS DE CHILE

27 DE ABRIL DE 1927, FUNDACIÓN DE CARABINEROS DE CHILE

Extracto del libro BREVE HISTORIA DE LA FUNCIÓN POLICIAL EN CHILE, editado por el Museo Histórico Carabineros de Chile

Portales y la Policía: El Cuerpo de Vigilantes

1830 – 1850

La policía también estará dentro de las instituciones que preocupaban al gobierno de la época, particularmente al Ministro del Interior Diego Portales. Es así como, en un afán de distanciarla de las formalidades militares, crea en junio de 1830 –durante el gobierno del Presidente José Tomás Ovalle– el Cuerpo de Vigilantes de Policía que entraría en funciones el 30 de ese mes y año, junto con la extinción de la Compañía de Carabineros de Policía.

El Cuerpo estaba conformado por 90 hombres de a pie y a caballo, los cuales debían usar “precisamente un uniforme que los distinga y haga conocer a larga distancia”, según señala el artículo 11 de su reglamento orgánico. Además, tenían la potestad de pedir ayuda al público cuando “tengan que usar de la fuerza”, pronunciando “en alta voz las palabras FAVOR A LA LEY”, acudiendo todo individuo a prestar auxilio bajo las penas señaladas por la legislación.

De acuerdo a su reglamento, los Vigilantes debían cuidar de la decencia pública y prevenir los delitos en las calles, además de aprehender a los delincuentes sorprendidos in fraganti y hacer cumplir las disposiciones de policía, aseo, comodidad y buen orden de la población durante el día.

Los Vigilantes de Policía darán paso al Cuerpo de Vigilantes de Santiago en junio de 1850, mediante reforma de los primeros, a imitación de la policía de Valparaíso.

La primera fusión: La Brigada de Policía

1850 – 1860

La proclamación de la candidatura de Manuel Montt Torres a la Presidencia de la República, motivó una serie de revueltas populares que llevaron a la formación de diversos grupos políticos. La agitación social producida por el supuesto intervencionismo electoral del gobierno del General Manuel Bulnes Prieto llevó a que se produjera la primera unión policial entre el Cuerpo de Vigilantes de Policía y

el Cuerpo de Serenos, cuya fusión da vida a la Brigada de Policía de Santiago.

Cabe destacar que en otras ciudades del país ya se habían unificado ambos servicios, en atención al mejor aprovechamiento de los recursos. Ésta anexión hacía alusión a un proyecto de 1845, por lo que se reformulaba a petición del Intendente de Santiago a la Municipalidad.

El 27 de diciembre de 1850 se disuelven los cuerpos antes señalados y se establece el nuevo que entra en funciones oficialmente el 22 de enero del año siguiente, con una dotación total de 378 hombres que quedaban organizados exactamente en la misma forma que el Ejército de Línea, tanto en los aspectos de orden como económicos. En lo referente al servicio debían seguir las instrucciones de los vigilantes y serenos hasta la dictación de un reglamento particular. Cabe destacar que la fusión conllevó que, por primera vez, existía un cuerpo encargado del orden público las 24 horas del día los siete días de la semana.

La Guardia Municipal de Santiago

1860 – 1889

Las buenas actuaciones de la Brigada de Policía le valieron el respeto de sus conciudadanos, no obstante requería de reformas. Diez años después de su creación, el 1° de enero de 1860, se concretaba el cambio pasando a denominarse Guardia Municipal de Santiago. El 3 de enero se aprueba su Ordenanza conservando la naturaleza militar de la Brigada, pero rigiéndose en los aspectos disciplinarios y de ordenamiento interior a todas las prescripciones de la Ordenanza General del Ejército, vigente para los cuerpos de línea. Constaba de una Plana Mayor y dos secciones, una de infantería y otra de caballería de entre 70 y 90 hombres cada una, divididas en cuatro compañías.

La Guardia Municipal de Santiago acarreó una serie de innovaciones particularmente por el auge dado por el Intendente Francisco Bascuñán Guerrero: se establecieron por primera vez requisitos precisos de incorporación, se regularon los ascensos y las remuneraciones fueron mejoradas, además se creó un sistema de premios, gratificaciones y montepío; se mejoró ostensiblemente la infraestructura de los cuarteles y se organizó una policía secreta encargada de las investigaciones, compuesta por personal de civil.

En tanto, durante la administración del Intendente Benjamín Vicuña Mackenna se agregaron cambios en la distribución de los policías por la ciudad y se estableció la estadística policial, un hecho inédito hasta ese momento que consistió en llevar una cuenta detallada de los delitos, su origen, sus hechores y un largo número de cifras con el fin de obtener conclusiones respecto a cómo funcionaba el crimen.

La Guardia Municipal tuvo gran éxito, no obstante las críticas de algunos políticos por su gestión y los problemas económicos. Duró hasta el año 1889, cuando fue reemplazada por la Policía de Seguridad.

La Policía en la Guerra del Pacífico

1879 – 1884

La Guardia Municipal tuvo una actuación destacada en uno de los conflictos internacionales más importantes de nuestra historia: la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile contra la alianza que conformaban Perú y Bolivia, entre 1879 y 1884.

Problemas fronterizos, el hallazgo de nuevos recursos económicos, el descubrimiento de un pacto secreto que unía a Perú y Bolivia y el incumplimiento de una cláusula del Tratado Limítrofe chileno-boliviano de 1874 por parte de los altiplánicos, precipitaron un conflicto que se extendería por cinco años, movilizando a más de 40 mil hombres que se enrolaron en el Ejército.

El esfuerzo bélico también hizo eco en las municipalidades de Santiago y Valparaíso, quienes ofrecieron sus policías como batallones movilizados con el nombre de “Bulnes” y “Valparaíso” respectivamente. Ambos municipios facilitaron sus guardianes costeando sus sueldos, mientras durase la campaña. En tanto, en los dos casos a cargo de la seguridad en las ciudades quedaron los cuerpos de bomberos, con más o menos apoyo de algunos policías que no fueron considerados

en la movilización.

El Batallón “Bulnes”, en palabras del General en Jefe del Ejército Expedicionario del Norte Manuel Baquedano: “se ha distinguido por su moralidad, subordinación y escrupuloso cumplimiento de sus deberes”. Tuvo el honor de combatir en Pisagua (2 de noviembre de 1879), Dolores (19 de noviembre de 1879), Los Ángeles (26 de marzo de 1880), Arica (7 de junio de 1880), Chorrillos (13 de enero de 1881) y Miraflores (15 de enero de 1881), para hacerse cargo de la función policial en la capital peruana, Lima, a partir de entonces.

La Policía de Seguridad de Santiago

1896 – 1927

El 25 de mayo de 1889 se produjo una de las reformas más importantes a la policía en su historia. De esa fecha es el Decreto Supremo mediante el cual el Presidente de la República José Manuel Balmaceda, sustituye la Guardia Municipal por la Policía de Seguridad de Santiago, institución de carácter eminentemente civil, con uniformes y terminología que la hacía diferenciarse de los militares.

Así, la policía quedó conformada por una Prefectura y ocho Comisarías, estableciéndose además un mínimo de 102 hombres por unidad para su funcionamiento. El Prefecto era el único jefe de la policía, ya que antes cada unidad contaba con su respectiva administración. Los recursos tecnológicos también fueron importantes. Se dotó a esta policía, en principio, de 10 aparatos telefónicos por Comisaría los que se encontraban en cajas de fierro empotradas en los edificios, conectados a una central por líneas especiales.

Sus funciones principales eran: la conservación del orden público, la seguridad de las personas y las propiedades, la vigilancia sobre el cumplimiento de las leyes, ordenanzas y demás disposiciones legales vigentes.

Otras importantes innovaciones guardaban relación con el establecimiento de libros de turnos, para tener siempre claridad respecto de quién estaba cumpliendo determinado rol y en qué lugar; además, se dispuso que en cada comisaría se destinaran dos horas para la instrucción reglamentaria de los guardianes, así como cada una de ellas contaba con secciones de pesquisas o policías de civil para realizar diligencias de investigación.

Comienza de ese modo un camino de profesionalización en los funcionarios, interrumpido sólo por los acontecimientos de la Guerra Civil de 1891, que terminó por disolver a las policías, las cuales prestaron apoyo al bando derrotado. No obstante, más adelante vendrán importantes reformas en la dirección marcada por la Policía de Seguridad de Santiago.

Las Policías Fiscales

1896 – 1927

Las Policías Fiscales son el último estadio de la evolución ascendente de la policía urbana en Chile, antes de la creación de Carabineros. Este cuerpo policial nace por Ley N° 344 de 12 de febrero de 1896 y establece que “los gastos que exija el sostenimiento de la policía de seguridad de Santiago correrán a cargo del Tesoro Nacional desde el 1° de enero de 1896 y desde el 1° de Septiembre del mismo año se extenderá esta medida a las policías que funcionen en las cabeceras de departamento”, siguiendo en las demás ciudades las policías comunales. Agregaba la ley que: “serán organizadas y dirigidas por el Presidente de la República desde que su sostenimiento se haga con fondos fiscales”. Estas policías se organizaban en dos secciones: una de Orden, encargada de mantener la tranquilidad pública y velar por el cumplimiento de las leyes y otra de Seguridad, con la misión de perseguir y aprehender a los delincuentes, así como ejecutar las diligencias investigativas pertinentes.

Comienza entonces una etapa de profesionalización de la policía urbana marcada por varios hitos: entre ellos destaca la creación de la oficina de filiación antropométrica, encargada del control de delincuentes y reos salidos de la cárcel, tarea que comenzó en 1900. Esta oficina derivará más tarde en la Sección de Identificación de la Policía Fiscal la que debía filiar a todos los habitantes de la República, lo cual se transformó en obligación mediante Decreto Ley N° 26 de 1924.

En lo que respecta a la preparación del personal, sobresale la gestión del Prefecto Joaquín Pinto Concha de instaurar una imprenta para la Policía, publicando a partir de 1901 el Boletín de la Policía de Santiago, órgano difusor de la reglamentación y leyes que los policías debían conocer. En este plano se enmarca la creación de la Escuela Policial, en agosto Las Policías Fiscales por gestión del Mayor de Ejército Enrique Quiroga Rogers, entonces Prefecto de Santiago.

En el plano organizacional, de gran trascendencia es la creación en 1906 de la Brigada Central, también por petición de Joaquín Pinto Concha. Esta unidad especial, se encargó de regular el tránsito en calles de alto movimiento, realizar servicios en el Congreso Nacional o en eventos de alta convocatoria de público, entre otros.

La década de 1920 está marcada por grandes transformaciones para la Policía Fiscal. En 1922 es nombrado Prefecto un funcionario salido de las filas policiales: Julio Bustamante Lopehandía, lo que será la tónica en el futuro. Un año más tarde, se inaugura el Stadium Policial con presencia del Presidente de la República Arturo Alessandri Palma y las más altas autoridades del país. Este centro deportivo tuvo relevancia a nivel nacional. Aquí era local el Club Atlético Brigada Central, creado en 1920.

La transformación más importante de las Policías Fiscales se produce en 1924 cuando, mediante la Ley N° 4.052 de 13 de septiembre de 1924 se crea la Dirección General de Policías Fiscales, unificando el accionar de las policías de todo el país. La Ley, cuyo texto definitivo se fijó por el Decreto Ley N° 754 del 16 de diciembre de 1925, organizaba a la Policía Fiscal en seis zonas y estableció las secciones correspondientes, ya nombradas. Esta reforma dejó el camino cimentado para la posterior unificación de las policías y crea un estamento nacional único y centralizado para todo el territorio nacional.

Las policías rurales desde el siglo XIX

1881 – 1927

El siglo XIX en Chile tenía como una de sus principales características la existencia de una sociedad fundamentalmente rural, volcada a las actividades mineras y agrícolas. Curiosamente, a pesar de esta realidad, no existía una policía rural establecida hasta la década de 1880.

Políticos como Antonio Varas plantearon ya en 1860 la necesidad de contar con una, dados los acontecimientos ocurridos en la Guerra Civil que enfrentó al país en 1859, sin embargo los fondos no existían para solventarla.

Dos factores importantes se conjugaron para crear una policía rural a comienzos de la década de 1880: la crisis económica que azotó a Chile durante década de 1870, que provocó un aumento del bandolerismo, fundamentalmente en la zona de Colchagua y el Maule, y el retorno de parte importante de los batallones movilizados para la Guerra del Pacífico, situación que dejó sin ocupación a gran parte de los ex soldados.

El proyecto de Policía Rural

1881

Antes del proyecto, existía en los campos una especie de servicio de policía denominados Celadores de Policía, los cuales eran vecinos que se comprometían a realizar turnos policiales, a fin de no cumplir con la obligación de inscribirse en la Guardia Nacional. No obstante, esta situación acarreaba falta de preparación, lo que sumado a la carencia de recursos como armamento y caballos daba como resultado que varios terminaran muertos o heridos en enfrentamientos con delincuentes mejor preparados.

Es así que el 16 de diciembre de 1881 se aprueba una Ley que crea a la Policía Rural, dependiente de los Gobernadores de los Departamentos rurales del país, obteniendo los recursos económicos para sostenerla por medio de una contribución especial a los vecinos. Los mayores colaboradores formaban la Junta Departamental de Vigilancia que debía resolver los presupuestos, los cuales tenían un crecimiento limitado.

Sin embargo, todo falló en este experimento, desde los recursos económicos al personal que debía mantener sus propios caballos. La Municipalidad de Santiago, por ejemplo, quedó sin policía para sus zonas rurales en 1888, producto de una rebaja impositiva que no le permitió sustentarla, por lo que se volvió a dejar sin protección campos y caminos.

El Cuerpo de Gendarmes de las Colonias

1896 – 1907

Prácticamente las mismas razones que motivaron la creación de la Policía Rural, inspiraron el nacimiento de una unidad dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores, Tierras y Colonización denominada Cuerpo de Gendarmes para las Colonias.

Para su organización se solicitó al Capitán Hernán Trizano Avezzana, de dotación del Regimiento Húsares de Angol, quien había desempeñado funciones como director de policía en diversas localidades de la zona. Trizano dividió el cuerpo en tres para hacerse cargo de la zona Arauco-Malleco, Cautín-Valdivia y Llanquihue-Chiloé. El jefe del cuerpo era nombrado exclusivamente por el Presidente de la República y dependían directamente de los Intendentes de las provincias.

Los Gendarmes de las Colonias estaban destinados a proteger exclusivamente a las colonias nacionales y extranjeras asentadas en el territorio antes dicho. Además, se les encargaba realizar reparaciones de caminos y puentes cuando fuera necesario y llevar a los delincuentes ante la Justicia. Cabe destacar que los Gendarmes de las Colonias empleaban material dado de baja del Ejército, por ejemplo uniformes, caballos y armamento, en tanto, su remuneración era significativamente menor.

Tras varias reorganizaciones pasaron a depender del Ministerio del Interior y se unificaron como cuerpo. La falta de recursos para desempeñar su labor llevó al gobierno de Pedro Montt Montt a incorporarlos al Cuerpo de Carabineros, a partir del 1° de mayo de 1907.

Del Regimiento Gendarmes al Cuerpo de Carabineros

1902 – 1927

Ya se han señalado las dificultades en materia de seguridad que afectaban a los campos chilenos, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Estos factores se extendían a la pampa salitrera, donde se veían aumentados por el descontento existente por las condiciones laborales en que trabajaban los obreros, situación que en general se conoce como “cuestión social”. Habitualmente el encargado de controlar el orden público en situaciones de este tipo y ante la inexistencia de una policía rural organizada, más allá de los Gendarmes de las Colonias que actuaban en un área específica y determinada, era el Ejército o la Armada. Los mandos castrenses no se encontraban de acuerdo con la situación y la representaban continuamente a sus superiores, porque desarticulaban la disciplina.

Normalmente las labores de represión del bandidaje se encomendaban a unidades de Caballería que se encontraban distribuidas en diferentes territorios. El General Emilio Körner solicitó terminar con esa disgregación lo que tuvo como consecuencia la emanación del D.S. N° 957 de 24 de mayo de 1902 que pone a disposición del Ministerio del Interior un escuadrón de cada regimiento de caballería del Ejército los

cuales fueron conocidos como “gendarmes”, nombre que fue oficializado en 1903.

El Regimiento Gendarmes tenía doble dependencia. Según el D.S. N° 66 de 27 de enero de 1904 lo hacía del “Ministerio de Guerra en cuanto a su organización, disciplina y abastecimiento; y del Ministerio del Interior en cuanto a su movilización y distribución en el territorio de la República”, además del rancho, forraje, viáticos y gratificaciones. Esta unidad, el 5 de febrero de 1906 sin dejar consignada ninguna razón, cambia de nombre a Regimiento de Carabineros mediante D.S. N° 113.

El 23 de enero de 1907 por D.S. N° 255 se promulgó el Reglamento Orgánico para el Servicio del Regimiento de Carabineros, documento en el cual se habla indistintamente de “Cuerpo” o “Regimiento”, para referirse a la unidad militar.

El Cuerpo tenía una dependencia particular al interior del Ejército: era una fuerza militar en tiempos de guerra, pero no formaba parte de las guarniciones en tiempos de paz. Además, mantenía esta doble dependencia respecto de Interior y Guerra. Su orgánica de servicios daba autonomía a los soldados que, a diferencia de lo que hacían en el Ejército, debían patrullar a lo sumo en parejas.

Rápidamente comenzó a expandirse este Cuerpo y los buenos resultados llevaron a innovaciones tendientes a su profesionalización. El 19 de diciembre de 1908 se creó la Escuela de Carabineros que pretendía formar tropa y clases para el Cuerpo considerando las diferentes necesidades que existían entre éste y el Ejército. Al año siguiente se aprueba la creación del primer Curso de Aspirantes a Oficiales.

Al crecimiento en materia formativa se suma el territorial y las atribuciones asociadas a las nuevas funciones. La primera expansión se dio con la incorporación en 1907 de los Gendarmes de las Colonias, en 1914 se incorporó la Policía de los Ferrocarriles del Estado que se había creado en 1904, pasando a ser Regimiento de Carabineros de Ferrocarriles. Además, al Cuerpo también se le encargó comenzar a relevar a las unidades del Ejército en la Guardia de Palacio, labor que desde 1932 sería ejercida exclusivamente por Carabineros.

En 1919 se aprueba la Ley N° 3.547, Orgánica del Cuerpo de Carabineros que lo define como “una Institución militar encargada de velar por el mantenimiento del orden en todo el territorio de la República y en particular en los campos y caminos públicos”. Posteriormente, el Cuerpo iniciaría una expansión progresiva, particularmente durante las comandancias de los Tenientes Coroneles Alfredo Ewing Acuña y Carlos Ibáñez del Campo. En 1925 se aprueba el D.L. N° 283, que complementa la Ley Orgánica del Cuerpo, facilitando así el aumento de dotación y aspectos relacionados con retiros y montepíos.

Finalmente, a mediados de 1923, al Cuerpo de Carabineros se le encomienda una nueva responsabilidad: La protección de la Aduana de Valparaíso. El éxito de la iniciativa solicitada por el Ministerio de Hacienda, llevó a que en 1924 se creara el Escuadrón de Carabineros de Aduanas.

La Fusión

1927

Mientras el Coronel Ibáñez aún era Vicepresidente de la República, se materializó una idea que ya había tenido sus primeros adelantos en 1924, con la unificación de

la Policía Fiscal: la creación de una policía única para todo el país.

La determinación se hizo pública el 30 de marzo de 1927, cuando el Vicepresidente Ibáñez fue invitado a una comida ofrecida por la Policía Fiscal en el Casino de Oficiales de la 4ª Comisaría de Santiago. En ella estaban presentes el Prefecto de Santiago, Manuel Concha Pedregal y el Director General de Policías, Coronel de Ejército Bartolomé Blanche Espejo.

Ibáñez, durante un discurso, señaló que “el Gobierno está estudiando la forma de que los servicios de Carabineros y la Policía puedan unirse, desde Tacna hasta Punta Arenas”. Este hecho fue refrendado, no sin oposición de algunos sectores políticos e internos del Ejército, con la firma del Decreto con Fuerza de Ley N° 2.484 de 27 de abril de 1927 que en su artículo primero señala: “Fusiónense los servicios de Policías y Carabineros, formando con su personal, dependencias, armamentos y demás elementos, una sola Institución que llevará el nombre de ‘Carabineros de Chile’”.

Según información de la Dirección General publicada en el diario El Mercurio del 23 de julio de 1931, Carabineros de Chile quedaba constituido por 17.645 hombres de tropa y 1.018 oficiales. Cada estamento aportó la siguiente dotación:

• Policías Fiscales: 728 oficiales y 8.628 hombres de tropa.

• Cuerpo de Carabineros del Ejército: 204 oficiales y 3.760 hombres de tropa.

• Carabineros de Aduana: 19 oficiales y 329 hombres de tropa.

• Carabineros de Ferrocarriles: 33 oficiales y 751 hombres de tropa.

• Gendarmería de Prisiones: 34 oficiales y 1.454 hombres de tropa.

• Policías Comunales: 2.723 hombres de tropa.

El D.F.L. citado incluía los puntos relacionados con quienes pasarían a integrar la nueva policía así como sus atribuciones y la dotación con que debían contar los Carabineros de Investigaciones. Todo ello daba vida a la nueva Institución que irá progresando y avanzando en base a los dos estamentos que reunía en su seno: la

Policía Fiscal y el Cuerpo de Carabineros del Ejército. La primera aportó su experiencia en el servicio de orden y seguridad en las ciudades, un servicio de investigaciones y otro de identificación. En tanto, la segunda lo hizo con respecto a los campos y caminos rurales, las estaciones de ferrocarriles, aduanas y fronteras.

Símbolos Institucionales: La identidad del Carabinero

Las carabinas cruzadas y el color verde son quizás los símbolos más reconocidos por la población que identifican a los Carabineros. Ambos son herencias provenientes del Cuerpo de Carabineros, así como el himno institucional, compuesto en 1910 por el entonces Mayor Francisco Flores Ruiz, Comandante General del Cuerpo. Hace alusión al lema de la unidad, que también fue heredado por la nueva Institución “Orden y Patria”. Esta pieza fue musicalizada por Arturo Arancibia Uribe y adoptada oficialmente en 1928 por toda la Institución.

Pero la tradición musical se remonta a muchos años antes y tiene sus orígenes tanto en las bandas militares como en el Orfeón de la Policía de Santiago. Este último es el que deriva finalmente en el Orfeón Nacional de Carabineros de Chile creado por D.S. N° 3.331 de 25 de julio de 1929.

Pero los símbolos y las tradiciones deben conservarse e invitar a rememorar hechos o personas. Con este sentido se crea el Museo Histórico Carabineros de Chile mediante la Orden General N° 189 de 17 de marzo de 1958 y dependiente del Instituto Superior de Carabineros. Actualmente funciona en la ex Dirección de la Escuela de Carabineros, lugar que ocupa desde 1992 y depende de la Dirección de Educación, Doctrina e Historia.

La misma intención es la que motiva la creación del Monumento Gloria y Victoria o Monumento a los Mártires de Carabineros, inaugurado en abril de 1989 y ubicado en la principal avenida de Santiago, con el fin de evocar a aquéllos que perdieron la vida en el cumplimiento del deber. El primer mártir de Carabineros es el Vicesargento 1° Guillermo Aguilera Pastene, caído el 12 de junio de 1927 a meses de haberse creado la Institución. En el lugar también se encuentra la tumba del Teniente Hernán Merino Correa, quien murió en Laguna del Desierto en 1965.

Lo anterior está directamente relacionado con la doctrina institucional que cuenta entre sus fuentes la historia, las normas legales y reglamentarias que rigen la función policial y los principios y valores propios de Carabineros. Todo esto se sistematizó y estampó en el Manual de Doctrina de Carabineros de Chile, publicado en 2010.

Planteles de Formación y Educación Institucional

El principal plantel formador de la Institución es la Escuela de Carabineros creada en 1908. En 1968 recibió el nombre del fundador de Carabineros de Chile, General Carlos Ibáñez del Campo.

Pero la educación y formación deben ser constantes. Es por eso que en 1939 mediante D.S. N° 5.914 se crea el Instituto Superior de Carabineros de Chile con el fin de perfeccionar a los oficiales y entregarles las competencias necesarias para el

ejercicio del mando superior. En 1998 recibe su actual denominación: Academia de Ciencias Policiales.

En tanto, el perfeccionamiento del personal de la Institución data de 1932, cuando se crea un escuadrón de cabos alumnos dependiente de la Escuela de Carabineros. Esta unidad será el origen, luego de varios cambios de denominación y dependencia, de la Escuela de Suboficiales Suboficial Mayor Fabriciano González Urzúa, formada en 1974.

Del mismo modo, quienes desean ingresar a las filas de Carabineros en el escalafón de Personal de Nombramiento Institucional (PNI), deben hacerlo a través de la Escuela de Formación de Carabineros Alguacil Mayor Juan Gómez de Almagro, establecimiento creado en 1989 y que derivaba del Centro de Especialidades y de Instrucción formado 10 años antes. Actualmente, consta de nueve grupos desplegados de Arica a Ancud.

Cambios Organizacionales para adaptarse a los tiempos

El funcionamiento de la Institución, desde antes de su creación, se ha regulado por leyes y decretos. Actualmente, se rige por la Ley Orgánica Constitucional de Carabineros de Chile N° 18.961 de 27 de febrero de 1990, donde se establecen las características, atribuciones y principios que sustentan su accionar.

No obstante, los cambios vienen de mucho antes. Cuando se creó Carabineros de Chile en 1927 su jefe máximo era el Director General que normalmente era un oficial superior o General del Ejército. Esta situación cambió en 1931 cuando por D.S. N° 2.703 se nombró Director General de Carabineros al Coronel Manuel Concha Pedregal, un oficial salido de sus filas. El 20 de abril del año siguiente, por Ley N° 5.109, nace la plaza de General Director de Carabineros ascendiendo el mismo Concha Pedregal, mediante D.S. N° 1.263 del 21 de abril. Desde allí, el mando de la Institución será ejercido por un Oficial de Carabineros marcando su total separación del Ejército.

Otro cambio organizacional trascendente es la incorporación de la mujer. Si bien éstas ejercían labores de secretaría y telefonistas desde 1927, no será hasta 1962 cuando ingresen las primeras mujeres uniformadas a Carabineros, pasando a formar la Brigada Femenina, cuya función era la atención a menores en situación vulnerable y los temas de familia. Esas primeras mujeres carabinero pasarán luego al Escalafón Femenino de Orden y Seguridad como oficiales. En la actualidad ellas

están plenamente incorporadas a la actividad en igualdad de condiciones con los hombres, incluyendo el Alto Mando. En 1998 asciende la primera mujer General en Latinoamérica: la General Mireya Pérez Videla.

El mismo año se inicia la fase experimental del Plan Cuadrante de Seguridad Preventiva, cuyo objetivo es optimizar la reacción policial subdividiendo el sector jurisdiccional de una Comisaría, conociendo más de su composición social, demográfica y económica. Es quizás el ícono de una serie de estrategias implementadas por la Institución para la prevención del delito.

Fuente:    Página web Museo Histórico de Carabineros de Chile

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CRÓNICA (CAPELLÁN PASCAL)

Biografía Presbítero Capellán Pascal

Alicia Vicencio Araya

Profesora de Religión – Pastoral

Colegio Capellán Pascal

El presbítero Enrique Pascal García-Huidobro, nació en Viña del Mar, el 04 de Abril de 1917, en el seno de una distinguida familia de la ciudad, formada por la señora Marta García-Huidobro y el señor Enrique Pascal Valdés.

Don Enrique Pascal (como lo llamaban sus conocidos) fue un destacado alumno de los colegios Sagrados Corazones de Viña y Valparaíso, donde cursó su enseñanza básica y de humanidades (actualmente Educación Media). Después de recibir su bachiller en humanidades ingresó al curso de leyes que se dictaba en el Colegio de los Sagrados Corazones, (origen a la fundación de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso).

Más tarde, ingresó a la Universidad de Chile obteniendo en 1942 la Licenciatura de Derecho, después de haber rendido un brillante examen de grado y haber aprobado su memoria titulada «De las Presunciones», con la máxima distinción otorgada por la comisión examinadora y premiada por el Colegio de Abogados de Valparaíso. Esta obra fue reconocida como un instrumento de gran envergadura en lo referido a «Medios Probatorios», (consultada hasta del extranjero), lo que la convirtió en un clásico del Derecho Procesal.

Hombre dotado de grandes facultades que buscaba lo más refinado y digno para todo, especialmente para las cosas de Dios; de gran sensibilidad, pedagogo por naturaleza, artista; intelectual, de gran carácter, y por sobre todo, hombre de Dios, que vive la justicia por profesión primera.

Desde joven su vida estuvo orientada al servicio y defensa de los postulados católicos. Realiza diversas actividades en la Acción Católica Universitaria donde ejerce la presidencia, desempeñando una excelente labor en Chile como en otros países.

Asistió a dos Congresos de Paz Romana en España y Suiza en el año 1949.

Participa en la II Semana Internacional de la Acción Católica en Cuba, donde se relaciona con jóvenes de diversas realidades y culturas que tenían en común la fe en Jesucristo y la Iglesia Católica.

Todo este nutrido apostolado va a despertar su vocación hacia un servicio más comprometido, lo que lo lleva a ingresar al Seminario Pontificio, cuando cuenta con 36 años de edad.

 Por otra parte, su gran sensibilidad artística quedó plasmada en la música que compuso para su primera misa en base a órgano y cuatro voces de los coros del Kirie, Gloria, Sanctus y Anus Dei. Lo que hizo que esta misa fuera original y lo acreditara como el concertista en piano que era.

El 19 de septiembre de 1953, el entonces Obispo de la Diócesis Monseñor Rafael Lira Infante, lo invistió Sacerdote.

Dentro de sus funciones sacerdotales se desempeñó como Capellán Honorario de la Escuela Naval de Valparaíso a partir del año 1959. Pasando a integrar la planta de Capellanes Navales, donde desarrolla labores de asesoría.

Aspecto importante es su continua preocupación por los problemas alusivos a la Familia Naval , sus prédicas sobre este tema fueron un gran aporte no sólo para la familia naval, sino también allí donde celebraba misas, matrimonios, charlas, etc. Prestaba servicio en la parroquia San Benito de Chorrillo su barrio y la Catedral de Valparaíso.

Hizo una gran contribución en la formación iniciativa de sacerdotes, propiciando y apoyando la idea de fundar un Seminario Diocesano; que se concreta el 19 de marzo de 1969. Fue profesor de Teodícea, Psicología, Etica y Metafísica en esta casa de formación.

Recordado como el Maestro por Excelencia, que con su entrega contribuye de manera significativa a la formación de todos aquellos que le conocieron y que siguieron sus huellas a través de las diferentes generaciones, las cuales quedaron impregnadas de su sabiduría talento manifestado por su particular metodología de la «Ironía» que pretendía remover hasta al más desinteresado de sus alumnos; combinado con un sentido de humor muy propio, hacía de don Enrique el maestro respetado, exigente consigo mismo y con sus discípulos, que enseñaba lo que Él sabía enseñar: la senda de la corrección, el ejercicio de la voluntad, la entrega a sus hermanos, el amor a Dios, a la Iglesia y a la Patria.

Testigo de este legado, son las instituciones donde ejerció la docencia. En la Universidad Católica de Valparaíso dictó la cátedra de Derecho Constitucional y cursos de Cultura Religiosa. Además, fue profesor de Estética en la Escuela de Arquitectura de esta misma casa de estudios.

Estas labores docentes las combinaba con sus estudios de Filosofía en el Seminario Pontificio de Santiago y los de Teología, en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile, de donde egresó como licenciado.

Cabe señalar que fue miembro del Consejo Superior de la Universidad Católica de Valparaíso por más de 10 años.

En la Escuela Naval Arturo Prat fue profesor de las asignaturas de Filosofía y Oratoria, director de las Academias Culturales, de Derecho Moral, en la Academia de Guerra Naval de Derecho Internacional Público, contribuyendo de esta manera en la formación de muchas generaciones de oficiales de esta Institución.

El Capellán Pascal era una persona de gran inquietud intelectual, lo que se vio reflejado en todas sus obras, sobre todo, las vinculadas con el campo del Derecho Político, Derecho Internacional Público, tratados sobre el Derecho Internacional Marítimo, Teoría Política y problemas limítrofes de nuestro país.

Poseedor de una biblioteca donde atesoró libros de diversos temas producto de sus estudios, publicaciones y de su deseo de acrecentar su conocimiento en otras áreas. Una cantidad importante de textos están relacionados con la música clásica, tema que era de su dominio.

Otra instancia que tuvo para desarrollar este admirable bagaje cultural, fueron los viajes que realizó tanto por América como por Europa.

Como difusor de la cultura, incursionó en el campo de las Comunicaciones Escritas. Durante varios años fue Director del Círculo de la Prensa de Valparaíso, Jefe de Redacción del Diario La Unión de Valparaíso durante los años 1935 a 1967, redactaba artículos sobre temas como: Arte Musical, Literarios, Política Internacional, Nacional y Humanismo.

Fue Miembro del Colegio nacional de Periodistas de Chile por dos períodos.

El día 29 de octubre de 1985, producto de una afección cardíaca parte de esta vida a reunirse con «Aquel» en quien puso su confianza para proyectarse como hombre, abogado, maestro y sacerdote, consiguiendo la meta definitiva por la cual luchó toda su vida.

El día 31 de octubre de 1985 en el Cementerio de Santa Inés de Viña del Mar, se llevaron a efecto sus funerales después de celebrar la eucaristía, presidida por el Señor Obispo de Valparaíso Francisco de Borja Valenzuela, junto a sus hermanos sacerdotes de la diócesis.

El Capellán Enrique Pascal García-Huidobro nos deja como legado la responsabilidad de educar en el amor de Dios, porque él lo conoció; en la justicia; lo intelectual; el amor a la patria reflejado en un vasto conocimiento de la historia de Chile; la formación de personas: humanitarias, cristianas, integrales, capaces de autorrealizarse y colocarse al servicio de sus hermanos, con la misión de multiplicar los valores y principios que él vivió.

Gran amigo del mundo intelectual, docente y artístico. Recibió en vida variadas felicitaciones que quedaron grabadas en la prensa y hoja de vida.

«Profesor de mucho mérito e inteligencia, puntual, gran habilidad para exponer sus asignaturas….»

«Desarrolla sus clases en excelente forma, motiva al alumno obteniendo un rendimiento altamente satisfactorio….»

«Excelente profesor y consejero espiritual, cumple de manera integral una valiosa labor docente, educativa y de fomento de la vocación entre sus alumnos. Colaborador espontaneo y franco….» (hoja de calificaciones de la Escuela Naval ).

«….Hoy será investido sacerdote uno de los más distinguidos colaboradores del diario » La Union «, don Enrique Pascal García-Huidobro, cuya personalidad es bastante conocida en los círculos intelectuales y periodísticos de nuestro puerto….»(diario La Unión 19 de septiembre de 1953).

«Formó en su cátedra de Derecho Constitucional, que desempeñó por más de cuarenta años, generaciones de abogados quienes recordarán siempre la calidad de su enseñanza y el estilo inimitable de su docencia……..Universitario ejemplar,……Aporta su consejo a la conducción de la universidad, hasta que su salud se lo permite.» (extracto entrevista a Don Raúl Bertelsen, ex-rector U.C.V. y su albacea personal).

Fuente:  Página web Colegio Capellán Pascal

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Extracto del libro “DESPUÉS DE UNA INFANCIA”, de Víctor Benavente Pierret

Siempre se movilizaba a pie, usando buses o aceptando que alguno de los muchos conocidos lo llevara a los lugares de sus actividades.

Su expresión normal y aquella con la cual es probable que la mayoría de los cadetes lo recuerde es el de una atenta seriedad. Su rostro patricio, con anteojos sin montura, inclinado por sobre un cuello blanco, en medio de un todo gris oscuro. Un uniforme. Nunca los cadetes lo vieron vestido de otra manera excepto al usar los hábitos litúrgicos.

Muchas veces estuvo Juan Ignacio Román en la oficina de “don Enrique” que se encontraba en el segundo piso del edificio principal. Era pequeña, austera, cómoda y tremendamente cálida, con gusto a cuero y a libro antiguo, enquistada en un edificio insolentemente moderno que miraba despectivamente al mar.

Siempre se refería a los cadetes como “Mi Querido…” Para saber si estaba enojado, serio, divertido o estaba siendo sardónico, había que poner atención al tono de su voz.

Sus respuestas eran siempre completas y el reflejo de su amplia cultura, además eran francas independientemente de las consecuencias, nunca involucraban ambigüedades no promesas falsas. Por supuesto no necesariamente gustaban a todos, lo cual tampoco parecía preocuparle en lo absoluto.

(en otra de sus partes)

Como profesional era impresionantemente culto, como profesor de filosofía era mordaz y certero, como profesor de oratoria era efectivo, como predicador era directo y ameno, como sacerdote era capaz de producir resultados increíbles en gente imposible y como especialista en Derecho Internacional Marítimo era inflexible con cualquiera que hubiese cometido errores que hubiesen producido repercusiones inconvenientes para el país en términos de los límites de territorio. Sus blancos favoritos eran los diplomáticos chilenos, algunos de ellos ignorantes y especialistas en cometer errores limítrofes.

Había quienes los criticaban, pero eran muchos más los que lo defendían. La mayoría de sus críticos cuestionaban asuntos de forma, porque era muy difícil encontrar grietas en su pensamiento o su obra desde el punto de vista técnico.

Había cosas de las que le gustaba hablar, como también había temas a los cuales nunca se refería. Paradojalmente, en algunos grupos tenía una imagen de inflexibilidad, de falta de paciencia y de excesiva firmeza en sus planteamientos; mientras que por otra parte, esta autoridad en tantas y tan variadas materias, elegía invertir largas horas de su tiempo en escuchar las aventuras y las desventuras de los cadetes. Era una voz de aliento que cualquiera que quisiera podía encontrar. Las críticas a su actitud dura ante quienes lo merecían, no hacían justicia a su enorme dedicación.

Era caso imposible hacerlo hablar de sí mismo. Las pocas veces que lo hacía era para referirse en forma puntual a cosas muy específicas que sólo tocaban su vida en forma tangencial. Sus respuestas eran siempre ilustrativas y ejemplarizadoras. Pero cuando el interlocutor intentaba profundizar entrando en lo personal, automáticamente se encontraba frente a una muralla infranqueable, que se cerraba, cubriendo de inmediato una vida personal y un pasado que no estaba disponible para nadie, en ningún momento.

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CRÓNICA

La revolución militar “high tech” en Reino Unido es un avance de lo que nos espera

Juanjo Fernández

2 de abril de 2021

El Gobierno británico ha presentado un plan para modernizar sus Fuerzas Armadas y puede marcar el futuro del resto de países. Un ejército con muchos menos soldados y más robots.

Vivimos unos años complicados en los que estamos sufriendo crisis económicas, inestabilidades políticas y, por si faltara algo, pandemias mundiales. Esto afecta a todos los ámbitos y la defensa no iba a ser una excepción. Se oye hablar de reducción de efectivos, por todos lados menos por China, cada vez es más potente en términos militares y ahora le toca el turno a la defensa del Reino Unido. Allí, tras mucho tiempo de rumores y especulaciones sobre grandes recortes y reducciones de efectivos, y aunque todavía no se conocen todos los detalles de estos recortes, ya se han adelantado los puntos fundamentales que marcan el camino, y puede que no solo lo haga para las islas: el país reducirá el número de soldados a 72.500 en 2025, y aumentará su capacidad tecnológica.

Esta información sale del plan de modernización de las Fuerzas Armadas presentado por el Secretario de Estado de Defensa británico, Ben Wallace, estos días y que ha defendido la decisión asegurando que «una mayor capacidad de despliegue y ventaja tecnológica» significaba que un menor número de personas podría lograr un mayor efecto. El plan llega después de años en los que las fuerzas británicas se han mantenido, en algunos aspectos como el que afecta su ejército de tierra, ancladas en un pasado en el que parece que primaban las cifras de efectivos sobre la eficacia real de los mismos. Es hora de actualizarse, según sus mandatarios, y buena parte de esa actualización pasa por una inversión de 6.600 millones de libras en innovación y desarrollo durante los próximos cuatro años.

El propio Wallace lo dejó claro al referirse al ejército como una fuerza ‘de cara a la galería’, donde sobre el papel había un enorme número de efectivos, pero su eficacia era más que dudosa. Así, era hora de compensar la bajada del número de efectivos con avances tecnológicos. Eso suena muy bien, pero que queda ‘sobre el papel’ mientras esas nuevas tecnologías se materializan en ventajas tangibles.

Fuerzas terrestres con serios problemas

El gran foco de los problemas y de los recortes apunta a las fuerzas terrestres. En la actualidad, la British Army cuenta con un total de 110.000 soldados, de los que unos 80.000 son tropas regulares y otros 30.000 son tropas reservistas. Estas tropas reservistas es obvio que no están al mismo nivel que las regulares, pero forman unidades operativas pues este sistema funciona bastante bien en el Reino Unido. Los reservistas tienen su vida profesional, pero dedican varios períodos al año para adiestrarse, recibiendo una compensación económica y todo tipo de facilidades laborales, algo que no es comparable con el sistema español de Reservistas Voluntarios, ni en número (unos 4.700 en España) ni en condiciones.

La idea es recortar este número de efectivos regulares hasta los 72.000, entre otras cosas porque sobre el papel el número total debería estar en el entorno de los 95.000 y hay dificultades para captar nuevos reclutas. Con todo, esta cifra es la menor con la que se ha encontrado el Army en su historia reciente. Pero si en el lado del personal hay dificultades, el panorama es mucho peor en el aspecto material y muy deficiente en concreto con los vehículos blindados.

Entre la parte mecanizada el problema se centra en su carro de combate principal, el Challenger 2, del que el Army está muy descontento y que, en resumen, no funciona como se esperaba de él. Su principal problema radica en el cañón, pues el L30A1 de 120 mm y ánima rayada, es un atraso hoy en día. En servicio quedan unos 150 Challenger de los más de 400 que se entregaron y se ha hablado incluso de achatarrarlos todos. Al final se modernizarán, lo que va a pasar por reemplazar el cañón, casi seguro por un Rheinmetall L55, el del Leopard 2 alemán y el de los Leopardo españoles. Tampoco será barato y el ‘arreglo’ del cañón más otras mejoras como ópticas y cámaras térmicas, dirección de tiro, amortiguación, etc. saldrá por más de 1.500 millones de euros.

Blindados ligeros. Renovación radical

Si la situación en los carros de combate no pinta bien, la foto del resto de blindados no sale mejor. Según el plan, se prescinde de todos los CRV (‘combat vehicle reconnaissance’), más de 600 unidades en servicio que datan de los años setenta y de los que hay múltiples versiones, siendo las más conocidas el Scorpion y el Scimitar. Para su reemplazo se ha adquirido el AJAX, un diseño de General Dynamics European Land Systems basado en el Ascod (y el Pizarro español). Se adquirirán 589 unidades y las versiones de combate irán armadas con el cañón CTAS de 40mm.

Esto no acaba aquí. El otro tipo de blindado, el Warrior, más moderno que los CRV, pero de los años ochenta, también debía ser modernizado y, entre otras cosas, estaba previsto el cambio del ‘peculiar’ cañón Rarden de 30 mm, otra singularidad británica que utiliza peines de tan solo tres proyectiles, por el CTAS de 40 mm, que además iría estabilizado. Pero sorpresivamente y tras haber gastado ya casi 600 millones de euros en esta familia, el Warrior, más de 700 en servicio, no se va a mantener y se irá reemplazando por otra nueva adquisición millonaria, el blindado de ruedas alemán Boxer, similar, que no equivalente, a nuestro 8×8 Dragón.

Este es otro tema que también es muy discutible y ha levantado ampollas. Por un lado, se trata de vehículos muy diferentes, el Warrior es de cadenas y el Boxer de ruedas y uno no podrá reemplazar al otro sin un cambio profundo en la doctrina de utilización. Por otro lado, el enfado de Lockheed Martin, que es quien iba a acometer la modernización de los Warrior, se ha hecho sentir en todas las instituciones, cuando desde la empresa se ha advertido que esta cancelación pondría en riesgo cerca de 2.000 empleos.

Royal Navy. Menos unidades

La marina real tampoco pasa por sus mejores momentos, aunque pese a los recortes, resulta la más beneficiada por los nuevos programas de construcción naval, cuyas inversiones se verán incrementadas anualmente en unos 2.000 millones de euros. Con todo, la Royal Navy mantiene hoy en activo una flota potente con dos portaaviones y 19 buques de escolta, de los que 13 corresponden a fragatas Type 23 y 6 a destructores Type 45. Las Type 23 son las más antiguas, aunque no resultaron malos buques. La última unidad se puso en servicio a principios de los 2000, 3 de las 16 unidades iniciales se vendieron a Chile como una manera de reducir costes y un nuevo recorte reducirá el número de Type 23 en dos unidades.

Lo previsto es que sean reemplazadas por la nueva clase Type 26, unos buques con un rol principal antisubmarino y un desplazamiento de unas 7.000 toneladas. Ya hay dos en construcción de las ocho encargadas y se complementarán con dos nuevos modelos, el Type 31 y el Type 32, las primeras son fragatas más ligeras, de unas 5.700 toneladas, pero más polivalentes de la que se prevén 5 unidades. Las segundas, aún sobre el papel, serán buques con capacidades modulares. Sin embargo, el ritmo de entrada en servicio de los nuevos barcos junto a la baja de las Type 23, hará que el número global de escoltas en la década de 2020 se vea reducido.

Por último, los destructores Type 45, de los que hay seis unidades, son unos buques antiaéreos donde la marina británica puso muchas expectativas, pero no han dejado de dar problemas con su planta motriz. Estos problemas, centrados en el intercambiador de calor o ‘intercooler’ de la turbina, han provocado varias averías en estos buques, alguno de los cuales se quedó sin propulsión en medio del océano. Tal fue el caso el HMS Daring en medio del Atlántico en 2010 o el HMS Diamond a finales de 2017, cuando se vio obligado a abortar su despliegue a la zona del golfo Pérsico.

Una RAF más limitada

La Royal Air Force afronta su futuro basándose en dos pilares, el F-35 y el Tempest. El primero es una realidad, como se sabe siempre rodeada de polémica, para el presente y futuro inmediato y el segundo una apuesta a más largo plazo. Sobre el F-35 la discusión está servida, empezando por el tema de que se haya optado por el F-35B para toda la fuerza, operando conjuntamente con la Royal Navy.

En primer lugar, se ha hablado de “importantes recortes en el número de unidades”, lo que auspició nuevas críticas sobre el avión. De momento están comprometidos 48 ejemplares de los que poco más de la mitad ya están entregados, pero la cifra inicial de 138 ejemplares se está discutiendo. Se ha comentado rebajar esa cifra a los 48 citados, pero parece una excesiva reducción y hay voces que claman por una cifra mínima de 80 o más unidades para mantener una “defensa aérea creíble”, incluyendo las unidades embarcadas. Es muy probable que la cifra final se aproxime más al centenar, de los que entre 70 y 80 quedarían con la RAF y un mínimo de 24 con la Royal Navy.

Por otro lado, el TEMPEST es la apuesta de futuro de la RAF, pero es un programa muy caro y sobre él (al igual que sobre el FCAS europeo) hay muchas dudas. Quizás para acallar algunas de ellas se ha aprobado una nueva inyección de capital al proyecto, unos 2.400 millones de euros para cuatro años, algo que no da para mucho en un programa de esta envergadura, pero que se puede considerar como una manifiesta declaración de intenciones y que incidirá en aspectos claves como la integración con vehículos no tripulados.

La RAF tampoco se ha librado de más recortes en forma de bajas prematuras. Así se van a retirar para 2025 todos los Eurofighter de la Tranche 1 (primera fase) que son unos 50 ejemplares de los que ya al menos 16 han dejado de estar en servicio. También se retirarán muchos de los entrenadores BAE Hawk, la flota de helicópteros Puma y lo que parece más radical, el retiro para 2023 de los C-130J de transporte, lo que dejaría su flota de cargueros con tan solo los Airbus A400M y los C-17A, dejando el transporte medio en una situación muy comprometida.

Esfuerzo tecnológico

Recortar en números y material poco eficiente para mantener una supremacía militar exige una contraparte económica y de investigación. Es decir, dinero y tecnología. La parte económica parece clara y el actual gabinete británico se compromete a invertir 188.000 millones de libras (casi 221.000 millones de euros) en los próximos cuatro años, de los que 6.600 millones de libras irán para investigación en nuevas tecnologías.

Un primer capítulo es el de asegurarse una capacidad de disuasión nuclear, mediante el empleo de submarinos de propulsión nuclear de la nueva Clase Dreadnought que reemplazarán a los actuales Vanguard, unos buques de más de 17.000 toneladas con 12 tubos para lanzamiento de misiles con cabezas nucleares. Este aspecto, donde hay mucha más investigación tecnológica de la parece y muy de la mano de Estados Unidos, preocupa y mucho dado el creciente poderío chino.

El espacio también será una prioridad. Aquí se va a realizar una fuerte inversión para desarrollar una nueva generación de satélites militares que aseguren el acceso a las comunicaciones como base de la integración de todos los sistemas defensivos. Esto se materializa en el Programa Skynet 6 (no es broma) donde se invertirán 5.000 millones de libras durante los próximos 10 años para mejorar las comunicaciones por satélite y se destinarán 1.400 millones de libras adicionales con el objetivo de establecer un nuevo ‘Mando Espacial’, la creación de una ‘Academia del Espacio’, mejorar el conocimiento del ámbito espacial y, esto es vital, crear una red de satélites de reconocimiento con tecnología propia que trabajen para la inteligencia.

IA y ciberespacio: claves

Inteligencia artificial (IA) y ciberespacio son otros dos capítulos dende se hará un importante esfuerzo. La IA es un aspecto clave para la modernización de los medios defensivos británicos (y de cualquier país), un campo donde es sabido que norteamericanos y chinos han avanzado muchísimo. Esta IA permitirá acelerar la toma de decisiones y el ritmo operativo, siendo un elemento multiplicador de capacidades. El desarrollo de la IA va a ser clave en los conflictos futuros donde la velocidad en la toma de decisiones va a ser el factor decisivo a la hora de la batalla. Para ello se plantea la creación de un Centro de Inteligencia Artificial como núcleo para acelerar su desarrollo.

El ciberespacio va a ser otro campo de batalla del futuro. Aquí el riesgo va a estar en su utilización sin escrúpulos por parte de potenciales enemigos. En el Reino Unido ya se trabaja en este campo y existe la National Cyber Force (NCF) con financiación (mayoritaria) del Ministerio de Defensa (MOD). Esta agencia será la encargada de impedir, interrumpir o destruir aquellos objetivos a través del ciberespacio que constituyan una amenaza para la seguridad. Mantener una ventaja en este terreno es también decisivo y una defensa eficaz ante ciberataques algo hoy en día crucial, por lo que no es de extrañar que solo este capítulo se lleve la cifra de 500 millones de libras.

Recortes y tecnología reafirman el viejo dicho de menos cantidad, pero mejor calidad. Habrá que ver si los recortes planteados resultan excesivos, algo a lo que apuntan algunos analistas, y si la investigación y avances tecnológicos compensan esa disminución numérica de la fuerza. Pero no hay duda de que el futuro de la defensa va por este camino y otros países, el nuestro entre ellos, deberían tomar buena nota (inversiones incluidas) y analizar con detenimiento lo que otros hacen. Respecto al Reino Unido, veremos en unos años si la ‘foto’ de su defensa resulta nítida o por el contrario ‘salió movida’.

Fuente: Página web El Confidencial

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CRÓNICA

NACIMIENTO DE AGUSTÍN ARTURO PRAT CHACÓN

03 de abril de 1848

El origen de los Prat se encuentra en Santa Coloma de Farnés, Cataluña, España. Allí nació Isidro Prat Camps, labrador de la tierra y bisabuelo de Arturo, quien tuvo cuatro hijos con María Rosa Guigueras y Mascaró: José, Narciso, Ignacio y Pedro Ignacio, nacido en 1770, se inclinó por el comercio y trabajó como exportador de géneros, principalmente a Argentina. Por razones que aún se desconocen, emigró alrededor de 1806 a Chile, donde se casó con Agustina Barril Rojas y formó una familia en 1811. Tuvieron cuatro hijos, de los cuales sólo Agustín y Clara sobrevivieron.

Agustín Prat Barril se dedicó al comercio y abrió una tienda en Santiago, donde conoció a María del Rosario Chacón Barrios, con quien contrajo matrimonio el 26 de octubre de 1838, en la parroquia del Sagrario de Santiago.

Abrieron una tienda que, un tiempo después, fue completamente destruida por un incendio. Arruinados por ese hecho, abandonaron la capital y se trasladaron a la hacienda San Agustín de Puñual en Ninhue, provincia de Ñuble, en ese entonces explotada por Andrés Chacón, hermano de Rosario. La pareja continuó viviendo un sino trágico: Allí, el matrimonio de don Pedro y doña Rosario vio morir a sus tres primeros hijos antes que alcanzaran a cumplir el primer año de vida, por lo que la llegada de Arturo estuvo siempre acompañada de muchos cuidados.

En esa hacienda nació el 3 de abril de 1848 su cuarto hijo, Arturo PRAT Chacón. De principio no gritó al nacer y fue un niño de contextura muy frágil.

La preocupación de la madre por la sobrevivencia de Agustín Arturo la llevó a adoptar un recurso que, dadas las circunstancias de la época, hoy podríamos considerar hasta desesperado: aplicar a su hijo un método experimental para robustecer su salud. Se trataba de la llamada hidropatía, desarrollada por el alemán Vincent Priessnitz, que, en su esencia, consistía en la administración metódica de baños de agua fría. Una terapia aparentemente dura de aplicar a un niño pequeño, pero el caso es que dio resultado: Agustín Arturo sobrevivió.

Tras aproximadamente un decenio de permanencia, el matrimonio Prat Chacón debió abandonar la hacienda de San Agustín de Puñual, que les había servido de refugio. La familia Chacón hizo malos negocios, después de que Andrés, el administrador, se tentara con probar fortuna en California, al surgir la “fiebre del oro” en 1848; como consecuencia, la hacienda debió venderse y Agustín Prat y Rosario Chacón debieron retornar a Santiago. Durante el viaje, esta última seguía aplicando a su hijo el método Priessnitz, con gélida agua de mar.

Luego, estando en Santiago nacieron sus otros hermanos: Rodolfo, Escilda del Rosario, Atala Rosa. Su hermano Ricardo Alberto, nació en Quillota.

Arturo se fue desarrollando físicamente, dejando atrás su condición casi raquítica y enfermiza, según la descripción de su tío Jacinto Chacón.

Se le atribuyó el cambio al método Priessnitz, pero más probable es que fuera resultado del ambiente estimulante de la chacra, de su afición por los ejercicios físicos y al espíritu de superación que le inculcó desde temprano su madre.

En 1854, se vendió la chacra y la familia se trasladó a una modesta casa en la calle Nueva de San Diego, llamada hoy día Arturo Prat. Dos años más tarde, el niño inició sus estudios en una escuela inaugurada ese año en la misma calle, la cual se conocía como la “Escuela de la Campana”, debido a una torre con una campana que tañía para llamar a las clases.

El director de esta escuela era José Bernardo Suárez, un connotado profesor.

Alumno de buena conducta, a excepción de pleitos y travesuras propias de la niñez, tenía problemas con las matemáticas, específicamente con la aritmética, pero logró superarlos y obtener distinción el año 1856 en lectura, geografía, religión y la propia aritmética.

Dejó la escuela el 25 de agosto de 1858 y el día 28 de ese mismo mes ingresó en la Escuela Naval del Estado, futura Escuela Naval Arturo Prat.

En la imagen se ve a un adulto aún joven, el tío Jacinto Chacón, posando con gesto paternal junto a dos cadetes niños de diez y once años: a su derecha, Arturo Prat, de gesto un tanto tímido y melancólico, y a su izquierda Luis Uribe, de postura algo más decidida. Fotografía tomada el día del ingreso de Prat y de Uribe a la Escuela Naval (1858).

Fuentes Consultadas:

1. https://www.biografiasyvidas.com

2. https://www.armada.cl/armada/tradicion-e-historia

3. http://chile-arturo-prat.blogspot.com

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CRÓNICA

A 30 años de la vuelta al mundo en la Esmeralda

Zarpó de Valparaíso el 4 de julio de 1988 y arribó el 26 de febrero de 1989 al mismo puerto de Valparaíso, convirtiéndose para la comunidad internacional en una proeza solo comparable a conquistar el Everest.

Se cumplieron 30 años de la recalada que hiciera el Buque Escuela Esmeralda al puerto de Valparaíso, tras completar la vuelta al mundo en el trigésimo tercer crucero de instrucción.

El viaje que realizó varias hazañas náuticas, récords de velocidad y navegación, zarpó el 4 de julio de 1988 y arribó el 26 de febrero de 1989 al mismo puerto de Valparaíso, convirtiéndose para la comunidad internacional en una proeza solo comparable a conquistar el Everest en el lejano Tibet.

El track de navegación consideró Punta Arenas, Puerto Williams, el cruce a vela, en ambos sentidos del temido Cabo de Hornos, con fuertes ráfagas de viento que alcanzaba los 60 nudos, navegación por el atlántico, los rugientes 40° Sur (“the Roaring Forties”), cruce del meridiano de Greenwich, Cabo de Buena Esperanza, Sudáfrica, Kenya, Cruce de la línea del Ecuador, Singapur, Estrecho de Malaca, Indonesia, Océano índico, cruce de la línea del cambio de hora, histórica isla de Guam (USA) en pleno océano Pacífico, mar de la China, Islas de Maui, Pearl Harbour en archipiélago de Hawaii (USA), navegación de norte a sur por la Polinesia, Tahití Francia, Pitcairn Island Reino Unido, Isla de Pascua, Isla Juan Fernández y arribo a Valparaíso.

El comandante de la Esmeralda, Capitán de Navío Sr Hugo Bruna Green y el entonces Capitán Alexander Tavra Checura como segundo comandante, que alcanzaron el grado de Almirante, realizaron la comisión y travesía de 239 días a cargo de la dotación de 326 chilenos e invitados extranjeros.

Fueron ocho meses de instrucción, clases, maniobras, operaciones médicas, navidad, año nuevo sin sus importantes familias y todas las exigencias en la rigurosa preparación para la vida naval y para aquellos que hoy sirven dentro y fuera del país como abogados, ingenieros, meteorólogos, profesores, académicos, escritores, vecinos destacados y, los que todavía en servicio activo, como el actual Comandante en Jefe de la Primera Zona Naval, así como el Comandante en Jefe de la Quinta Zona Naval, el primer oficial no anglo parlante en la historia al mando de RIMPAC, reconocido como el ejercicio naval más grande del mundo, también el Jefe de Meteorología de la Armada, el anterior Jefe también integró la dotación, distinguidos almirantes, comodoros y suboficiales mayores, exitosos en sus carreras y que registrarán sus anécdotas y experiencias en el libro que se publicará en el mes de mayo próximo.

El Almirante Bruna fue condecorado por su acto de valentía anterior en Bahía Decepción y como Cape Hornier, lo que muestra el alto nivel de la instrucción y el sentido de liderazgo para los grumetes, guardiamarinas y la gran dotación que vivió la experiencia.

Sin duda el BE Esmeralda ha navegado alrededor del mundo para recalar en la historia de Chile, con un grupo de buenos hombres, liderado por grandes profesionales cuyo objeto seguirá siendo “servir a la Patria” en cada área que les corresponda participar.

Fuente: Página web Empresa Océano

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CRÓNICA

LEY DE MURPHY

Enciclopedia online de Características

¿Qué es la Ley de Murphy?

Se conoce como Ley de Murphy o Leyes de Murphy a un conjunto de principios empíricos que se rigen por la máxima de que “Si algo malo puede ocurrir, ocurrirá.” Este planteamiento pesimista puede aplicarse a todo tipo de situaciones, como una suerte de Ley empírica sobre la resignación ante el devenir de los acontecimientos futuros.

La Ley de Murphy no se trata realmente de una ley científica, ni de un teorema comprobable. Sin embargo, puede estar inspirada en el concepto científico de la entropía, esto es, el grado de desorden al que tienden inevitablemente todos los sistemas, dada la suficiente cantidad de tiempo.

La perspectiva de la Ley de Murphy, sin embargo, puede ser útil para forzar a las sociedades y los individuos a prever futuros desastres y así tomar precauciones a tiempo.

Origen de la Ley de Murphy

El origen de este adagio popular se atribuye a Edward Murphy Jr. Era un ingeniero estadounidense que trabajaba para la Fuerza Aérea de su país en 1949.

Sin embargo, existen distintas versiones respecto a qué situación fue la que la motivó, o cómo se formuló inicialmente.

Según una de las versiones, ante un error insospechado de su asistente, Murphy se quejó diciendo que “si esa persona podía cometer un error, lo haría con toda seguridad”. La frase se redujo a “Si algo puede ocurrir, ocurrirá” y se lo llamó con el nombre de Murphy.

Otra versión afirma que el propio Murphy fue quien inventó el adagio y que lo hizo de la siguiente forma: “Si hay más de una forma de hacer el trabajo y alguna de ellas conduce al desastre, alguien lo hará de esa manera”.

Primera aparición de la Ley de Murphy

La Ley de Murphy se anunció públicamente por vez primera en boca de John Paul Stapp, un capitán de la Fuerza Aérea Estadounidense. Stapp trabajaba en el mismo laboratorio que Murphy, como sujeto de pruebas en experimentos con fuerzas G.

En una rueda de prensa, el capitán explicó que, a pesar del fracaso de los experimentos, nadie había resultado herido de gravedad porque se habían guiado por la Ley de Murphy, que los impulsaba a tomar en consideración todas las previsiones posibles. A partir de entonces la supuesta ley se hizo popular.

En 1952 esta frase apareció reformulada como “Todo lo que pueda salir mal, pasará” como epígrafe del libro The Butcher: The Ascent of Yerupaja de John Sack. En 1955 el mismo enunciado apareció vinculado con Murphy por primera vez en texto impreso en Men, Rockets and Space Rats de Lloyd Mallan.

Irónicamente, la ley como hoy la conocemos no fue nunca formulada por Murphy. Por el contrario, es tomada de las Leyes de Fineagle aparecidas en las novelas de ciencia ficción de Larry Niven. En ellas, una colonia de mineros de asteroides tenía su propia religión, que rendía culto a Fineagle y su profeta demente Murphy.

Espíritu de la Ley de Murphy

El espíritu de esta ley, sin importar cuál sea su verdadera y exacta formulación, apunta a un concepto denominado diseño defensivo. Consiste en la anticipación de los eventuales errores o desperfectos que pudieran ocurrir, dado que es muy probable que ocurran.

Así, el diseño defensivo insiste en que toda innovación se produzca tomando en cuenta los peores escenarios posibles. De esa manera, en caso de que se produzcan ya existen medidas tomadas al respecto.

Explicación de la Ley de Murphy

La Ley de Murphy revela un rasgo de la cultura que es el énfasis selectivo en lo negativo, o sea, la tendencia a prestar mucha más atención a las cosas que salieron mal que a las que salieron bien. En algunos casos sólo se recuerda lo negativo, llegando a la sensación de que todo siempre sale mal.

Esto también es una de las explicaciones posibles del pesimismo. Por otro lado, forma parte de la tendencia de ciertas personas a atribuir los sucesos a algún tipo de divinidad o ley universal. Esta postura evita enfrentar su cuota de responsabilidad en lo que salió mal, o simplemente la arbitrariedad del universo.

Las Leyes de Murphy

Se habla comúnmente de las Leyes de Murphy, como un compendio, a pesar de que no exista obra alguna o tratado alguno que lo reúna, ni un texto formal al cual atribuir la autoría. Se trata de un adagio popular, al cual muchos se han ido sumando, por inventiva o por error, ejemplos, adiciones y respuestas.

Por lo general tiene un tinte humorístico e imaginario, hasta manejar un corpus variable de las supuestas “leyes”. Pero no existe un documento formal que las recoja o que estipule cuáles son las “verdaderas”.

El imaginario popular

La Ley de Murphy es un concepto absolutamente popular, en el sentido de que resulta muy seductora y que su origen es netamente coloquial, no formal. Sin embargo, se ha intentado elaborar algún tipo de estudios respecto a su aplicabilidad práctica como una ley universal.

Por ejemplo, se ha estudiado la probabilidad de que una rebanada de pan untada con mantequilla caiga con la parte untada hacia abajo. Y en efecto se ha podido comprobar que existen más factores que favorecen este último escenario, pero ninguno tiene que ver con algún tipo de ley general de la suerte o de la probabilidad.

En la actualidad abundan las referencias a la Ley de Murphy en libros, filmes y otras formas de relato. Fue el título de varias series televisivas de EEUU y del Reino Unido entre la década de 1980 y los 2000. Apareció en el filme de ciencia ficción Interestelar (2014), representado en uno de sus personajes de apellido Murph.

Ley de Fineagle

La Ley de Fineagle sobre la Negatividad Dinámica es un concepto también referido como “Corolario de Fineagle a la Ley de Murphy”. Fue empleada por John Campbell Jr. en sus editoriales de la revista Astounding Science Fiction entre 1940 y 1950.

Aunque luego fue tomada por Larry Niven para sus relatos de mineros espaciales, con los que se hizo más conocida, nunca se hizo tan popular como la Ley de Murphy. La Ley de Fineagle, propiamente, reza que “Algo que pueda ir mal, irá mal en el peor momento posible”.

Corolario de O’Toole

Así como la Ley de Fineagle se considera un corolario a la Ley de Murphy, existe un corolario a la de Fineagle atribuida a un tal O’Toole. Es una expresión sumamente usada en la comunidad hacker virtual. Este corolario es paralelo a la Segunda Ley de la Termodinámica y reza que “La perversidad del Universo tiende hacia el infinito”.

Ejemplos de la Ley de Murphy

Algunos ejemplos posibles de aplicación de esta ley son:

·      La tostada siempre cae del lado de la mantequilla.

·      La información crucial de un mapa o plano está siempre en el doblez o en el borde.

·      Los calcetines entran en pares a la lavadora y salen siempre de uno en uno.

·      La otra fila siempre avanza más aprisa que la de uno.

·      Las cosas perdidas están siempre en el último sitio en que miraste.

Frases sobre la Ley de Murphy

Algunas frases de origen popular que reflejan el espíritu de la Ley de Murphy:

·      Nada es nunca tan malo que no pueda empeorar.

·      Todo funcionará hasta que trates de probar que funciona.

·      El autobús llegará apenas enciendas tu cigarrillo.

·      Lo que más crece es lo que menos deseas.

·      Los sistemas nuevos generan problemas nuevos.

·      Los que viven cerca llegan siempre tarde.

·      Los dolores de muelas empiezan siempre el sábado por la noche.

Referencias:

·      “Ley de Murphy” en Wikipedia.

·      “Murphy’s Law” en Merrian-Webster Dictionary.

·      “8 Leyes de Murphy que tienen base científica” en El País.

·      “Conoce sobre la famosa ley de Murphy” en Culturizando.com.

·      “Leyes de Murphy” (material de estudio) en Universidad del Salvador.

·      “Ley de Fineagle” en Wikipedia.

Fuente:

«Ley de Murphy». Autor: Julia Máxima Uriarte. Para: Caracteristicas.co. Última edición: 31 de marzo de 2020. Disponible en:

 https://www.caracteristicas.co/ley-de-murphy/. Consultado: 27 de marzo de 2021.

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CRÓNICA

EL “MANIFIESTO” DEL BRIGADIER EJÉRCITO (R ) MIGUEL KRASSNOFF MARTCHENKO

Viña del Mar.  Febrero 2021 

Adolfo Carrasco Lagos

Capitán de Navío

En enero del presente año, el brigadier Miguel Krassnoff M., que ya cumple 17 años privado de libertad, envió al presidente Sr. Piñera y otras autoridades nacionales un escrito de 56 páginas, al que denominó “Mi Manifiesto”.

Dividido en tres partes tituladas: “Yo expongo”– “Yo denuncio” y “Yo exijo”, relata en detalle las múltiples irregularidades jurídicas que, según su criterio, cometieron diferentes ministros para imputarlo por violaciones a los derechos humanos durante su desempeño en comisión en la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA,  entre el 1 de agosto 1974 y fines de 1976, con la misión de cooperar a las FFAA en desarticular la organización terrorista denominada “Movimiento de Izquierda Revolucionario” (MIR),

A esta fecha, se estima que la suma de penas aplicadas a Krassnoff por los tribunales de justicia alcanzan ya a los 900 años de prisión. Pero al respecto, las opiniones son discordantes, pues unas las estiman adecuadas y otras, exageradas e indicadoras de un verdadero “acoso judicial” al que el brigadier y su equipo han sido sometidos por las izquierdas, entre las que se encuentran jueces, políticos y “cerebros lavados”.

Porque sentí y viví toda esa época en nuestro país, concuerdo con  lo expresado por el brigadier Krassnoff en su “Manifiesto”; puedo asegurar que tanto el MIR como otras organizaciones terroristas que querían empujar a Chile hacia las garras del marxismo cubano, causaron mucho daño a la comunidad nacional, razón por la cual era necesario que las FFAA usaran mano dura para desarticularlas. 

Tan real era ese temor que infligían, que diferentes personalidades chilenas de ese tiempo manifestaron lo siguiente respecto al actuar de las FFAA:

El 8 julio 1973, en declaración conjunta de los presidentes del Senado Eduardo Frei Montalva y de la Cámara de Diputados, Luis Pareto, ambos DC, manifestaron: “Ningún pueblo puede resistir la tensión que crea la inseguridad de los ciudadanos ante la impúdica acción de grupos armados que cuentan con amparo oficial” (Se refieren al amparo brindado por el gobierno allendista).

El 23 agosto 1973: el senador DC Andrés Zaldívar, en declaración a “Que Pasa”, y refiriéndose a las FFAA, expresaba: ”Creo que son las grandes reservas morales de nuestro país y pueden ser ellas quienes en un momento dado estén llamadas a solucionar las cosas aquí; en eso no hay que tener tapujos y lo demás es ser un hipócrita”.

El 11 septiembre 1973, el senador y presidente de la DC (hasta ese día), Patricio Aylwin, en declaración al corresponsal de las agencias NC News Service, de Washington y Bonn, reproducida en diario “La Prensa” de Santiago, manifestaba: “La verdad es que la acción de las FFAA y del Cuerpo de Carabineros no vino a ser sino una medida preventiva que se anticipó a un autogolpe de estado que, con ayuda de milicias armadas con enorme poder militar de que disponía el Gobierno (de Allende) y con la colaboración de no menos de diez mil extranjeros (terroristas) que había en el país, pretendían o habrían consumado una dictadura comunista. Por eso se produjo el pronunciamiento militar y se formó la Junta Militar de Gobierno; nosotros los democratacristianos, habríamos faltado a la verdad y habríamos sido inconsecuentes si no hubiéramos reconocido que la responsabilidad fundamental de lo ocurrido proviene del Gobierno de la Unidad Popular y que las FFAA no buscaban esto, sino que actuaron por patriotismo, con un sentido de responsabilidad frente al destino histórico de Chile.

Y más adelante, Patricio Aylwin agregaba: “Es muy fácil convertirse en juez de otros que están peleando, mientras uno está cómodamente sentado en el escritorio; yo no me siento con la autoridad moral para juzgar si han sido excesivos o no, porque lo cierto es que los militares han tenido muchas bajas y han recibido la acción. No tengo una cuantificación, yo creo que hay más muertos de los que se ha dicho, pero al mismo tiempo tengo otra cosa clara: que la versión que se ha dado en el extranjero es tremendamente exagerada, cuando se habla de los muertos flotando en el río Mapocho; cuando se habla de los varios cientos de miles o decenas de miles de muertos, heridos y prisioneros, es una exageración manifiesta.”

Por su parte, el ex presidente Eduardo Frei Montalva, después del 11 septiembre, manifestaba: ”Los militares nos salvaron la vida y de la degollina”

Don William Thayer Arteaga, DC y rector de la Universidad Austral de Chile hasta octubre 1973, exponía: “Tomando en consideración lo que conversé con Frei, le pregunté en esos días al cardenal Silva Henríquez: “Dígame, Eminencia, ¿no cree Ud. que si no es por los militares, a muchos de nosotros nos habrían asesinado?” Él me respondió: “No sólo a ustedes, sino que a mi también. A todos nosotros”.

Don Rafael Retamal, miembro del Tribunal Constitucional, dirigiéndose al ex presidente Aylwin, le decía: “Mire, Patricio: los extremistas nos iban a matar a todos. Ante esta realidad, dejemos que los militares hagan la parte sucia, después llegará la hora del derecho.”

Luego de conocerse todas estas declaraciones pre y pos 11 de septiembre 1973, expresadas por representantes nacionales de la vida política, religiosa y judicial,  se puede percibir el temor que embargaba a muchos respecto al futuro del país y de sus propias vidas y familias, en el caso que se instalara en Chile un gobierno marxista. En esas circunstancias, se entiende con claridad la necesidad imperiosa que existía en desarticular lo antes posible al MIR y otras agrupaciones terroristas, tarea que en parte le correspondió cumplir, en ese entonces, al teniente Krassnoff y sus colaboradores.

Por respeto a los derechos humanos del brigadier Krassnoff y su gente de ser escuchados, y también de las FFAA de ese entonces y de todos los chilenos que vivimos esos difíciles mil días de la Unidad Popular, su “Manifiesto” debería no sólo ser acogido por el Presidente Piñera, sino también estudiado para confirmar si es efectivo todo aquello que en él expone.

Cabe agregar que esta es la tercera vez que el brigadier envía un escrito al Sr. Piñera y otras autoridades, y que nunca recibió alguna respuestas a los dos primeros.

Cabe agregar, además, que Krassnoff solicitó en su oportunidad que se le sometiera a un Tribunal de Honor para que se conocieran oficialmente sus reiterados reclamos de justicia, solicitud que nunca fue apoyada por las autoridades y que, a una consulta efectuada por él a Gendarmería respecto a cuándo podría hacer uso de los beneficios de salida dominical o libertad condicional, se le respondió que a partir del año  2450.  

En EL SIGLO del 29 diciembre pasado, se dio a a conocer que el diputado comunista Hugo Gutiérrez presentó el 24 del mismo mes un proyecto de ley que excluye de todo tipo de beneficios que otorga la ley a los condenados por violaciones a DDHH de lesa humanidad. Este fue su regalo de navidad para los militares y policías condenados por delitos que los jueces han calificado impropiamente como de lesa humanidad. Al respecto, se aclara que en nuestro país no existe algún militar o policía condenado por tal tipo de delitos, pues los por ellos cometidos, reales o supuestos, sucedieron con anterioridad a la entrada en vigencia de la ley de lesa humanidad, el 18 de julio 2009. 

Agrego que ya se comenta que los penales Punta Peuco y otros en los que se encuentran presos ex integrantes de las FFAA y Carabineros que nos liberaron del marxismo en 1973, se están transformando en una especie de modernos campos de exterminio, dada la cantidad de presos de la 3ª y 4ª edad que han fallecido últimamente, más de veintiocho, ya sea en prisión, hospital o tardías autorizaciones para morir en sus domicilios.

En la actualidad, nuestro país vive una situación que no era imaginable hace un año, cual es contar con un Presidente de la República que se ha preocupado en forma exitosa de combatir la pandemia del Coronavirus comprando oportunamente millones de dosis de la vacuna para todos los chilenos, que incluso han alcanzado para regalar miles de ellas a 2 países vecinos; presidente que también se ha preocupado de mantener a flote las finanzas nacionales, pero que, muy lamentablemente, se ha despreocupado en forma notable de cumplir con  lo estipulado en al artículo 24 de nuestra Constitución Política, pues como Jefe  del Estado, no ha tenido la voluntad para imponer su autoridad en lo que tiene relación con la conservación del orden público a nivel nacional.

Tan así, como para que ya se considere como algo normal el que malhechores de diferentes orígenes, incluyendo a diferentes bandas de narcotraficantes, cometan todo tipo de delitos usando armas más sofisticadas que las de la policía, confiados en que sus fechorías no serán reprimidas, gracias a la inacción de las policías que, por disposición del gobierno, tienen primero que “adivinar con rapidez” si el malhechor que lo ataca tiene la intención de matarlo, para poder contraatacar. Si no lo adivina, lo matan, y si el policía mata en defensa propia, lo juzgan y luego lo expulsan. Así están las cosas en nuestro país. El ambiente se va pareciendo cada vez más al vivido durante la Unidad Popular, pero con diferentes actores.

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