Monografías y Ensayos

MONOGRAFÍAS Y ENSAYOS

LA ESPADA DE RIQUELME

Germán Bravo Valdivieso

Teniente T2° (R.) Ingeniero Constructor Naval

(La investigación fue realizada por el CA Alex Tavra quien la relató al autor)

¿Por qué existen dos espadas del guardiamarina Ernesto Riquelme, y cómo una de ellas llegó a la cubierta del Huáscar?

Al visitar la sala “Prat” del Museo Marítimo Nacional, puede observarse que existen dos espadas pertenecientes al guardiamarina Ernesto Riquelme, una de ellas aparece como perteneciente a él y la otra como que se le ha atribuido esa condición.

Ernesto Riquelme contaba con 27 años en el Combate Naval de Iquique, había hecho sus estudios en el Instituto Nacional, graduándose de bachiller en 1870, abandonando su aprendizaje de derecho para ingresar a la Escuela Naval el 14 de abril de 1874, la cual funcionaba en la corbeta Esmeralda, egresando el 18 de noviembre de 1876.

Desde su entrada a la Escuela Naval hasta su egreso, fue compañero de curso de Vicente Zegers Recasens, diez años menor que él.

Una vez egresados ambos fueron transbordados al blindado Almirante Cochrane, el cual zarpaba de regreso al astillero Earle’s Shipbuilding & Engineering Co., en la localidad de Hull, Yorkshire, Gran Bretaña, para terminar su construcción, pues esta nave había tenido que zarpar inconclusa en 1874, debido a la crítica situación internacional que vivía Chile con motivo de las pretensiones territoriales argentinas y los problemas que creaba Bolivia en su avance hacia el océano Pacífico con el apoyo del Perú. La navegación y la estadía en el viejo mundo constituirían el viaje de instrucción de los nuevos guardiamarinas.

Durante el viaje compartían camarote cuatro guardiamarinas: Ernesto Riquelme, Vicente Zegers, Recaredo Amengual y Vicente Merino Jarpa.

Cuando se encontraban en Gran Bretaña, decidieron los cuatro mandar a confeccionar espadas que llevaran en la hoja la inscripción “Esmeralda”, que correspondía al buque donde todos ellos habían hecho su instrucción, el lema “Gloria Victoria”, que correspondía al de esa nave y el nombre de cada uno de ellos.

A su regreso a Chile, Riquelme se retiró de la Armada, conservando su nueva espada, y se radicó en Santiago, pero al estallar la guerra en 1879, solicitó de inmediato su reincorporación.

Aquí le perdemos la pista a la espada que Riquelme había recibido en su graduación, pero al parecer la regaló a sus padres, o bien la vendió, la cual fue recuperada por el museo naval y corresponde a la que se indica como perteneciente a él con seguridad.

Muchos años más tarde, Vicente Zegers, ya como capitán de navío, desempeñándose como agregado naval de nuestro país en Lima, entabló una gran amistad con el ministro plenipotenciario brasileño en la capital del Rimac, y como éste se retiraba del cuerpo diplomático le regaló los uniformes que utilizaban los diplomáticos en la época y le hizo entrega de una espada chilena, que le habían vendido, haciéndole presente que era la que llevaba en su mano el teniente Ignacio Serrano al saltar al abordaje del Huáscar, el 21 de mayo de 1879 en Iquique, de acuerdo a lo que le habían asegurado personas que consideraba confiables.

Al recibirla, Zegers se llevó una sorpresa mayúscula, pues leyó y reconoció la inscripción con que habían grabado las cuatro espadas en Inglaterra y el nombre de su compañero Ernesto Riquelme, lo que era extraño, pues él había muerto en la Esmeralda y no parecía posible que hubiera quedado su espada en algún lugar desde donde pudiera haberse rescatado.

Entonces recordó la historia.

Al tocarse zafarrancho de combate en la madrugada del 21 de mayo de 1879 en la Esmeralda, los tripulantes saltaron de sus literas, vistiéndose apresuradamente y los guardiamarinas Ernesto Riquelme y Vicente Zegers, que compartían camarote, tomó cada uno una espada, las que se encontraban juntas en una especie de paragüero y salieron a cubierta.

Riquelme llegó a cubrir su puesto, a cargo de los cuatro cañones de popa, donde al final del combate encontraría la muerte al hundirse el glorioso buque y efectuar el último disparo del magno holocausto de ese día y Zegers como jefe de la guardia de bandera y contacto entre el comandante y la máquina de la corbeta.

Cuando Arturo Prat, saltó al abordaje del Huáscar al primer espolonazo del monitor peruano y lo vio morir en su cubierta, el teniente Ignacio Serrano corría como un loco preparando a su gente para seguirlo cuando el buque peruano diera la segunda embestida y al ver al guardiamarina Vicente Zegers le dijo: “Señor Zegers, baje a mi camarote rápidamente y traiga mi espada que no alcancé a tomarla en la mañana, pero mientras tanto páseme la suya.”

De acuerdo a las ordenanzas navales, los oficiales debían luchar con tenida de parada y espada.

El guardiamarina Zegers bajó al camarote de Serrano y cuando se encontraba en él, sintió el inmenso golpe producido por el segundo espolonazo y salió a cubierta en el momento que alcanzó a ver a Serrano saltando sobre el Huáscar con la espada en mano.

Al tomar las espadas esa mañana, con el apuro, Riquelme y él las habían cogido cambiadas, por lo que la que llevaba durante el combate y que le entregó al teniente Serrano, mientras bajaba al camarote a buscar la suya, era la del guardiamarina Ernesto Riquelme, mientras que la que éste llevaba, pertenecía a Zegers, y fue la que se hundió con él.

Ignacio Serrano saltó al abordaje blandiendo la espada de Riquelme, la que alguien recogió en el Huáscar y años después fue vendida al ministro plenipotenciario brasileño.

Hace no muchos años, fue ofrecida en venta al Museo Naval de Valparaíso una espada que, se decía, habría correspondido al guardiamarina Ernesto Riquelme en el épico combate naval del 21 de mayo de 1879 en la rada de Iquique, pero en dicho museo ya existía otra, correspondiente a las que entregaba la Armada a sus nuevos oficiales al egresar al servicio.

De las averiguaciones realizadas se conoció la historia y la Comandancia en Jefe de la Armada ordenó adquirirla y es la segunda espada de Riquelme en la sala Prat del Museo Marítimo Nacional.

Fuente: Revista de Marina N° 4/2016. Publicado el 1 de agosto de 2016.

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MONOGRAFÍAS Y ENSAYOS

EL VIOLÍN OLVIDADO

Roberto Pereyra Gerber

Capitán de Navío AB

El glorioso combate Naval de Iquique tiene siempre interesantes sorpresas para quien decide investigar aspectos poco conocidos de alguno de sus protagonistas y sus circunstancias, emergiendo así lo que podríamos llamar pequeñas historias de la Historia.

Lo que partió como una simple inquietud personal, al iniciarme en el difícil arte musical de interpretación del violín, provocó la curiosidad de investigar el conocido hecho que el Guardiamarina Ernesto Riquelme Venegas, de dotación de la inmortal Corbeta Esmeralda de Arturo Prat, poseía conocimientos musicales especialmente como ejecutante de violín. La interrogante a resolver era si existían antecedentes sobre las obras musicales que habría interpretado estando a bordo de la Esmeralda. ¿Qué escucharon nuestros héroes los días previos al combate? ¿Se perdieron todos los registros en el tiempo? ¿Podría alguna vez conocer esas melodías con la secreta esperanza de poder interpretarla algún día en violín?.

Difícil tarea…, pero no imposible y de un incierto resultado.

Lo obvio era visitar el Museo Naval y Marítimo y leer nuevamente las biografías navales, muy documentadas en datos cronológicos y destinaciones, pero insuficientes en hechos de carácter familiar y personal. Así fueron revisadas numerosas publicaciones y habiendo agotado las fuentes oficiales decidí investigar en el Archivo Nacional de Santiago. No encontré nada diferente hasta que al revisar antiguos números de la revista En Viaje, reconocida publicación de Ferrocarriles del Estado, que en un número del año 1966 el prestigioso escritor Sady Zañartu Bustos escribe un artículo titulado “La última velada musical”. Esta es una resumida biografía novelada del Guardiamarina, donde desarrolla un homenaje al joven de una vida fascinante, lleno de ideales y dotado de una gran sensibilidad artística que con su arte animó a sus camaradas con los vibrantes sones de su violín.

Zañartu relata textual la reunión en la Cámara de Oficiales la noche del 20 de mayo de 1879 en la rada de Iquique.

“Esperó el consentimiento de Prat. Tocó mucho, más de lo que pudo, algo suyo, algo de su madre, y muchas cosas alegres, otras vivas, y una sacada de álbumes viejos, la Romanza más suave de su alma el “Ideal” de Tosti”.

¿Habremos encontrado entonces que el “Ideal” de Tosti fue una pieza musical que escucharon nuestros héroes?.

Esta única referencia tiene fundados antecedentes de certeza debido a las siguientes consideraciones. Primer hecho es la comprobada rigurosidad biográfica que avala lo afirmado por Zañartu. En ese género publicó obras como “La sombra del corregidor”, (1927). “Lastarria: el hombre solo”, (1938) y “Javiera Carrera Patria”, (1940). Entre sus libros encontramos uno de los más interesantes en su tipo titulado: “Santiago: Calles viejas”, (1934), verdadera historia de las calles de la ciudad. En diciembre de 1974, se le otorgó el Premio Nacional de Literatura. Testimonios de la época hablan de las razones y fundamentos para dirimir el premio. El Almirante Merino fue claro en precisar los motivos de la unanimidad del jurado. Por su dilatada y fecunda actividad literaria durante 54 años. Su perfil de chilenidad se manifiesta a través de sus obras que llegan a un total de 20 libros. Zañartu, falleció en 1983.

El segundo hecho, aún más desconocido e interesante y que reafirma lo relatado por Zañartu es una singular coincidencia que habría acercado las vidas del Guardiamarina Riquelme y Tosti en Inglaterra a partir del año 1876.

En efecto, Francesco Paolo Tosti (1846-1916) nació en Ortona en la Región de Abruzzo y llegó a ser muy famoso y reconocido en Italia, a tal punto que la Princesa Margarita de Saboya lo nombró maestro de canto de la familia.

Compuso temas tan populares como A Vucchella, Vorrei Morire, Marechiare y muchas otras que inmortalizaron famosos cantantes tales como Enrico Carusso y Luciano Pavarotti en nuestros días.

Habiendo triunfado en Italia se estableció en Londres en 1875 como profesor de música en las prestigiosas academias londinenses y a la vez desarrolló todo su talento musical llegando a ser incluso profesor de música de los hijos de la reina Victoria.

Según la biografía Oficial Naval, el 18 de noviembre de 1876, nombrado Guardiamarina, Riquelme se embarcó en el blindado Cochrane, que al mando del Capitán de Navío don Enrique Simpson Baeza, zarpó a Europa a terminar trabajos pendientes en los astilleros de Hull en Inglaterra. Era el primer viaje de instrucción del joven Guardiamarina. Permaneció algún tiempo en Londres, donde hizo un curso de torpedos, entre otros estudios navales que desarrolló. Los conocimientos del idioma inglés que poseía los perfeccionó hasta lograr hablarlo con soltura.  Asimismo dice, adquirió conocimientos musicales.

¿Habrá sido Riquelme alumno de Tosti en Londres?.

No es posible afirmarlo aún, pero siendo Tosti tan famoso en Londres en aquellos años, es casi seguro que al menos debe haber oído o conocido de sus obras. Tosti enseñó música y canto en el Covent Garden, la Royal Academy y el Royal Collage hecho que da sentido y coherencia a lo afirmado por Sady Zañartu a que Riquelme interpretó en violín el “Ideal” la noche del 20 de mayo de 1879.

Tosti fue un prolífero creador musical con más de 360 obras en italiano, napolitano, inglés y francés. Al respecto el genial Giuseppe Verdi manifestó su admiración como compositor, llamándolo el último de los grandes maestros del canto, colaborando además en varias de sus óperas. Coincidencia o no, una de sus canciones se titula Carmela, nombre de la esposa de Arturo Prat.

Establecida la relación entre Tosti y Riquelme, lo afirmado por Sady Zañartu hace aparecer apasionantes interrogantes que podrían complementar esta investigación histórica musical.

¿Qué obras interpretó el Guardiamarina Riquelme de su madre?

¿Habría otros instrumentos musicales en la Esmeralda?

¿Algún otro marino pudo haber cantado el Ideal junto a Riquelme al violín?

¿Interpretó Riquelme creaciones musicales propias?

¿Habría en la Esmeralda otros ejecutantes musicales?

¿Fue Riquelme alumno de Tosti en Inglaterra?

¿Qué otros antecedentes poseía Sady Zañartu?

Todo un desafió para quienes deseen participar en reconstruir, desde un ángulo diferente, la epopeya de Prat y sus hombres pudiendo conocer así facetas que duermen en el olvido y que como marinos debemos rescatar para conocimiento y ejemplo de las futuras generaciones. Puede ser una fuente de trabajo para el Museo Naval e historiadores que quieran seguir la estela de Riquelme en Inglaterra, cartas de la dotación de la Esmeralda o cualquier otro antecedente que permita complementar este trabajo.

Musicalmente el “Ideal” es una maravillosa canción de amor, escrita en italiano e inglés, que deleita con sus líricos y armoniosos compases, expresada con la fuerza y sutileza de las canciones de inspiración napolitana. El escucharla estremece las fibras más íntimas, sintiendo que esos mismos acordes recorrieron las cubiertas de la Esmeralda, traspasaron sus manparos y acompañaron a nuestros héroes en los largos días que transcurrieron mientras se mantenía el bloqueo de un puerto enemigo y lejos de sus familias.

Esta idea de reconstruir el pasado musical de Riquelme puede alentar también organizar a futuro una Gala Lírica en el Teatro Municipal, un Concierto, una Obra de Teatro, un programa de televisión para el Mes del Mar o el desafío personal de interpretar la obra de Tosti en piano o violín, cantarla o simplemente el placer musical de escuchar hermosas canciones en versiones de reconocidas voces como Luciano Pavarotti, Andrea Bocelli o el tenor canadiense Ben Heppner, todas fácil de adquirir hoy en día por Internet.

En el ámbito naval, las Vigilias que se realizan en Buques y Reparticiones de la Armada la noche del 20 de mayo, pueden ser amenizadas con la música que interpretó el Guardiamarina Riquelme. Se pueden realizar conciertos por las bandas de la Armada en la Escuela Naval y de Grumetes, acompañada por sus coros o quizás una Retreta en la toldilla del Buque Escuela Esmeralda, rememorando así “La última velada Musical” que se realizó la noche del 20 de mayo y que antecedió al épico combate del 21 de mayo la mañana siguiente.

Creo que sería una manera de reconocer y homenajear al Guardiamarina Riquelme que con la misma pasión que su brazo atacó las cuerdas de su violín, luchó hasta disparar el último cartucho de cañón, mientras la Esmeralda se hundía para luego rodar por cubierta y morir heroicamente defendiendo a Chile con la bandera al tope.

Ese era su “Ideal”

Viva Chile.

Fuente: Revista de Marina N° 3/2006. Publicado el 1 de junio de 2006.

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